Después de todo lo que pasó, pasaron casi dos semanas de sucesos. La Joyera fue tomada por la Unión. Un arresto preventivo, tomas de declaraciones legales y exámenes. Claro, tratándose de la misma Joyera y con presión de la Unión todo se movió muy rápido.
No se pudo culparla de nada, fue muy difícil explicar cómo funcionaba el control corporal. Y sin leyes o una constitución lista para el nuevo mundo que se venía. El mundo de los Cristales, Piedras, Medallas, Gemas y Objetos había llegado cuando la mente maestra hizo al Cristalizador hacer su ataque en Veracruz. Hubo demasiada suerte de por medio ya que el juez pudo entender la situación.
«La señora Julie Constance de Orozco no es culpable sobre los hechos que se le imputan ya que no era consiente de sí misma, el verdadero culpable sigue afuera» eso fue lo que dijo aquel hombre. Y sus palabras se le quedaron grabadas a Arturo.
Ahora podía regresar a casa. Mientras los Guardianes podían dar su labor por terminada, y por mientras, Julie y José, los padres de Arturo. Estaban en la casa de los Cruz. El departamento de la Señora Bárbara seguía en reconstrucción debido a una explosión de Vision Bomber el día que apareció la Hermandad del Alhajero, que por cierto había desaparecido por completo cuando la barrera se disipó. Pero se compensaba de que ahora los doce estaban en la lista de los más buscados.
—Así que aquí te quedabas —dijo José sin dejar de ver la casa, por sus heridas también era un recién llegado.
—No tenemos problema con que también se queden —les dijo el señor Cruz.
—No, no. Mas bien estaba viendo con la Unión sobre lo de su humilde casa (se refería a su propia casa) y ya me llevaría a mi hermana —dijo refiriéndose a la Señora Bárbara.
—Pero si ella hace una buena compañía aquí —dijo Elsa Cruz. Y todos rieron. A excepción de Julie, quien le costaba entender la situación, aunque lo intentaba—. Supongo vendrán con hambre —les dijo para que tomaran lugar en la mesa.
—¿Aún tenemos tiempo? —preguntó Arturo a Daniel.
—Para la comida, sí. No más…
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Después de la comida, Arturo tuvo que subir al cuarto antes de irse con Daniel con los demás Guardianes. Los adultos estaban en la sala cuando Julie decidió subir también.
—¿Dónde lo dejó? —revisaba los cajones de un buró cuando Julie entró.
—¿Arturo? —él no la pudo escuchar. Se acercó un poco cuando el encontró una caja de la cual sacó un aparato auditivo que lo cambió por el que tenía, puso el que dejó a cargar y al girarse casi choca con su madre.
—¿Mamá? No te escuche, bueno, para variar.

—¿Cómo te hiciste esto? —acercó a su mano a su lado izquierdo donde estaba una cicatriz donde antes estuvo su oído.
—Eh… Fue un accidente, durante un ataque. El de Vanisher para ser preciso.
—No lo recuerdo, para variar…
—No importa, ya pasó, gracias a los señores Cruz puedo seguir oyendo —él tenía una sonrisa, pero ella no podía dejar de verlo triste.
—No… Puedo… Creerlo… Yo- yo no debería estar libre.
—No digas eso.
—Es verdad. Lo vi durante el juicio, todas esas cosas que hice son imperdonables.
—No eras tú, era quien te estaba controlando.
—Pero no quita que yo robé el Alhajero.
—Pero no explotaste la mina, aunque aún tienes que enfrentar ese juicio la Unión va a apoyarnos.
—La Unión… No entiendo por qué me ayudan. Casi los maté a todos, no recuerdo ser ese monstruo, ni siquiera quien fui antes de serlo.
—Eras mi madre, y lo sigues siendo.
—No me siento así.
—Tranquila… Seguro con el tiempo puedas regresar a ti.
—Eso espero…
—Me tengo que ir, pero hablamos después.
—Sí… hijo —dijo con dificultad, Arturo le sonrió porque llevaba progreso, le dio un abrazo y se fue.
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Arturo y Daniel llegaron a la estación arrastrándose. Aún quedaba tiempo y rápidamente se encontraron con los chicos.
—Lo siento, el tráfico estaba horrible —dijo Daniel saludando y tratando de recuperar el aliento. Y pronto se encontraron con la escena que ya esperaban desde hacía días.
—No te puedes ir, aquí puedes estudiar. Conmigo —le decía Amelia a Carolina quien sujetaba sus maletas.
—Solo voy a hacer mi examen de admisión, no es para tanto. Ya habíamos discutido esto.
—Pero eres tú, vas a aprobar seguro.
—Gracias por tus deseos, Amelia.
—Nosotros también nos vamos, Amelia —dijo María junto a Matsumoto y Marco.
—Y no todos regresaremos… pronto —dijo Makoto mirando a Marco.
—No es lo mismo, a ella sí la necesito.
—No te mueres, suéltala —dijo Abigail tomando a Amelia y levantándola del suelo.