Las Piedras del Poder

Capítulo 40 | Bloody Mary

Después de lo que pasó con Spider Queen las cosas parecían más tranquilas en la ciudad, era una mañana fría, aunque el sol estaba subiendo y no había nubes, el viento era gélido y por la hora y temperatura era normal que la biblioteca de la ciudad estuviese vacía o con muy pocas almas dentro.

En la mañana la Sra. Claudia no tendía llegar y dejaba a Marco abrir la biblioteca que en estos meses se había logrado volver experto en su administración, pero ahora tenía que enseñar esto al nuevo empleado… Matsumoto.

Había sido recomendado por la Unión para que estuvieran juntos y cerca de María en caso de algún ataque, aparte, él decía que estaba aburrido de tener que vivir de ingresos del clan.

—Esto es tan educativo, nunca había trabajado en algo como esto —decía mientras bajaba las sillas de las mesas y las limpiaba con un trapo, por su parte, Marco estaba desempolvando el escritorio y encendía la computadora mientras le dirigía una ligera mirada de fastidio, no sabía por qué razón exactamente.

—¿Ya me dirás que pasó con la videollamada?

—Si me conocieras, o a mi padre, creo que es obvia la respuesta… —esperó darse a entender, pero ante la misma expresión en la cara de Marco decidió explicarse— Pues todo comenzó bastante bien, Gisela y yo éramos los únicos aparte de él y comenzamos a explicarle la situación… Entendió para dónde íbamos y cuando Gisela le dijo sobre poner la Flauta a disposición de la Unión él casi corta la llamada, de no ser porque yo le pedí hablar con él un poco más.

—¿Esa Flauta es tan especial?

—Sí y entiendo porque se puso así. Sin la Flauta, el valle y el clan podrían ser atacados por nuestros enemigos, aunque a la vez es el origen del conflicto con el que llevamos generaciones, traté diciendo que si de ser necesario podría venir él mismo.

—¿Cómo necesario?

—Me refiero en casos de la Joyera o algún otro Objeto del poder que nos traiga problemas. Aun así, no quiso, solo nos queda esperar.

—¿Esperar qué?

—Qué cambie de opinión o qué le herede la Flauta a mi hermano que es un poco más razonable, aunque ningún Matsumoto ha entregado la Flauta hasta que muere.

—Me parece extraño… Creí que los Objetos también se quedaban con sus portadores hasta la muerte.

—A lo que me refiero es que puedes renunciar a un Objeto cuando quieras, pero la tradición es que se porte hasta el fin de tus días, al menos en el clan Matsumoto es así.

—Nosotros ahora también podemos renunciar de cierta manera ¿No? Ya se pueden alejar de nosotros.

—Sí, pero nadie común las puede usar, tal vez otro portador o… la misma Joyera —con su comentario trajo el silencio a la conversación, ellos prefirieron mejor seguir en su trabajo, pero los minutos de silencio iban incrementando y con ello la incomodidad, hasta que al propio Matsumoto se le ocurrió una idea— ¿A qué hora salimos?

—Hoy a las cuatro de la tarde ¿Por qué?

—Solo digo… ahora que trabajaremos juntos ¿por qué no vamos a tomar algo?

—¿A dónde?

—Hay un bar cerca de aquí ¿Qué tal si vamos saliendo?

—…

◊

En unas horas el sol se pondría, pero aun así hacía bastante luz de sol este día, ya había logrado ser tan caluroso como siempre, aunque ni tanto, el invierno estaba a la vuelta de la esquina.

En el bar… que era un sitio tan cerrado que necesitaba iluminación constante, pero por fuera estaban los fumadores y algunas mesas donde servían incluso a estas horas de la tarde, Matsumoto llegó al lugar para encontrarse con su compañero, Marco en la entrada tapando su boca y nariz para menguar el olor y humo a cigarrillo.

—Marco, viniste.

—No siempre me invitan a tomar algo, no podía ser así de mal educado —trató de sonar bien, pero el ambiente le daba asco.

—¿Eres alérgico al cigarrillo? ¿O algo por el estilo?

—Solo me desagrada el olor.

—Bueno… Será mejor entrar, el aire se siente mejor dentro.

Ambos entraron al lugar que también tenía poca gente tal vez una decena de personas a lo mucho. El lugar era abajo, pero había un segundo piso con un gran cuadrado que dejaba ver a ambos pisos, arriba había más mesas y otros lugares al que el bar prohibía la entrada, en sus visitas Matsumoto había teorizado que allá estarían los almacenes o alguna oficina de administración.

Matsumoto era seguido por Marco y ambos llegaron a una mesa donde se sentaron, claramente el segundo ya estaba mejor respecto al olor del cigarro, pero dentro del lugar ahora estaba asediado por muchos espejos falsos de plástico y por otro olor, el del alcohol.

—Una pregunta, Matsumoto.

—¿Qué pasa?

—Eres el único que falta de sacar su Habilidad Especial, ¿No te acompleja en nada?

—Hay otras cosas para acomplejarse, yo no tengo problema con mi poder, tarde o temprano sacaré la habilidad y por mientras mis habilidades destructivas son útiles al equipo.



#1989 en Fantasía
#393 en Magia
#2290 en Otros
#424 en Acción

En el texto hay: lgbt, batalla, héroe

Editado: 07.10.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.