Al día siguiente, viernes, todo se sentía extraño. En parte consternados por la advertencia sobre la niebla y sobre los resultados de aquella batalla en contra de Insomnium. Habían logrado capturar a Tattoo y desde entonces no había habido intentos por rescate por parte de la Hermandad, lo que les daba cierta seguridad de esa “victoria”, aunque desde que se dio por vencida a escapar, ella admitió no recordar sobre la Joyera. Los reportes aclaraban que los interrogatorios fueron exhaustivos, pero negó saber sobre ubicaciones o planes, pero se sentía esplendida de decir que colaboró con ella.
«Creo que nos dijo que se encargaría de que no hubiera algún problema si nos atrapaban… No sé, no puse mucha atención» decía una grabación que llegó a los oídos de los Guardianes…
Por lo que mejor fue extraditada.
Desde que había llegado la Joyera, con tantas muertes y daño colateral, los Guardianes no sentían que estuvieran ganando totalmente. Los ataques del Cristalizador se habían quedado atrás tan rápido y con fuerza se sentía como perdían el ritmo poco a poco.
—Joyera, una disculpa ¿Pero cuando vamos a ir por Tattoo? —Lasso, algo nerviosa, había tenido el valor de preguntarle a la mujer pensativa en su trono. Le dio una mirada con aquellos ojos en amarillo brillante que todos en la sala sabían que significaba y daba miedo.
—No tenemos que ir por ella. Ella, Mirror Man e Insomnium fueron más que débiles ante los Guardianes. Merece lo que le pasó y así se quedará. ¿Está claro?
—Como el agua —dijo haciendo una reverencia como le gustaba a esa persona.
—No hay de qué preocuparnos ya, el siguiente empoderado va a acabar con ellos.
◊
Después de la sesión de entrenamiento decidieron ir juntos a tomar algo al centro, igual comenzaba otro ataque o esperarían otro mes y medio. A ese punto ya ni sabían. Mañana se cumpliría apenas una semana del regreso de la Joyera.
Los doce tomaron asiento en una cafetería juntando las mesas, el único que faltaba era Leonardo, que tuvo que arreglar cosas debido al ataque del miércoles. Todos pidieron algo con caras algo largas, el cansancio se les impregnaba en los huesos. Si no era la energía que requerían para las batallas, se iba en los entrenamientos con tal de tratar de subir su nivel para poder contra la Hermandad.
—¿Leonardo no ha dicho nada? —preguntó Elena a Arturo.
Revisó rápido su teléfono— No…
—Oh, bueno… espero que esté bien. Jamás lo había visto así.
—Tranquila, él es fuerte. Estoy seguro de que sobrepasará esto —le dijo Marco.
—Tiene que hacerlo, no hay tiempo para duelos ni lutos —le dijo Matsumoto.
—No seas tan insensible. No sabes por todo lo que podría estar pasando —dijo Carolina.
—Tiene razón, aparte de nosotros y su madre, Leonardo no tenía a muchos más, especialmente cómo es como jefe —dijo Verónica. Arturo recordó cómo fue aquella vez que estuvo en sus oficinas y tenía sentido.
—No quita lo que dije. Nuestra responsabilidad va más allá de eso, la Joyera no pregunta cada día como nos sentimos para hacer sus ataques.
—Claro… Cómo tu familia no está aquí en México es tan fácil decir que no tienes que nada que perder y ser un apático —le dijo Andrés con una sonrisa.
—¿Crees que mi familia no está en riesgo? Más allá de la Joyera, mi familia está en riesgo por portar la Flauta elemental.
—Nadie los mandó a quedársela.
—Esta más segura con ellos con que con la Unión.
—¿Qué estás tratando de decir? —le preguntó María escéptica y un poco enojada.
—Lo que es obvio. Algo está mal aquí ¿Quieren que lo enumere? Buen. Número uno, no sabemos cómo descubrieron nuestras identidades y desde entonces no se han tomado la molestia en decirnos como. Segundo, piensen en todas las veces que la Joyera nos insistió en que la Unión podría usar los Cristales para otras intenciones.
—No todo debe tener otras intenciones —replicó la chica.
—Pues que ingenua eres entonces. La situación actual es muy seria, gente no deja de morir y mañana nosotros podríamos ser los siguientes. La Unión nos oculta algo, tan solo piensen en su fundador, el señor Joseph Diamond. Todo lo que supo así sin más… Si alguien puede explicarlo lo escucho —algunos ni siquiera lo habían pensado, otros habían decidido pasar por alto cuando lo pensaron, Arturo por su parte no encontraba las palabras; pensaba en algo, pero no le daba la mente para formar alguna explicación que no implicara sospechas—. Eso creí.
—Debe existir alguna explicación —contraatacó Amelia.
—Claro que existe, el detalle está en como cambiarían las cosas por saberlo.
—Bien, Matsumoto, quedó claro que tienes tus razones para no confiar en la Unión, pero no quita que la Joyera es un peligro mayor al cual hay que aliarnos, el “riesgo” que mencionas es mucho menor que la Joyera. A parte se supone que cuando firmamos les dije que lo haríamos si todos estamos de acuerdo.
—Acepté porque yo sé cuál era el peligro de los Objetos, habíamos resuelto lo de las Piedras y el Cristalizador. Ahora que nos queda la responsabilidad de portadores y los Objetos es lo que debemos cuidar.