Con mucha pesadez pudo abrir sus ojos y sus sentidos se reponían con lentitud, el lugar tenía una iluminación artificial débil, era imposible saber qué hora era, no podía sentir el suelo, estaba suspendido y sus brazos estaban atados por arriba de él dejándolo tendido, miró mejor y se encontró con una cadena aferrada a sus muñecas.
—¿Dónde estoy?
No recibió respuesta en el cuarto oscuro. Todo hasta que recordó, la Joyera encerrándolos en la cámara subterránea. Soltó el somnífero acompañado del sueño faltante de cuatro días y sin poder pelear por estar atrapados, no hizo más que dormirlos y dejarla ganar sin hacer mucho, sin duda un plan definitivo. “¿Dónde están los demás? Quiero verlos”.
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Despertaron en las camas de un refugio, agentes de la Unión rodeaban e iban por ahí y por allá y cuando se comenzaron a levantar Gisela se acercó. Pero al llegar a ellos no sabía que decir.
—Líder ¿Qué pasó? —preguntó Marco.
—… Perdimos. La Joyera tiene sus Piedras, se llevó a Arturo con ella y no tenemos ni una idea donde están.
—¿Y dónde estaban ustedes? —preguntó Elena enojada, se trató de levantar, pero tropezó, pero aun así no dejó de mirarla con odio.
—Estábamos ocupados en la evacuación de sus familiares, divisamos a la Joyera cuando apareció en la puerta para llevarse a Elastic Fist, pero por la profundidad las ondas de radio fallaron. Llegamos muy tarde.
—¿Cuánto tiempo ha pasado? —preguntó María.
—Llevan un día dormidos. Desde que los rescatamos.
—¿Un día?
—Exacto, por seguridad para evitar algún ataque dejamos a sus familias en la sede, están bien, pero ahora hay que concentrarse. La Joyera tiene sus Piedras y eso de renovar el mundo no tiene nada de bueno ni aquí ni en China. Pero por mientras, lo mejor será descansar.
—Creo que ya descansamos suficiente —Elena se levantó y se fue con una clara seriedad.
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—Veo que despertaste, Arturo —la Joyera salió de la oscuridad acercándose con aquellos ojos brillando en amarillo, usaba una gabardina blanca, su antifaz característico con el rombo azul. El Joyero colgaba en el lado izquierdo de su cadera y en su mano derecha flotaba una burbuja azulada con las doce Piedras flotando.
—Joyera…
—Oh por favor. Puedes decirme mamá si insistes —le dijo riendo.
—¿Y por qué tan elegante?
—¿No está claro? Hay que verse bien para ganar. Aunque ustedes solo fueron un pequeño peldaño en este gran plan.
—Otra vez con esa- ¿Por qué haces esto? ¿No fue suficiente con ganar? ¿Con hacer que yo mismo provocara que perdiéramos?
—Digamos que… frustraste tanto mis planes que dije: ¿Por qué no le pago con la misma moneda? Una forma muy sádica, pero sí… A parte tengo que limpiar las impurezas que le dejaron a las Piedras.
—¿Impurezas?
—Para poder regresar el poder usado en crear las Piedras tengo que quitarles el poder de la Flor Eterna que viene de la Llave de la vida, sino solo podría guardarlas y no recuperaría todo el poder que se les dio en su creación, y necesito ese poder para mi siguiente plan —Arturo observó como en la burbuja las Piedras flotaban desprendiendo una energía verdosa y oscura hacia las paredes de la burbuja—, aunque pronto podré tener la Llave para regresarle ese poder, falta mucho para ir por los demás Objetos por ahora debo enfocarme en las Gemas.
—¿Gemas? —Arturo no entendía a que se refería.
—Son también parte de la Orden del Alhajero, pero fueron creadas hace cientos de años por accidente y ahora están desperdigadas por el mundo. Por suerte, con las Piedras ese plan será mucho más fácil de cumplir.
—Pero… ¿Por qué me tienes aquí?
—¿No es obvio? Quiero hacer un hermoso viaje familiar, madre… hijo… ¡Ah! Y el padre —sacó su espada, la clavó en un hueco del suelo y tiró como una palanca. Activó un sistema que hizo aparecer a sus espaldas una cruceta similar a la que Arturo estaba tomado y ahí estaba su padre, claramente golpeado con fuerza y apenas consiente.
—Hijo…
—¡¿Cómo pudiste hacer esto?! —tiró de los grilletes con la fuerza que tenía, pero no hacía más que lastimarse— ¡Responde, Joyera!
—Qué rápido es hacerte perder los estribos, con los métodos correctos siempre lo es.
—Maldita, te haré pagar por esto. Yo y todos los Guardianes lo haremos.
—Es imposible, desde que gané los Guardianes no existen. Vivieron porque tuve clemencia, gente como ustedes serían útiles en mi reino, pero sin sus Piedras poderosas es imposible vencerme ya. Pronto seré el nuevo rey de este mundo. Yo obtendré las Gemas, las Medallas, después los Objetos y por último la Corona será mía. Ustedes ya no pueden hacer nada —le dio la espalda mientras se alejaba, pero pronto se detuvo a decirle algo—. Aunque no te quitaré el gusto de ver como inicia el siguiente plan.
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Elena estaba viendo en una pantalla las noticias, realmente no lo hacía, estaba muy pensativa cuando Daniel entró.