Entraron en el domo y tenían frente ellos la ciudad de Monterrey rodeada por ese campo y pronto el helicóptero traspasó la barrera varios metros lejos de ellos.
—¡Suban! —les dijo Perla abriendo la compuerta. Ellos se acercaron corriendo y saltaron a dentro. Entonces cerraron la compuerta y el piloto preguntó si estaban listos. Recibió su afirmativa y se alzaron.
Sobrevolaron la gran ciudad dirigiéndose al edificio de gran altura en el centro de la ciudad. Y pronto se acercaron a la torre de la Unión la cual estaba en alerta máxima. La torre circular tenía una zona que lo separaba de los demás edificios, un jardín por sus diversas zonas verdes. Era un gran circulo de al menos cincuenta metros de radio respecto la torre. Había un helipuerto en este jardín por donde aterrizó el helicóptero.
Este bajó con ellos con un elevador que los llevó varios metros bajo tierra donde se encontraron con todos los nuevos helicópteros de la Unión. Después de Mistify no querían pasar otra crisis de falta de vehículos.
—Por aquí, síganme —Gisela bajó del helicóptero y todos los demás lo hicieron a excepción de los pilotos. Siguieron por ese estacionamiento a un túnel donde encontraron el elevador circular de cristal en el que subieron los pisos necesarios para llegar a la sala de control.
Notaron como varios de los pisos estaban aún vacíos. Pero no se comparaba a como cuando llegaron aquel primer día. El elevador se detuvo, se encontraron con todos los analistas y monitores de la situación sorprendidos de que llegara la líder.
—¿Acaso vieron un fantasma? A trabajar —dio unas palmadas—. Quiero un reporte completo de la situación ahora. Perla, lleva a los Guardianes al piso donde están todos sus familiares.
—No. No es momento aún —dijo Elena.
—Ellos parecen estar seguros aquí, debemos ir a mi laboratorio, Perla —le dijo María—. Tenemos que recargar las armas y alistarnos para salir a detener esto.
—La barrera no deja de crecer y todavía no sabemos qué hace —le indicó Leonardo.
—Si así lo quieren, vayan —les dijo Gisela.
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—Qué mal, Anfitrión perdió, pero no todo es malo ¿A que sí? —le preguntó la Joyera a Arturo, pero él ni siquiera la miraba—. Si te sirve de consuelo, tus amigos ya están aquí.
—¿Eh? ¿Están aquí?
—Sí, y creo que es hora de mostrarles en que se metieron. Supongo te preguntaras que es lo que hará esta barrera con los portadores de Gemas, no solo encerrarlos. No sirve de nada, es algo mucho mejor —dio un chasquido y de la nada se comenzó a proyectar algo con la luz del domo creando una bestia parecida a un león, pero era alado con una cola espinosa y una melena hecha de rombos. Así como su cuerpo hecho de luz parecida a la del domo—. Estas criaturas aparecerán ante algún portador de Gema, pero… aparecerán ante quien yo quiera mientras sea en mi domo.
—No puedes hacer eso.
—Lo que sea con tal de vengarme de ellos. Debieron pensarlo antes de tratar de ponerme un alto. Bestias —dijo tensando el aire en todo el domo—, ataquen a la gente de la ciudad.
—¡No! —la Joyera se apartó para que la bestia saltara a Arturo y con la cola le hizo un corte por el pecho antes de salir volando a petición de esta. Ahogó su grito mientras su camisa rasgada comenzó a llenarse con sangre, sin la regeneración era doloroso.
—Nos vamos a divertir tanto… Quisiera saber qué piensas que haré con esta ciudad. Para hacerle algo mucho peor.
—No… No voy a dudar… En acabar contigo.
—Y yo no voy a dudar en matar a todos tus amigos frente a ti. ¿Por qué no ahora vamos a ver la caída de la sede? —se giraron a ver como las bestias azuladas iban hacia la torre.
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—¡Nos atacan! —la bestia se pegó contra el cristal del ventanal resquebrajándolo.
—¡Llaves! —ordenó Gisela corriendo hacia dos agentes que sacaron un par de llaves, las insertaron en el tablero del frente y giraron activando un mecanismo de un botón grande y rojo. Gisela lo presionó y de inmediato una placa metálica cerró el ventanal. Los Guardianes vieron por las pantallas de las cámaras como toda la torre comenzó a sellarse en sí misma.
—¿Qué fue eso?
—Es el modo de defensa. Estamos seguros y ahora… Esas cosas deben ser las que la Joyera preparaba para los portadores de Gemas y todos los que estamos encerrados… No hay tiempo que perder, hagan lo que tengan que hacer y estén listos para salir.
Fueron al laboratorio volando, recargaron armas y María reparó algunas con rapidez. Y cuando estuvieron listos avisaron a Gisela.
—Agentes. Encontramos a la Joyera. Está en el techo de un edificio a unas calles ahora mismo se transmite la información a sus cascos.
—Está muy cerca —dijo Abigail muy sorprendida.
—¿Qué haremos con las criaturas? —preguntó Leonardo.
—Tengo agentes operativos en las calles para acabar con estas, pero no les puedo dar cobertura a ustedes.
—Eso es lo de menos.
—Estamos listos ya, hay que irnos —con la voz de Elena bajaron al primer piso, donde a la orden en el vestíbulo, se abrió una de las ocho puertas bloqueadas por las que salieron directo hacia donde estaba la Joyera. Listos para dejarse todo por salvar a la ciudad.