Las Piedras del Poder

Capítulo 60 | Las Piedras del poder

Julie Orozco, era su nombre antes de olvidarlo todo. Su esposo había salido al pueblo de Meztli por comida mientras ella estaba en una pequeña cabaña oculta en lo alto de la montaña. Estaba sentada frente a una mesa pegada a una ventana que al mirar podía ver la ciudad y el pueblo.

En la mesa de madera estaba el origen de sus problemas, el Alhajero del poder. después de ir por él a la mina, esta estalló y ahora los buscaban culpándolos de eso. Y no conocía a nadie que pudiera corroborar que era mentira. Ella se enteró del Alhajero por un desconocido, aunque le mostró ser portador de Gema, joyería poderosa que jamás creería que vería.

Ellos habían ido por el Alhajero para llevarlo con la Guardia de la Flor. Pero tras lo que pasó perdieron contacto con ellos y con buena suerte llegaron a Nuevo San Bernardo. Pero no podían entrar a la ciudad sin ser vistos y ser reportados. Ahora por culpa del Alhajero tenía que estar lejos de su hijo— Ya se tardó —dijo viendo como la noche estaba llegando cuando escuchó la puerta tocarse, era extraño, él entraba siempre ya que mientras salía no ponían pestillo— ¿Quién es?

Tomó una varilla de la chimenea y se acercó a la puerta mientras nadie respondía, solo tocaba. Entonces se decidió y abrió la puerta para encontrarse con alguien que de inmediato le hizo enojar.

—¿Conseguiste el Joyero?

—Tú…

—¿Me vas a dejar pasar? —dijo con una sonrisa en su cara, era el mismo hombre que le dijo donde había estado el Alhajero del poder. Ella se lo pensó un poco y lo dejó entrar. Pasó a la mesa y se quedó a contemplar el Joyero—. Muy bien hecho, se nota que son muy dedicados.

—No trabajamos para ti ¿Sabes lo que pasó en la mina?

—Lo sé, por eso vine. Quería comprobar que lo habían logrado.

—¿Por qué no lo hiciste tú mismo? Sabiendo esa información podrías haber conseguido lo que quieras.

—No quería el Joyero para mí mismo, solo soy un portador de Gema que no lo necesita.

—Aún con Gema puedes poseerlo. Yo tuve que dejar mi Piedra por el alhajero.

—No te preocupes, Julie. Tu hijo ya debía ser portador, retrasas lo inevitable —entonces una tetera en la chimenea comenzó a chillar— ¿Estás preparando té? Me encantaría un poco.

Julie no dejó de verlo, tomó el Alhajero y se fue a apartar la cazuela del fuego. En una taza de barro le sirvió el agua hirviente. Y después preparó una bolsita de hierbas que puso y se lo dio.

—Tú ponle azúcar.

—Qué bien, caliente y a mi gusto, no podía ser más perfecto.

—Me parece curioso que… Sepas tanto de mí y mi familia.

—No le iba dar la información del Alhajero a cualquiera. La Joya no define al portador ¿sabes?

—¿Y ahora qué? El Alhajero aquí está y estamos siendo buscados.

—Ustedes están siendo buscados y si aceptas mi recomendación es preferible que reduzcas ese número. Ahora que tienes el Alhajero conseguir los demás Objetos del poder será relativamente fácil —entonces él le dio un sorbo a su té hirviente—. Cuando vives tanto tiempo son pocas las cosas comunes las que llegas a disfrutar.

—No te entiendo ¿A qué te refieres con reducir el número y obtener los demás Objetos? Hice esto para evitar que cayera en las manos equivocadas.

—Me refiero a que ahora serás quien haga lo que necesito, créeme, es por un bien mayor.

—¿Bien mayor? ¿Hacer lo que necesita? Me niego —respondió enfurecida, tomó el Alhajero e invocó el arma que era el estoque donde la caja blanca estaba entre el mango y la hoja puntiaguda, le apuntó con esta mientras él tomaba otro sorbo al té. Se levantó, tocó algo duro en su pecho y las líneas negras en su cara aparecieron, tres pasaron por su lado derecho desde el cabello hasta la barbilla mientras las otras tres llegaban por el lado izquierdo llegaban hasta el parpado de ese lado por la frente— ¿Quién eres?

—Llámame Diamante —se lanzó a ella y rápidamente estaba detrás, la tocó por la espalda baja, esta se quedó paralizada mientras el poder negro que emanaba de sus dedos, la Gema en su pecho la estaba controlando y borrando todo lo que ella era y fue.

El negro llegó a sus ojos cubriéndolos por completo y por un momento se quedó ahí parada sin hacer nada, hasta que ese negro desapareció y quedaron las escleróticas azules y un iris amarillo brillante.

—Bien hecho —le dijo y esta dijo de igual forma—. Tú serás mi respaldo por si el Cristalizador falla. Pero tú serás claramente el plan definitivo. Porque tú tendrás conciencia —de un chasquido el amarillo se volvió celeste, y en parte recuperó un poco de su esencia humana.

—¿Quién eres? ¿Quién soy?

—Mi nombre no importa, pero el tuyo sí, ahora tú eres la Joyera —sacó de dentro de sus ropas una máscara que le puso y ella asumió como su realidad sin importar, Julie Orozco había quedado atrás. La puerta principal rechinó y el señor Orozco entraba.

—No vas a creerlo, Julie, uno de los chicos me llevó a un estanque y pude pescar algo para la cena —el otro hombre se ocultó detrás de una pared, pero no dejó de mirar a la mujer— ¿Qué te pasa? ¿Qué haces con el Alhajero y esa mascara? —ella se giró al otro y este le dijo con los labios “Mátalo”.



#2136 en Fantasía
#435 en Magia
#2428 en Otros
#462 en Acción

En el texto hay: lgbt, batalla, héroe

Editado: 12.10.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.