Lazos De Sangre Y Tiempo

CAPITULO 29

LA LLEGADA DE LA NOCHE

La oscuridad se tragó el horizonte con una rapidez implacable, transformando el océano en un abismo negro y aceitoso que parecía no tener fin. Era la primera noche del fin de semana, el inicio de lo que Damián había planeado originalmente como un encierro de seducción y dominio absoluto sobre las olas. Sin embargo, el ambiente a bordo del Aethelgard se sentía más bien como el preludio de una tormenta psicológica.

En lugar de enfilar el velero hacia las luces parpadeantes del puerto de la ciudad, Damián redujo la velocidad de manera abrupta. El rugido amortiguado de los motores cesó por completo, dejando a la embarcación a la deriva, meciéndose con suavidad en medio de la inmensidad del mar abierto. El repentino silencio de la noche se volvió ensordecedor.

Alexia, que permanecía recostada en la popa, no se alteró por la maniobra, se sentó con una elegancia y se quitó las gafas de sol doradas, revelando unos ojos oscuros que brillaban con la luz de las primeras estrellas, completamente imperturbables ante la negrura que los rodeaba.

  • ¿Tu plan para este fin de semana incluye dormir bajo el manto estrellado, Miller? - preguntó ella, con una voz plana, carente de cualquier rastro de miedo o agitación.

Damián no respondió de inmediato, se alejó del timón con pasos lentos y pesados pero esta vez no buscó interrogarla ni exigirle explicaciones sobre los secretos que ella custodiaba. Cortando la distancia entre ambos, se sentó con una familiaridad posesiva en la misma poltrona de piel que ella ocupaba.

Antes de que Alexia pudiera reaccionar o apartarse, Damián la tomó firmemente por los hombros. Con una mezcla de fuerza contenida y una desesperada necesidad de cercanía, la recostó encima de él, envolviéndola con sus brazos para asegurarse de retenerla contra su pecho desnudo. El calor de sus cuerpos chocó contra el frío de la brisa marina, atrapándola en un abrazo forzado del que era imposible escapar sin forcejear.

El pulso del magnate latía con fuerza contra la espalda de la joven, delatando el caos interno que intentaba camuflar con su habitual arrogancia, Damián se inclinó hacia su oído, respirando el aroma de su cabello húmedo antes de romper el silencio.

  • No lo había pensado, nena... pero me parece un plan excelente - susurró Damián, con una voz ronca y cargada de una oscura satisfacción -Nos queda todo el fin de semana por delante. Acepto la propuesta.

Alexia se quedó completamente inmóvil en su agarre aunque físicamente estaba atrapada contra el torso de Damián, sintiendo cada una de sus respiraciones y la firmeza de sus manos en su abdomen su mente permaneció en una dimensión inalcanzable para él. No luchó, no gritó, ni mostró la sumisión que él tanto ansiaba recuperar simplemente se dejó llevar por el balanceo del barco.

Damián apretó el agarre, pero la victoria se sintió extrañamente vacía. A pesar de tenerla físicamente sometida bajo el manto estrellado, la insoportable certeza de que ella se alejaba más y más en cada segundo de silencio comenzó a calar hondo en sus huesos, transformando la noche en una hermosa y sofocante prisión.




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