Las Reglas que Rompí

Cap. 4. Política aérea

Cada avance que pudiéramos tener, debíamos informar al resto para estar todos en la misma corriente o sería más complicado avanzar. En esa casa, todos cumplíamos un roll «y claro que el nuestro es grande», algo por lo cual estábamos luchando. Morthy luchaba por su familia a la que le había prometido volver, Joshua y Anne buscaban a sus entrañables amigos que alguna vez los protegieron del Dictador, Dani y Mercy eran como pequeños faros de luz que animaba al resto, por último, Joe y Crien eran los protectores de las personas que formaban nuestro grupo, un grupo con distintas causas que llegaban al mismo objetivo.

Pero, mientras más nos acercamos, más irreal parecía. Hace unos meses jamás pensé que el primer detonante sería con las personas en ese tren… jamás pensé el desastre que se podía desatar y mucho menos con las personas que tomaría este camino. Porque sí, mi vida era aburrida, pero jamás pedí un cambio como este.

Cuando al fin logramos concretar un viaje para seguir nuestras pruebas, decidimos en que Anne y Joshua estarían presentes ya que decían reconocer a Jimmy si lo veían, al igual que Morthy. El resto se quedaría indagando por Amelia porque nadie parecía encontrarla. Ninguno de los hermanos reprocho la decisión y tampoco preguntaron el por qué, por el contrario, Dani debía guardar reposo por unos días.

Yo tomaba responsabilidad sobre mi familia, así que también iría y, para nuestra fortuna o mi desdicha, viajaríamos en avión. Su política era distinta. Los vuelos públicos que duraban más de 12 horas iban supervisados por dos o cuatro Activos dependiendo de la cantidad de pasajeros. Por otro lado, los vuelos privados, que eran solo para ciertos privilegiados, unos 150 en total de todo el mundo, no requerían cumplir con esa norma sin importar la cantidad de pasajeros, solo pasaban por una inspección previo al despegue y en el aterrizaje para verificar que no portaban armas, lo cual era una falta a la Regla 42. El dilema con los aviones y yo, era que no me gustaba volar porque estaba al aire, sin algo seguro que pudiera pisar, sin una columna que me pudiera sostener… «pero no hablas solo de los aviones».

La familia Sentury se había ganado ese privilegio, gracias a la antigua familia que les heredo la casa – mansión, el dilema de acabar con la dictadura iba tan en serio, que se aseguraron de crear un camino “fácil” para quienes continuarían con esa lucha, y lo lograron, sino ahora estaríamos en un viaje de días por auto, pero no. El esfuerzo conjunto de todas esas personas nos llevó hasta aquí «así no podemos arruinarlo… ¿o sí?». En el camino al avión nos aseguramos de usar bien ese recurso y no tuvimos que pasar por inspecciones, lo único que quedó de nosotros estaba grabado en las cámaras de seguridad que luego llegaría a manos de los concejales y sí ellos decidían que eras una aparente amenaza, irían con el Magistral de su área y al tren, directamente, eso era una desventaja de viajar por aire, pero ya no teníamos mucho que perder si era el mismísimo Dictador quien nos estaba buscando.

Subimos al avión, acomodamos las maletas y cada uno se posicionó en su asiento, no es que tuviéramos uno en específico y cuando Morthy se levando del asiento de adelante, el señor Joshua tomo su lugar «ahora sí que es el Señor Joshua». Le sonreí levemente y el piloto anuncio el inicio de vuelo. Cuando Morthy regresó, solo me observó de reojo y se colocó junto a Anne que estaba a una distancia prudente.

Las primeras horas fueron silenciosas, pero dejaron de serlo cuando Anne y Morthy empezaron a jugar cartas y el avión ya no estaba en completo silencio. Deduje que, solo en ese entonces, cuando ellos estaban concentrados en algo, solo ahí, el señor Joshua se dignaría a decir el motivo del cual había cambiado de asiento.

—Mis hijos te aprecian mucho —soltó de pronto. Su voz era ligeramente gruesa y en su mirada la severidad iba acompañada de comprensión—. Pero te llevas mejor con uno que con otro, lo he notado. —«mierda».

—Tienen diferente temperamento. —respondí. Una de mis manos se hizo puño detrás de la otra. No parecía ser buena combinación esta platica y la inseguridad de volar.

—Sí. Joe es demasiado coqueto y Crien muy protector —si tan solo supiera que el segundo también es coqueto—, pero los dos son buenos en diferentes aspectos.

—No lo dudo.

La conversación había terminado y agradecí internamente que así fuera, porque no me convenía el rumbo que estaba tomando. Lo cierto es que, si me ponía a comprarlos, no podría acabar hoy, porque no había casi nada qué comparar, él mismo lo había dicho, ambos, son distintos en diferentes aspectos. Tal vez solo deseaba preguntarme por cómo me llevaba con sus hijos para asegurar la armonía en todo esto, tal vez si aseguraba esa armonía, las cosas irían mejor con nuestro pequeño grupo.

—Niña —me llamo y supe que, en realidad, no había terminado la conversación—, quiero preguntarte algo. ¿Confías en ellos? —cuando pude verlo a los ojos, algo más tenía escondido tras esa seriedad—, ¿Confías en Crien? —ahí está.

—Si no lo haría, no estaría con ustedes en primer lugar —«confiamos en él…»—, señor Joshua confío en Crien, aun si él no lo hiciera, yo sí.

—Claro que confía en ti, incluso más que en mí o en Anne, confía tanto que te permite tratarlo como quieras.

—No entiendo.

—Al parecer eres la única —soltó un poco de aire y alcancé a detectar relajación, antes que sonriera abiertamente—. Todos lo entendemos menos tú. Él te aprecia mucho, Fhanell —una punzada de nerviosismo me recorrió el cuerpo y tuve que empuñar aún más la mano—, pero no lo hagas sentir cosas de la cuales no tienes la seguridad de mantener. Asegúrate que todo lo que tengas con él o lo que sea que tengan juntos, no sea un impulso que te lleve demasiado lejos.




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