Las Piedras del Poder

Capítulo 42 | La Hermandad del Alhajero

PARTE SEIS ◊ LA HERMANDAD DEL ALHAJERO

Muchas cosas pasaron desde la última vez que la Joyera apareció, su última aparición fue a mediados de diciembre, ya había llegado febrero y ella no había vuelto. El invierno había empezado intranquilo, pero con el pasar del tiempo todos en la ciudad asimilaron que la Joyera no volvería en un buen rato.

Había un chiste malísimo sobre que ella había tomado vacaciones navideñas, una forma de sobrepasar la incertidumbre del hecho que nadie en realidad sabía dónde estaba.

La Unión había lanzado la aplicación de alarma de la Joyera a todo el mundo con la esperanza de seguir una pista, pero nada. Antes de terminar el año siguieron con las negociaciones para unir la Flauta Elemental a las fuerzas de la Unión, tampoco se obtuvo algo.

Los Guardianes pasaron las navidades igual de tensos, Arturo por su parte pasó su primera navidad sin sus padres, igual tuvo a la familia de Daniel y a su tía, aunque igual el ambiente y recuerdo le fue horrible de pensar, de solo hacerlo le recordaba que su propia madre era la Joyera y que su padre estaba desaparecido. Las preguntas inundaron su mente sofocándolo por varias semanas, aun así, con el tiempo logró dejarlo por un lado y no pensar demasiado en eso… aunque era muy difícil.

En enero, como fue de costumbre, regresaron las clases y ahora Arturo y sus compañeros entraban a su último semestre, con eso venían los exámenes a la universidad o elegir que querían para el resto de su futuro, estaban asediados por su destino y no había escapatoria.

Ahora en febrero se creía que no habría más ataques de la Joyera, por el contrario, su plan estaba por comenzar.

◊

Era muy temprano por la mañana, ni siquiera el sol había salido cuando en la preparatoria había actividad, todos los grupos estaban listos para el servicio social anual. Todos los años cada grupo le era asignado una actividad para beneficio de la ciudad, pero los sextos tenían un servicio distinto, ellos iban al pueblo de Meztli donde hacían servicio comunitario a los pobladores, y ahí tenían a los cuatro grupos afuera de la preparatoria esperando a los retrasados autobuses.

—Mira, ahí vienen —le dijo Elena a Arturo mientras apuntaba al final de la calle donde se veían aquellos camiones.

—¿En serio quieres ir a limpiar el rio? —dijo refiriéndose a la labor que les tocó como grupo, a lo que Elena parecía emocionada.

—Claro, nunca había ido allá y realmente quiero verlo, aparte, es mejor que el (grupo) A, tienen que ayudar en los cultivos, quisiera ver a Amelia hacer eso —dijo riendo un poco de solo imaginarlo.

—Yo también en realidad —dijo un poco divertido.

Los camiones llegaron y frente su parabrisas tenían escrito el grupo de los que viajarían, subieron a ellos y en pocos minutos arrancaron hacia el noreste, donde comenzaría su labor, mientras iban en el autobús el sol iba saliendo por la montaña muy cercana al lugar.

◊

Habían pasado unas horas desde que habían llegado y el grupo estaba avanzando por la orilla de todo el rio, el pueblo estaba conformado por pequeñas casas y otros lugares en las faldas de las montañas, no tenía una organización gubernamental en sí, aunque por su cercanía, el gobierno de la ciudad de Nuevo San Bernardo ayudaba al pueblo, un ejemplo era el servicio que los estudiantes ahora hacían.

—Estamos por terminar, jóvenes, la boca del rio está cerca y debido al pequeño espacio dividiremos el grupo, una mitad limpiará aquí y otros irán a ayudar a la gente del pueblo, para que no se queden sin hacer nada. Bien ¿Quién ira?

Era un dilema ¿Seguir limpiando el rio o probablemente algo peor? Arturo se discutía la situación y prefirió ver qué nuevo habría por hacer, en su opinión, era mejor que recoger la basura del rio, sus demás compañeros Guardianes se quedaron en el rio, los que decidieron no limpiar esperaron un momento en la orilla por lo que el joven se alejó un poco para revisar su teléfono.

Marcó el número de la Unión y esperó que conectaran— Agente Perla ¿En qué puedo ayudarle?

—Solo quería saber si todo estaba bien.

—No se preocupe agente, hay buena conexión allá y tan pronto se supiera algo sería avisado… Aunque extraoficialmente opino que no pasará nada. ¿Siempre se pone así?

—Sí… Me preocupa que haya solo cuatro Guardianes allá, no quisiera pensar que casualmente hoy hubiera un ataque —dijo recordando el día de la excursión a Monterrey cuando el Cristalizador atacó con Tormenta.

Una señora algo mayor se acercó a las orillas del rio con algo de pena, se acercó al profesor— Disculpe, soy la médica en la clínica del pueblo y necesito ayuda.

—Tengo la gente correcta, Joven Arturo, pareces desocupado ¿Por qué no vas con la señora?

—Sí profe… Tengo que colgar.

—Ten un buen- —terminó la llamada y se acercó a la señora, el profesor llamó a otros dos chicos, acompañaron a la señora dentro del pueblo y después a la clínica, de un solo piso y en vez de puertas tenía cortinas, entraron creyendo que los haría atender a alguien o algo, pero por el contrario el lugar estaba casi vacío, aunque Arturo igual seguía con la mano en el bolsillo solo por si el teléfono activaba una alarma.



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En el texto hay: lgbt, batalla, héroe

Editado: 07.10.2026

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