Las Piedras del Poder

Capítulo 38 | Atomic y Giant

Un silencio agonizante se escuchaba en aquel cuarto de la Unión, la doctora estaba removiendo algunas curaciones en la cara de Arturo, cambió la de la oreja izquierda y después sacó de una caja blanca aquel auricular de color piel, lo colocó en la otra oreja esperando un milagro.

—¿Arturo, puedes oírme?

—Sí, apenas —dijo sin mucho ánimo.

—Déjame arreglarlo —dijo y giró una pequeña rueda que le dejó oír más cosas, giró a ver una de las ventanas donde un pájaro cantaba a al aire—. Cualquier cosa no dudes en volver, al parecer casi quedaste sordo de ese oído… Hablé con tu jefa, Gisela, he sido asignada a ti por cualquier cosa que pase a ti o a otro Guardián, el secreto está a salvo conmigo.

—¿Gisela está aquí?

—Se fue apenas ayer, dijo que tenía cosas que arreglar, pero que la llamaras tan pronto pudieras.

Arturo salió de aquella habitación. Desde el ataque de Death Angel, del cual ya sabía, había estado ahí tres días hasta que despertó la noche pasada, con la Piedra que le ayudó en la recuperación como para poder estar ahora saliendo del lugar. Él ya sabía lo que le esperaba, toda la ciudad sino el país sabía que él había sido herido en aquella explosión, que la Joyera sabía su nombre y que había tratado de matarlo. Lo supo todo con revisar su teléfono, con las noticas combinado que tenía acceso a los archivos de la Unión se había enterado de todo eso esa mañana.

Ahora percibía las cosas de otra manera, más que oír menos de lo acostumbrado no se sentía bien con todo lo que había pasado, ese sueño que para él duró casi una eternidad había sido grabado en su cabeza con fuego y saber qué consecuencias venían solo lo ponían aún peor, no había dormido bien desde que despertó con miedo de no poder volver a hacerlo.

Llegó a la recepción donde se encontró con Daniel que se le acercó a darle un abrazo, Arturo le correspondió de manera muy ligera.

—¿Todo bien, Arturo? Veo que tienes el auricular.

—Sí, solo que… El aire se siente distinto.

—Vamos, nos esperan afuera —ambos salieron de la Unión y ya estaba el chofer de la familia esperando, dentro de la camioneta Arturo se encontró con Elsa y en solo unos minutos llegó Bárbara que había arreglado todo, estaba confundida con respecto a qué clase de trabajo se había conseguido su sobrino y aún no entendía esa atención que tuvo.

Al principio creía que trabajar en la misma organización que los Guardianes estaría bien ya que en cierta manera estaría seguro, hasta que pasó lo de Vanisher que claramente sabía solo la versión que se contó a todo el mundo. Por eso ahora estaba de alguna manera conflictuada, por eso de que pasó de confiar en ellos a dudar.

Obvio también lo saludó con un abrazo al entrar, el auto comenzó su recorrido para regresar a la ciudad, en el camino Bárbara le contaba a Elsa sobre que Arturo estaba asegurado por la Unión, ella ya sabía de este trabajo, pero pensaba que era algo parecido a aquel trabajo en el museo de la Flor Eterna. Siendo ya muy amigas, Elsa no le diría sobre las Piedras y era por el simple hecho de mantenerla a salvo.

Llegaron a la casa en cuestión de un par de horas, al entrar el aire se seguía sintiendo distinto.

—Tal vez quieras subir a tu habitación, Arturo, el viaje fue algo agotador —le sugirió su tía.

—Eso planeaba… —comenzó a subir las escaleras, Daniel estaba por ir con él, pero Elsa lo detuvo poniendo su mano en el hombro.

—Dale su espacio… Necesita descansar.

Arturo llegó a la habitación en el tercer piso, se sentó en su cama y sacó su teléfono para marcar a Gisela, iba acercarlo a su oreja, pero prefirió poner el altavoz.

—¿Arturo? —sonó al momento de contestar.

—Sí, líder, aquí estoy, ya llegué a casa.

—¿Y cómo te sientes?

—Ni siquiera yo lo sé, líder.

—Sé que lo que pasó pudo afectarte por lo que he decidido que tomes un descanso indefinido, de entrenamientos y misiones.

—No sé si pueda, líder, vi los archivos y supe lo que pasó mientras estaba en coma, no quiero que se enfrenten a algo así de peligroso mientras estoy descansando —dijo preocupado por lo que le ordenaba.

—Lo sé, por eso es indefinido, lo dejarás cuando estés listo y créeme lo necesitas.

—¿Y qué pasa con Carolina?

—Ya está en casa también, no te preocupes por ella.

—Necesito hablar con ella personalmente, solo quería saber dónde estaba.

—Arturo, necesito que también le des su espacio, ella no puede verte, no así.

Arturo paró en seco y se recuperó— Entendido, Líder.

La llamada terminó y en menos de unas horas la noche estaba en el cielo, Arturo se fue a acostar temprano y aun así le tomó varias horas quedarse dormido, incluso con eso no podía dejar de preocuparse de la situación que tenían ahora. Y de lo que enfrentó en aquel sueño que no le encontraba el sentido.

◊

Era ya domingo por la noche y en otro lugar, un laboratorio a las afueras de la ciudad aún tenía actividad a esas horas de la noche, un cuarto no muy oculto, pero bien iluminado albergaba dos personas uno muy superior al otro que estaba supervisando.



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En el texto hay: lgbt, batalla, héroe

Editado: 07.10.2026

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