Lazos De Sangre Y Tiempo

CAPITULO 28

ECOS EN EL VIENTO

El sol comenzó su lento descenso hacia el horizonte, tiñendo el cielo de tonos dorados y violetas. La tensión en la playa privada se había vuelto tan espesa que el aire parecía pesado. Damián, frustrado por la fría resistencia de Alexia y la muralla infranqueable que ella había levantado contra sus toques, decidió que era hora de emprender el regreso. Recogieron sus pertenencias en un silencio sepulcral y caminaron de vuelta hacia el muelle de madera, donde el Aethelgard se mecía suavemente sobre el agua.

Justo cuando Damián terminaba de asegurar los cabos y Alexia subía a bordo, acomodándose nuevamente en el asiento de piel de la popa con sus gafas de sol doradas, un sonido agudo y estridente rompió la calma de la tarde.

Era el teléfono de Damián, un dispositivo de alta que solo sonaba para un círculo sumamente exclusivo. El magnate sacó el aparato de su bolsillo. Al mirar la pantalla, todo su cuerpo se tensó. En la pantalla parpadeaba un nombre que hasta hacía unas horas, consideraba el secreto mejor guardado de su vida y su mayor refugio, Angels Rose.

Damián miró de reojo a Alexia. Ella no se había movido pero una sonrisa imperceptible y ladina se dibujó en las comisuras de sus labios. Sabía perfectamente quién llamaba.

Tragando saliva, Damián deslizó el dedo por la pantalla y se llevó el teléfono al oído, dando unos pasos hacia la proa para intentar alejarse de la joven.

  • ¿Angels? - dijo Damián, forzando su habitual tono bajo y controlado.

La voz de Angels, filtrada por la estática sonó tan dulce, sofisticada y cercana como siempre desde el otro lado del mundo

  • Hola, mi amor. Solo llamaba para escuchar tu voz. Las cosas en Londres se van a extender un par de semanas más, pero no dejaba de pensar en ti. Te extraño, Damián.

En cualquier otro momento, esa llamada habría sido un bálsamo para el magnate, escuchar a la mujer con la que mantenía ese idilio secreto y apasionado solía llenarlo de una satisfacción egoísta y placentera pero esta vez fue diferente por alguna extraña razón que Damián no alcanzaba a comprender, escuchar la voz de Angels no lo hizo feliz. Al contrario, sintió un peso helado en el estómago y una punzada de fastidio e incomodidad que lo tomó por sorpresa.

Mientras Angels seguía hablando de sus negocios en el extranjero, los ojos grises de Damián se desviaron de manera casi magnética, hacia la popa. Miró a Alexia. Miró la frialdad de su postura, la elegancia despectiva con la que ignoraba su presencia y la madurez perturbadora que ahora emanaba de ella. El contraste lo sacudió por completo. La perfecta y predecible devoción de Angels, de repente, se sentía insípida frente al enigma viviente que tenía a bordo.

  • Sí... yo también - respondió Damián de forma automática, con la voz extrañamente hueca y distante - Debo colgar, Angels. Estoy en medio de algo importante, hablamos luego.

Cortó la comunicación antes de que ella pudiera replicar. Se giró despacio hacia la popa, con el corazón golpeándole el pecho con una fuerza salvaje.

Alexia no hizo ningún comentario sobre la llamada. Ni una palabra, ni una mirada burlona, ni un reproche. Simplemente se acomodó las gafas de sol y continuó contemplando el atardecer, sumida en una calma sepulcral. Fue precisamente ese silencio indiferente lo que golpeó a Damián con más fuerza que cualquier amenaza. En ese instante, el magnate sintió una opresión en el pecho, una certeza helada de que a pesar de tenerla a escasos metros en su propio velero aislada del mundo, Alexia se estaba alejando de él a una velocidad astronómica, desvaneciéndose hacia un lugar donde su dinero, su poder y su seducción ya no podían alcanzarla.




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