Lazos De Sangre Y Tiempo

CAPITULO 31

EL LÍMITE DE LA RESISTENCIA

La madrugada avanzó sin tregua pero la farsa de la quietud se rompió por completo. Damián no era un hombre acostumbrado a perder y el silencio de Alexia no hacía más que alimentar una peligrosa obsesión. Se negó a aceptar la distancia que ella imponía, se negó a creer que la devoción ciega que había visto en sus ojos durante años se hubiera evaporado de la noche a la mañana.

  • No te creo, Alexia - susurró Damián y su voz profunda vibró directamente contra la espalda de la joven - Todo esto es una máscara. Un juego de poder que estás intentando jugar conmigo pero dejame decirte que te queda grande.

Haciendo gala de sus conocimientos expertos en seducción, de esa técnica impecable con la que sabía descifrar y someter el cuerpo de una mujer, Damián comenzó a moverse. Sus manos abandonaron la firmeza del agarre para volverse etéreas, letales. Deslizó las yemas de sus dedos por la línea del cuello de Alexia, ascendiendo hacia la mandíbula y delineando el lóbulo de su oreja con una lentitud tortuosa. Sabía perfectamente dónde presionar, cómo respirar sobre su piel y qué ritmo usar para quebrar cualquier defensa racional.

  • Mi Alexia sigue ahí dentro - insistió él, arrastrando las palabras con una seguridad posesiva mientras su mano descendía lentamente por el escote halter, rozando la piel sensible de su clavícula - Sé exactamente cómo hacerte temblar. Lo recuerdo todo y tu cuerpo también. Mírame y dime que no me deseas.

El bombardeo sensorial fue devastador. Dentro de Alexia, la joven de esa línea temporal comenzó a ceder ante el peso de la seducción experta del magnate. Su respiración se volvió errática y un calor traicionero amenazó con adueñarse de su voluntad. Su propio cuerpo estaba a punto de traicionarla, respondiendo a los estímulos del hombre que tanto adoraba.

Sabiendo que estaba al límite, que un segundo más bajo ese toque experto desmantelaría la fría armadura del futuro, la conciencia de Alexia tomó una decisión drástica.

Antes de que la sumisión la consumiera, reunió las fuerzas que le quedaban y se levantó de la poltrona de golpe, zafándose del agarre de Damián con un movimiento brusco que desestabilizó al propio magnate. Caminó a zancadas rápidas hacia el pasamanos de la popa, aferrándose al metal frío para anclarse a la realidad y apartarse de la embriagadora cercanía de su perfume.

Damián se quedó sentado en la poltrona, con las manos vacías en el aire y la respiración ligeramente alterada, mirándola fijamente bajo la luz de la luna.

Alexia respiró el aire gélido de la noche, estabilizando su pulso a la fuerza. Cuando se giró para mirarlo, sus ojos oscuros ya no reflejaban agitación, sino una determinación implacable y cortante.

  • Admiro tus trucos de alcoba, no voy a negar que probablemente en el pasado hubieran sido muy efectivo pero ya no funcionan conmigo, Miller - sentenció ella, con una voz que recuperó su nitidez de inmediato - Te lo advertí, estás perdiendo el tiempo y el control. Disfruta de la poltrona tú solo.

Damián no se quedó en la poltrona. El rechazo físico, sumado a la humillación de ver sus tácticas de seducción esquivadas, terminó por dinamitar la poca compostura ejecutiva que le quedaba. Se puso de pie con la agilidad y el peligro de un depredador que ha sido acorralado en su propio territorio. Sus pasos sobre la cubierta del Aethelgard fueron completamente silenciosos, camuflados por el arrullo del mar de la madrugada.

Alexia permanecía de espaldas, aferrada al pasamanos de metal de la popa, obligando a sus pulmones a llenarse de aire gélido para enfriar la traicionera agitación que él había provocado. Sintiéndose finalmente lista para sostenerle la mirada con desprecio, se dispuso a voltear.

Sin embargo, no llegó a completar el movimiento. Al girarse, chocó de lleno contra la firmeza inquebrantable del pecho desnudo de Damián.

Él ya estaba allí, invadiendo cada milímetro de su entorno. Antes de que ella pudiera retroceder, el magnate apoyó ambas manos sobre el pasamanos de metal, una a cada lado de las caderas de la joven, atrapándola por completo en un cerco humano. Alexia quedó aprisionada entre el frío acero de la popa y el calor sofocante de su cuerpo. El impacto y la absoluta sorpresa de la emboscada hicieron que un jadeo involuntario escapara de su boca.

Damián no perdió el tiempo. No hubo advertencias, ni discursos de dominación, ni preguntas. Sus ojos grises brillaron con una intensidad salvaje justo antes de inclinarse y atrapar sus labios con una urgencia que rayaba en la desesperación.

Aprovechando que la boca de Alexia se encontraba ligeramente abierta por el jadeo de la sorpresa, Damián tomó el gesto como una invitación absoluta para explorarla. El beso fue profundo, hambriento y cargado de una posesividad oscura. Sus lenguas se encontraron en una batalla silenciosa donde él intentaba reclamar el territorio que ella pretendía arrebatarle, forzando la memoria del placer y arrastrándola de vuelta al abismo de la sumisión que tanto conocía.

Por un segundo eterno, el universo pareció detenerse en medio del mar aberto. Las manos de Damián abandonaron el metal para enredarse con fuerza en el cabello de ella, obligándola a mantener el contacto, mientras su cuerpo presionaba el de la joven contra el pasamanos, recordándole con cada milímetro de su piel que al menos en esa línea temporal, él seguía siendo el dueño de sus debilidades.




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