Ahora era jueves, habían rescatado a María el martes y habían pasado un par de cosas. La líder Gisela mandó a descansar a María debido a todo lo que pasó y Matsumoto no tuvo mejor idea que invitarla un par de días a su tierra natal, en Japón. Regresarían hoy, pero hasta la madrugada, por lo que los mantenían al tanto de como lo habían disfrutado hasta ahora.
Se estaban quedando en la casa del clan Matsumoto, y Makoto estaba aprovechando esto para intentar una negociación con su padre respecto a la Flauta elemental. Seguía aferrado a que no daría nada, aunque le han ofrecido una protección especial por parte de la Unión. Pero desconfiaba mucho de ellos, solo confiaban en la gente de su clan y de la villa.
De ahí en más quedaban once Guardianes, Amelia logró invocar su traje el martes y es probable que si hay otro ataque ya pueda ayudar. Por parte de Leonardo estaba prácticamente recuperado, según mostró ayer en el entramiento y por parte de Marco… se las apañaba con su brazo, podía moverlo con normalidad, pero no quitaba que ahora su hombro necesitará más de uno o dos días de recuperación, tal vez más.
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Ese jueves por la mañana… Andrés había despertado como de costumbre. No es que le apeteciera mucho hacerlo, era bastante temprano y como era usual esperaría a que Abigail llegara a su casa para ir juntos a la escuela. Tan pronto terminó de arreglarse, empacó las últimas cosas en su mochila para perder el tiempo. Alguno que otro cuaderno de hojas blancas por si había algún tiempo libre, entre todos esos materiales encontró los que usaban en dibujo técnico en quinto semestre.
Había sido extraño, los de tercer año llevaban un taller, como faltó el día que se escogieron fue asignado a ese taller, donde encontró una extraña fascinación por la técnica. Antes sus gustos habían sido un poco inclinados al dibujo y arquitectura, gustos que traía por su madre, una arquitecta reconocida en la ciudad. Pero con su fallecimiento y el constante duelo de su padre decidió mantenerlo como algo muy aparte y enfocarse en otras cosas.
Cuando las cosas se complicaron con la Joyera cada vez le fue más difícil asistir. Y ahora estaba dudando sobre qué hacer con su vida. Aunque igual ya era algo tarde. Ya había presentado el examen de la escuela militarizada.
Por último, tomó la bufanda blanca que siempre usaba y sin más con lo que perder el tiempo decidió bajar. Igual prefería desayunar algo antes de irse.
“Por favor que se hayan ido ya” pedía Andrés mentalmente bajando las escaleras cuando se encontró con su padre en la mesa del comedor.
—Oh, buenos días, Andrés —dijo bastante más feliz de lo normal.
—Buenos días ¿Qué te tiene de tan buen humor?
—Fue un show de anoche —rio un poco de recordarlo—. La prima de Eliseo iba a presentar un espectáculo de magia, me llevó ayer —Andrés lo recordaría de no ser porque cayó rendido tan pronto llegó del entrenamiento.
—Ajá, lo recuerdo perfectamente.
—En fin, estaba del asco. Y no se veía ridícula del tipo gracioso, daba pena —y rio más de recordarlo—, fue hasta que hacía un acto con una varilla extensible y que le cae una bolsa de arena en la cara —hizo el sonido con sus palmas y riendo más—. Y para colmo la varilla esa se abrió y le pegó un golpe.
Le daría risa, pero hoy no tenía el humor— Ok… ¿Y luego?
—Después de eso solo se fue, sin dignidad claro, pero al menos dio risa. Pasando de tema ¿Vas a desayunar?
—Sí… —fue a la cocina pasando una barra que la dividía del comedor y comenzó a tomar las cosas para prepararse un cereal— ¿Y Eliseo? Ya se tardó.
—Lo sé, tal vez planea aparecerse aquí con magia —rio más, especialmente recordando el suceso de ayer—. Magia ¿Puedes creerlo? No deja de ser una tontería.
—Claro… ¿Cómo los Guardianes?
—No tanto, al menos ellos tienen sus armas y esas armaduras brillantes, pero nosotros con suerte teníamos chaleco —el portón sonó por fuera y ya sabían quién era, especialmente por las prisas que llevaba—. En fin, hoy tardaremos un poco. Lleva tus llaves —dijo encaminando la silla para no perder más tiempo.
—Claro, yo siempre —tan pronto la puerta cerró soltó un suspiro, de cierta manera estar con él era algo incomodo, incluso antes de lo de su madre llegaba a ser algo duro con él, hoy era especialmente feliz (con el sufrimiento de otros), pero sabía especialmente que no duraría por mucho. De hecho, ya había olvidado que lo llamara hijo o se despidieran.
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—Padre, he llegado —Matsumoto saludó a su padre con una reverencia, obviamente lo saludaba en el idioma del lugar.
El señor Matsumoto, hizo una seña con su mano pidiendo privacidad con su hijo, incluso la madre de Makoto dejó la sala cerrando la puerta, el señor estaba firme en la silla con la Flauta encajada en una parte de al lado, hecha como un compartimiento especial. El señor tenía casi su cabellera canosa a excepción de unos mechones, usaba unos lentes ocultando sus ojos negros detrás y sus facciones fácilmente se parecían a las de Makoto— No hemos hablado desde tu llegada.
—Dejé claro mis intenciones, mi amiga viene a unas vacaciones, yo venía a seguir con las negociaciones y usted también dejó claro su punto.
—Por eso mismo te llamé. Lo he reconsiderado. La Flauta en cierta forma ha traído honor y tragedia a nuestra villa y el clan. Si la Flauta tiene una protección internacional extra valdrá la pena hacer lo que ellos quieran.