La ciudad no supo del ataque en Meztli, de eso solo lo conocía el padre de Marco y el de Arturo de ahí en más solo los trabajadores de la Unión. Ni la ciudad o Meztli sabían de esto y solo pasaron un par de días hasta que la noticia se terminó filtrando, no cundió tanto el pánico ya que era algo obvio de esperar de alguien como la Joyera, lo criticable fue que la Unión lo ocultó, pero no había necesidad de decir nada si no pasó a mayores, y un ataque no era predecible ni en tiempo, ni tipo, y ese era el problema.
No tenían ni la mínima idea de lo que se venía.
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Era el habitual entrenamiento de siempre, pero ahora retomado con más fuerza debido al regreso de la Joyera— Apunten. Fuego —Mercurio, Igneo, Lucero y Lira dispararon sus armas hacia muñecos creados por Mariah que junto a Queen los movieron hacia ellos.
—Mercurio, a la izquierda —le advirtió Lucero y este retrajo roca del suelo que ya había usado, creó una rueda de piedra que usó como escudo para la chica. Igneo intercambió lugares para proteger a los tiradores—. Lira, más amplitud.
—Va —giró una perilla del megáfono y las ondas salieron en un rango más amplio que retuvo los muñecos, lo que aprovecharon Lucero e Igneo para destruir los que tenían en frente. Queen para evitar esto los levantó por los aires.
—Multi-flecha —preparó tres flechas con su habilidad y las disparó contra esos allá arriba. Queen soltó varios muñecos y controló las flechas que habían atravesado las creaciones de Mariah. Y se las regresó a los tiradores.
—¡Detrás de mí! —atrajo el escudo de piedra mientras ellos se ponían junto a él para recibir las flechas, estas comenzaron a impactar, pero no fueron problema para él— Lucero, prepárate para el final.
Se comenzó a concentrar con destellos en su piedra— Campo de luces —creó un túnel delante de ellos donde comenzaron a correr mientras las luces no dejaban de ver a las dos atacantes.
—Mariah, vienen para acá —indicó Queen.
—Estoy en eso, Creación —preparó sus puños y se comenzó a crear una varilla que por la punta comenzó a crecer tomando la forma de un bate gigante y azulado, los demás aparecieron a pocos metros de ella y fue cuando ella hizo el giro para golpearlos. Lira levantó su megáfono hacia un lado mientras susurraba algo, la boca del arma tocó contra la del bate y se hizo el disparo.
Se creó una explosión entre los seis Guardianes llena del cristal del megáfono y las piezas solidas del bate dispersándose junto a todos los Guardianes por la cancha del gimnasio, quedando todos tirados en el suelo.
Había quejidos y nadie se quería levantar por el impacto de la explosión— La verdad… no puedo decir mucho, solo la última parte en la que explotan deberíamos evitar atacar con bates gigantes y hacer los disparos explosivos demasiado cerca —les dijo Leonardo desapareciendo su armadura aún sobre el suelo.
—¿Necesitan ayuda? —les preguntó Arturo, que con los demás iban ayudarlos a levantarse.
—No, déjennos aquí un rato. Por mientras, creo que hay que acabar por hoy.
—No aguantan nada, apenas llevamos una hora —dijo Mariah recostada boca abajo, Matsumoto tomó un fragmento grande de bate y lo dejó caer en la chica sacándole un quejido.
—Repítelo.
—Ya me quedó claro —el chico giró y tropezó con una masa azulada enredada en sus pies quedando tirado junto los demás, ella comenzó a reír con dificultad por el dolor. Y así había terminado el entrenamiento, pero el día estaba lejos de hacerlo.
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Después de salir de ahí varios Guardianes decidieron ir por algo, entre ellos estaban, Arturo, Elena, Daniel, Carolina, Amelia y Verónica. Estaban sentados en una mesa afuera de la cafetería.
—No quiero ir a otro entrenamiento nunca más —dijo Amelia con dolor en el cuerpo.
—Deja tu drama.
—Tú no estuviste en la explosión que provocó Carolina, Verónica.
—Es que no se me ocurrió otra forma de apartar el bate, creí que saldría disparado.
—Hacia mí, yo estaba justo al lado de María.
—Discúlpame, amiga —suplicó.
—Lo pensaré —se hizo la digna. Nadie la tomó en serio más que su amiga cercana. Elena tomaba su café mientras levantaba una pequeña planta en la mesa.
—Una disculpa ¿Tienen un momento? —captó detrás de ellos una mujer joven, en ropas holgadas, pero un tanto formales, su pelo estaba teñido en anaranjado y usaba su mano libre para colocar mejor sus lentes grandes y redondos, su otra mano sostenía una gran pila de hojas color celeste— ¿Quería saber si podía entregarles unos panfletos de la terrible situación que pasa la ciudad?
—¿Qué es lo que pasa? —preguntó Elena tomando la hoja que les ofrecía la chica, al leerla varios le restaron importancia más ella no se la quitó. La verdad, la última vez que habían recibido un panfleto en esa cafetería había sido el ataque de Gabriel hace no mucho.
—Están a unos días de talar lo árboles de aquí el centro de la ciudad, solo con la excusa de que molestan a los autos altos y llenan la basura de hojas, es una cosa absurda tomando en cuenta que estamos rodeados del smog de los coches que pasan a todas horas. Estoy organizando un evento frente a presidencia para evitar esto y mientras más vayan-