Lazos De Sangre Y Tiempo

CAPITULO 38

BAJO LAS REGLAS DEL CAZADOR

Damián no se quedó estático. El golpe psicológico de Alexia había dado de lleno en el centro de su orgullo pero en lugar de aplastarlo, desató en él una terquedad violenta. Verla alejarse con esa elegancia despectiva, dejándolo con las palabras en la boca y el peso de su propia hipocresía, fue el detonante definitivo. El magnate avanzó a zancadas largas por el pasillo de la marina, impulsado por una rabia ciega y una obsesión que ya no intentaba camuflar bajo ninguna máscara ejecutiva.

La alcanzó justo cuando ella cruzaba el umbral del estacionamiento privado, un espacio techado de concreto donde el imponente deportivo negro de Damián aguardaba bajo las luces halógenas.

  • ¡Alexia! - rugió Damián, tomándola firmemente de la muñeca antes de que pudiera avanzar hacia la salida peatonal.

Con un movimiento fluido y autoritario, la obligó a girarse y la empujó suavemente contra la puerta del copiloto de su auto, acorralándola con su propio cuerpo. Sacó del bolsillo interior de su saco un fajo de documentos doblados con el membrete oficial de su firma y los estrelló contra el techo del coche, justo al lado de la cabeza de la joven.

  • No vas a ir a ninguna parte a pie, y mucho menos vas a dejarme con la palabra en la boca - sentenció Damián, con la respiración entrecortada y los ojos grises inyectados en una fijeza peligrosa - Súbete al auto. Voy a firmar el documento de la liberación del veto financiero de tu padre ahora mismo si es necesario pero lo voy a hacer bajo mis propias condiciones.

Alexia miró los papeles y luego clavó sus ojos oscuros en él, sin mostrar un solo ápice de temor ante la demostración de fuerza física. Manteniendo la compostura que tanto desquiciaba al magnate, esbozó una sonrisa helada.

  • ¿Tus condiciones, Miller? - preguntó ella, con una voz plana y carente de agitación - El trato no incluía entretenimiento a bordo. Ya te di un fin de semana entero en tu velero, soporté tus toques y tus escenas de celos. Mi parte está más que pagada. Firma eso y déjame ir.

Damián se inclinó aún más, de modo que su fragancia y el calor de su cuerpo volvieron a envolverla como una trampa sofocante. Deslizó una de sus manos desde la puerta del auto hasta el mentón de Alexia, obligándola a sostenerle la mirada mientras sus dedos ejercían una presión exacta, posesiva y firme.

  • Te lo dije en el muelle y te lo repito ahora, el fin de semana apenas va por su segundo día, nena y en mi tablero el tiempo no ha terminado - susurró Damián, con una voz ronca y cargada de una oscura promesa - Vas a subir a este auto, vamos a ir a mi penthouse y vas a firmar el nuevo documento allí. Tu padre tendrá su empresa libre mañana a primera hora, sí, pero tú te quedas conmigo hasta que yo decida que el juego ha concluido. No me importa el fantasma de tu pasado ni la mujer de hielo que pretendes ser hoy. Todavía eres mía por las próximas veinticuatro horas. Súbete.




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