Las Raíces de un Mundo Desconocido

capitulo 9

—Ahh, me dejaste con la duda.

Suspiré profundamente porque quería saber.

—Oye, ¿tu pelo azul es natural?

Le pregunté a la chica. Ella me miró fijamente con su cara nerviosa.

—Sí.

—Ah, entonces eres familiar de la señora que está atendiendo. Tiene el mismo color de cabello que tú. ¿Es tu madre?

—Eh… no, no. Ella es mi abuelita. Yo soy una empleada, pero sí… soy fami…liar.

—Wow, con razón. Jamás había visto pelo azul natural.

—Por eso dije que nunca había visto… o alguien como tú.

—¿Por qué?

—Porque… no es normal que alguien piense… que es algo… normal —dijo con su cara nerviosa.

—Y tú eres demasiado nerviosa.

—Sí, es porque no soy buena socializando.

—Ahh, ya. Oye, ¿por qué todavía no comes?

—Ahh, ahh… es que…

Volvió la cabeza bruscamente de un lado a otro en un rápido destello, con los ojos muy abiertos y un sudor frío recorriéndole las mejillas. Se llevó una mano al mentón, dudando, mientras su mirada vacilaba, presa del pánico y la confusión.

—Debería.

—¿Por qué no te invité?

—Ah, ok.

Mientras comíamos, seguimos hablando.

—Wow, siempre son igual de ricos.

—Sí, shwablabaka wablwablwabk.

—Come despacio. Hay tiempo, no te preocupes.

Le dije con una sonrisa porque quería escucharla.

—Sí… siempre son así de ricos —dijo en voz baja.

Al principio pensé que iba a quedarse callada otra vez, pero apenas mencioné el pan, algo en ella cambió.

—La clave está en la receta… aunque en realidad no es solamente la receta. Es la preparación, el tiempo, la temperatura, la forma de mezclar los ingredientes y, sobre todo, el chocolate.

Lo dijo con tanta seguridad que me quedé mirándola.

—¿El chocolate?

—Sí. El chocolate es importante. Muy importante. Si usas demasiado, puede quedar pesado; si usas muy poco, pierde el sabor. Y si eliges uno demasiado amargo, tienes que equilibrarlo con el azúcar, pero no demasiado, porque entonces deja de saber a chocolate y empieza a saber solamente dulce. Ah, y también importa cuándo lo agregas, porque si lo mezclas antes de tiempo puede cambiar la textura de la masa y entonces ya no queda igual.

Hablaba bajito, casi en un murmullo, pero no se detenía.

—Primero se prepara la masa, se deja reposar para que tome aire, después se mezcla con el cacao y el chocolate, pero hay que hacerlo con cuidado para no romper la estructura que se formó durante el reposo. Luego se vuelve a dejar descansar, porque una masa necesita tiempo. Después se hornea a una temperatura estable, ni demasiado alta ni demasiado baja, porque si está muy caliente se dora por fuera antes de terminar de cocinarse por dentro y, si está demasiado baja, no desarrolla esa textura esponjosa que debería tener.

—Espera, yo…

—Y tampoco puedes olvidarte de la mantequilla. La mantequilla ayuda a que quede suave, pero si pones demasiada puede quedar pesada. Aunque eso depende del tipo de pan. Si es uno relleno, la cantidad cambia. Y si lleva chocolate derretido, también cambia, porque el chocolate ya tiene grasa. Por eso hay que ajustar las cantidades. Es como una especie de equilibrio.

Parpadeé varias veces.

¿En qué momento había empezado a hablar tanto?

—Además, nosotros dejamos reposar algunos panes durante toda la noche. No todos, claro. Depende de la receta. Pero cuando se hace correctamente, al día siguiente la masa tiene una textura completamente diferente. Es más ligera, más aromática y absorbe mejor el sabor del chocolate. Y cuando finalmente se hornea…

Hizo una pequeña pausa.

Sus ojos parecieron iluminarse.

—…el olor llena toda la cafetería.

Sonrió ligeramente.

—Ese es mi momento favorito.

Yo seguía con el pan en la mano, completamente quieta.

—¿Tú… te sabes todo eso de memoria?

—Sí.

Respondió inmediatamente.

—¿Todo?

—Sí.

—¿Y cuántas recetas conoces?

La chica bajó un poco la mirada, como si de repente se hubiera dado cuenta de que llevaba demasiado tiempo hablando.

—No sé…

Pensó unos segundos.

—Muchas.

—¿Muchas cuánto?

—No sé exactamente. Las cuento por tipos de masa, no por recetas.

—¿Cómo que por tipos de masa?

—Bueno, están las masas fermentadas, las masas dulces, las masas enriquecidas, las masas quebradas… aunque esas son diferentes porque no tienen el mismo proceso. Y luego están las variaciones con chocolate, cacao, frutas, frutos secos, cremas…

Su voz seguía siendo tranquila.

Serena.

Pero no había forma de detenerla.

—Y cada una tiene sus propias proporciones. Por ejemplo, si haces una masa de chocolate, no puedes simplemente tomar una receta normal y agregar cacao. Tienes que compensar la cantidad de harina porque el cacao absorbe líquido. Y si además agregas chocolate derretido, tienes que volver a ajustar la grasa y el líquido. Por eso muchas recetas salen mal aunque las personas sigan los pasos exactamente. No es que la receta esté mal, es que no entienden lo que están haciendo.

Me quedé mirándola con la boca ligeramente abierta.

—Wow…

Ella continuó como si no me hubiera escuchado.

—Y también está la temperatura. La temperatura es fundamental. La masa puede parecer perfecta y aun así arruinarse por unos cuantos grados. Aunque eso también depende del horno. Los hornos son traicioneros.

—¿Los hornos son… traicioneros?

—Sí.

Lo dijo con una seriedad absoluta.

—Mucho.

No pude evitar soltar una pequeña risa.

Ella se quedó callada.

—¿Qué?

—Nada… es que hablas del pan como si fuera una persona.

La chica parpadeó.

Luego bajó la mirada.

—Ah…

Se quedó unos segundos en silencio.

—Supongo que… me gusta demasiado.

—Eso ya lo noté.

—Perdón.

—¿Por qué?

—Porque estoy hablando demasiado.

Sonreí.

—No importa. Sigue.

Ella levantó lentamente la mirada.



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En el texto hay: magia, jacaranda, rubhy

Editado: 07.10.2026

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