EL SEGUNDO DÍA DEL JUEGO
Las siluetas de los rascacielos de la ciudad comenzaron a dibujarse en la línea del horizonte pero Damián no tenía intenciones de claudicar tan rápido. Era el segundo día del fin de semana. El sol de la mañana ya calentaba con fuerza la cubierta del Aethelgard y con su nueva mentalidad competitiva y posesiva firmemente asentada, el magnate decidió alterar la ruta. En lugar de enfilar hacia el muelle principal, desvió el velero hacia una exclusiva marina privada en una zona residencial restringida, un nuevo destino que prolongaría el aislamiento de ambos antes de tocar tierra firme.
Fijando el rumbo en el ordenador de a bordo, Damián abandonó el timón y caminó hacia la popa con una seguridad renovada. El cansancio del desvelo había desaparecido, reemplazado por la adrenalina del cazador. Se detuvo a un par de metros de Alexia, apoyándose con arrogancia en la estructura del barco.
Alexia no se giró de inmediato. Permaneció contemplando el agua, con las gafas de sol doradas ocultando su mirada, aunque la rigidez de sus hombros delataba que estaba perfectamente alerta.
Damián soltó una risa baja, un sonido cargado de suficiencia que no mostraba rastro del hombre perturbado de la madrugada. Se acercó un paso más, reduciendo la distancia, desafiando el perímetro de seguridad que ella intentaba mantener.
Alexia giró la cabeza despacio, mirándolo de frente por encima del borde de sus gafas. La fría madurez de su mirada chocó contra la renovada arrogancia competitiva del magnate. Le dedicó una sonrisa cargada de una lástima punzante, la misma que solía desestabilizarlo.
Damián expandió su sonrisa, aunque sus ojos se entrecerraron con una fijeza peligrosa. La resistencia de ella solo alimentaba el fuego de su obsesión. El velero comenzó a reducir la velocidad automáticamente al aproximarse a los canales de la marina privada, preparando el escenario para el siguiente movimiento de un fin de semana que prometía ser implacable.