Lazos De Sangre 1. El destino

Capítulo 01.

Adelaine.

Mi corazón abofeteaba mi pecho con ímpetu, como si pretendiera escaparse de mi cuerpo. Descansé los codos en mis muslos y llevé las manos a mi cabeza, el dolor no se detenía, sentía que en cualquier instante reventaría. Eche un vistazo a mí al rededor queriendo conmemorar en donde me encontraba e imagines que quería dejar de lado brotaron en mi mente.

─ ¡Mamá, papá!

Suspiré pesadamente cerrando los ojos con pujanza.

─ ¡No, Thea! ¡Despierten por favor!

El nudo en mi garganta volvía y mis ojos empezaron a cristalizarse. Todo sucedió tan rápido, parecía una simple pesadilla, pero era la realidad.

Ellos habían fallecido, mi familia había muerto y hoy se cumplía un año de aquello. Abrí mis ojos encontrándome con el añejo abogado administrador de la herencia de mis padres y de mis tíos: El señor Duval. Se ubicó en cuclillas para estar cerca de mi altura. Me dedico una mirada llena de abatimiento y lastima. 
Lo último que necesitaba era su sucia lastima.

─Entiendo lo dificultoso que es esto. ─Suspiró. ─Pero hagamos esto más fácil ¿Si? Le doy mi palabra, una vez que hagamos todo este asunto, no la fastidiaremos más, podrá irse en paz.

Podrá irse en paz.

Paz, era lo último que concebía. La dolencia en mi pecho no paralizaba, las pesadillas en mis noches no me dejaban descansar, mi rostro se veía tenue junto a la sorprendente decoloración de mi piel, mis ojos perdieron aquel brillo que alguna vez poseyeron. Nada estaba bien, no sentía paz.

Solo vació.

Me levanté apresuradamente de la metálica butaca en la que me hallaba. Inicié una corrida para abandonar aquel edificio en donde el hombre me había solicitado. No quería saber nada de dinero, tendría que vender las pequeños negocios que le correspondía a mi padre y a su hermano, sonaba egoísta, tal vez. Pero no estaba orientada ni competente para hacerme responsable de alguna cosa, y el dinero que me facilitarían me auxiliaría por un poco de tiempo. No tenía más familia, las hermanas de mi madre no estaban dispuestas a encargarse de mí, mi padre solo tuvo un hermano, mis abuelos fallecieron hace muchos años.

Estaba sola, no tenía a nadie.

Me detuve cuando las gotas de la lluvia comenzaron a mojar mi cabello. Solloce. La vida en definitiva no era justa ¿Cómo me pudo arrebatar a las únicas personas que tenía conmigo de una manera tan horrible? ¿Por qué no morí con ellos?

Nada tenía sentido, no para mí. Los doctores me llamaban un milagro, una sobreviviente de un trágico evento. Los policías me tuvieron como sospechosa durante varios días hasta que reconocieron que todo había sido un accidente, algo chocó contra en el auto forjando que mi padre perdiera el control del este.

El dolor en mi pecho emprendió nuevamente. Abrí la boca y comencé a respirar con conflicto. La vista se tornó desvanecida, hasta que la opacidad y mis piernas traicionándome se hicieron presentes.

Mis parpados pesaban, me costó tiempo reconocer el lugar en donde me encontraba. Me removí incomoda sobre la suave superficie en la que estaba tumbada. Arrugué el entrecejo confundida.

¿Cómo había llegado a mi habitación?

Me senté con prisa, produciendo un mareo y un ligero dolor en mi cabeza

¿Había sido un sueño? Algunas gotas de agua bajaron por mi frente humedeciendo mi rostro. Llevé una mano a mi cabello. Estaba completamente húmedo.

Si no fue un sueño ¿Cómo llegue hasta aquí y por qué mi ropa había sido sustituida por mi pijama? Joder, el médico habló algo sobre posibles efectos del accidente, como pequeños olvidos y malestares de cabeza, pero no pensé verdaderamente que tendría faltas de esta clase.

─ ¿Seguro que estas bien Ad?─Inquiere por décima vez la madre de mi amiga. Le afirmé con una chica sonrisa. ─Perfecto. Melissa, te hará compañía el tiempo que necesites, ternura.

─Adiós, mamá. ─Se despidió mi amiga de su madre.

─Adiós, Mar.

Melissa y yo entramos a casa al ver a su madre salir en su auto. Melissa se volteó hacia mí y se arrojó a mis brazos rodeandome con los suyos. Era reconfortante tener a alguien que te transmita un poco de paz y Lissa siempre fue mi mejor amiga durante todos mis cursos en el instituto. En definitiva, era quien mejor me conocía después de mis padres y Thea.

Que en paz descansen.

Suspire cuando sus brazos me soltaron y sus manos acunaron mi rostro. Observe las facciones de su rostro, Lissa tiene unos escasos centímetros más que yo por lo cual tuvo que alzar mi cabeza para observarme mejor, no nos habíamos visto desde el velatorio de mi familia, ella tuvo que emerger un viaje con sus padres y volver a tenerla cerca me hacía sentir mucho mejor. Me sonrió con desconsuelo.

─Estoy aquí para ti, Ad. No estás sola. ─Murmuré un pequeño gracias sin poder decirle más, mi garganta iniciaba a picar y sabía que mi voz se quebrantaría si hablo un poco más.

Mis ganas de seguir llorando huyeron, sin embargo, el dolor seguía en mi pecho. Tengo que seguir delante de alguna manera.

─Lissa, eres lo único cercano a una familia que tengo. Pero no te puedo retener a mi lado. No tienes que estar siempre aquí. ─Le sonreí.

Bufo y volteó los ojos. Algo característico en ella. ─No vas a echar, Adelaine. No te vas a quedar en tu bomba de tristeza, eres terrón de azúcar, la chica más dulce y alegre que he conocido. ─Reí un poco al oír el mote que ella y Thea habían inventado para mí; Terrón de azúcar.

─Si tu estas feliz, yo estoy feliz. Pero si estas triste, automáticamente ¡Yo estoy triste! Así que agita tu pálido trasero a la habitación, porque gozaremos de una noche de muchas calorías.

Solté una risita. Estaba más que segura que la estadía de Lissa en casa me haría sentir un poco feliz, aunque el vacío en mi pecho no dejaba de molestar, la morena es una gran compañía. Durante la noche, Melissa se dispuso hacerme sonreír para elevar mis ánimos, su plan funciono en absoluto, pero aquello la dejó en un hondo sueño.




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