Las Piedras del Poder

Capítulo 53 | Looper – Primera parte

Abrió los ojos encontrándose con el techo de su casa. Su nombre era Eduardo, un chico de pelo negro azabache y encrespado por naturaleza. Asistía a la preparatoria oficial y ahora tenía que vestirse, se movió al lado izquierdo de su cama, y ya se sentía cansado por ser lunes. Se bajó de la cama y de inmediato resbaló con su patineta cayendo fuertemente contra el suelo.

—¿Eduardo? ¿Qué pasó? —preguntó su padre desde abajo.

—¡Nada! Solo otro día normal en mi vida —se levantó y se acercó a la patineta dándole una patada, lo único que consiguió fue herir sus pies descalzos y esta vez ahogó su grito—. Maldita patineta.

◊

Ahora cojeaba en la baqueta de la escuela mientras los otros estudiantes se dirigían con normalidad a este día tan común, entró a la escuela y yendo por el pasillo interno del Edificio A se encontró con Amelia, quien iba en ropas holgadas y sosteniéndose de su amiga Carolina.

“Estuvo en coma y ahora viene como si nada, es de exactas así que debe estar yéndole muy mal para venir. Lo que daría yo por no tener que hacer nada” pensó pasando de ellas.

—No sé qué haría sin ti, Caro.

—Ya te había dicho que podía llevarte los apuntes.

—Sí, pero no puedes presentar el examen por mí.

—Deberíamos pedir una prórroga.

—Ni una prórroga, no le voy a rogar a nadie por algo que puedo hacer, estoy débil, no tonta.

—Como digas.

“Otra de sus pláticas frívolas, seguro” dijo sin haber prestado la mínima atención. Siguió caminando, pero de la nada fue golpeado por otro chico que iba a una velocidad rapidísima que lo tiró al suelo— Lo siento —dijo mientras se alejaba del lugar con prisa.

—Maldito, tonto —se levantó con dificultad y con aún más dolor en su pie derecho.

—¿Estás bien, Eduardo? —preguntó un chico de su clase, quien no olvidaría el nombre del chico que humilló Lizbeth antes de desaparecer. No quería que lo tocara y alguien pensara que tenían algo.

—Sí.

—Ya sabes cómo es Ismael cuando tiene prisa, ¿Seguro que estás bien? Estás cojeando.

—Ya te dije que estoy bien —se fue con su renguera de ahí.

—Así es él, no se preocupen —les dijo Daniel a sus compañeros que se quedaron viendo la escena.

“Ese par de idiotas” llegó a su salón y se sentó en su pupitre en el casi fondo del aula, aún era algo temprano por lo que poco a poco vio a entrar a todos sus compañeros, incluso llegó Ismael, quien ahora tenía una cartulina en su mano riendo junto a su amigo. Siempre era lo mismo, lo olvidaba todo y lo hacía a la última. “Seguro no trae la tarea de Contabilidad y va a estar haciéndola mientras revisa, lo bueno para él que tiene el apellido Zúñiga” siempre era el último en la revisión a comparación de Eduardo que se apellidaba Cabrera, era de los primeros.

—Hola, Eduardo ¿Cómo estás? —“Otro de los raritos” era Andrés, iba al lado suyo y le parecía lo siguiente a molesto.

—Bien.

—Tan seco como siempre. Ay, hola, Abi —“y ahí va, era raro que estuviera solo por cinco minutos lejos de Mini-policía” El padre de ella sin querer lo agarró confundiéndolo con una bola de alcohólicos hacía unos meses, obviamente él solo iba pasando y le hizo pasar la pena de su vida en la estación de Policía.

Abigail le susurró algo al chico para que Eduardo no lo escuchara, eso lo enojó aún más, Andrés lo notó y solo le sonrió para que no pensara mal, no funcionó. Entonces llegó Arturo junto a novia Elena y Daniel su otra pareja. Aguantó su risa de su propio chiste. Recobró la compostura cuando Arturo lo saludó de lejos, él solo respondió moviendo su mano con suavidad y cambiando el lugar a donde miraba.

—Muy bien chicos, la clase inicia —llego la maestra de Contabilidad quien siempre ponía a prueba sus matemáticas poniendo un ejercicio de Cálculo para resolver. Todos sacaron sus libretas para resolverlo, Eduardo no tenía muchas ganar por lo que prefirió que alguien más lo resolviera. Esperaron cinco minutos como siempre y entonces preguntó—. Bien, ¿Quién tiene el resultado? —los de siempre levantaron la mano y él solo esperó a que respondieran— ¿Cuál es el resultado, Cabrera?

—No lo he resuelto, maestra.

—Ni siquiera has tomado tu pluma —“Qué fijadita” —. ¿Alguien más, Torres?

—“25x más 16”.

—Esplendido, alguien hizo su tarea —él solo sacudió su cabeza harto de la situación—. A ti, Cabrera, te quedarás a las asesorías hoy.

—¿Por no hacer el ejercicio?

—Exacto —le dijo firme y él con más razón no puso atención en lo que quedó de clase. Ismael hizo la tarea durante la revisión tal como predijo y a la siguiente clase en Ciencias Sociales entregó el proyecto que hicieron a escondidas, pasó el receso como si nada y siguieron con el resto de las clases.

Al terminar se convirtió en uno más de los que estuvieron en las asesorías. Y finalmente pudo regresar a casa para seguir con su vida. Ahí le fue peor, subiendo las escaleras tropezó golpeando su rodilla derecha aumentando su dolor que apenas había olvidado.



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En el texto hay: lgbt, batalla, héroe

Editado: 07.10.2026

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