Lazos De Sangre Y Tiempo

CAPITULO 40

EL DESCUBRIMIENTO DEL RIVAL

Damián absorbió el golpe en un silencio sepulcral pero su mandíbula no se tensó por la furia por primera vez en todo el fin de semana, el insulto a su ego no desató un impulso hostil sino una fascinación profunda, inesperada y genuina. Clavó sus ojos grises en ella, analizando cada línea de su rostro, la fijeza de su postura y la apabullante madurez con la que acababa de sentenciarlo.

Siempre había asumido que ella era una heredera consentida, una niña malcriada que usaba la universidad como un accesorio de moda y la empresa de su padre como un capricho para llamar su atención, pensaba que su mundo se reducía a las apariencias, a las compras caras y a los eventos de beneficencia de la alta sociedad. Sin embargo, la mujer que tenía enfrente no tenía nada que ver con esa imagen insípida que su mente había creado.

Decidido a seguir la conversación bajo una nueva mentalidad, Damián dejó a un lado sus tácticas habituales de control se inclinó hacia el frente, apoyando los antebrazos en la mesa y por primera vez se tomó el tiempo real de conocerla a fondo.

  • Olvida los negocios por un momento, Alexia - pidió Damián, y el tono de su voz bajó una octava, volviéndose denso, suave y enfocado - Háblame de ti, de tú día a día ¿Qué hace la nueva Alexia Sterling cuando no está planeando evadirme y desaparecer de mi vida? Dime por ejemplo qué libros estás leyendo ahora, qué tipo de música escuchas cuando estás a solas o qué detalles son los que realmente disfrutas en un día común.

Alexia no pestañeó. Lo observó por encima del borde de su copa de agua, detectando de inmediato el cambio de estrategia del magnate.

Ella empezó a responder con frases medidas, precisas y desprovistas de cualquier rastro de emoción, era como si recitara un guión ya escrito.

  • No - la interrumpió el deslocandola visiblemente - no quiero oír el resumen de una revista de chisme, ni el guión para tus redes. Quiero a la Alexia real, la que no esta frente a una cámara, la que eres cuando nadie te ve.

Alexia respiró, el notó el cambio en su mirada, la relajación de sus hombros y la pequeña sonrisa que apareció en sus labios.

  • Disfruto del silencio, Miller - respondió ella, con una voz diferente, sincera, desprovista de ese tono tan a la defensiva que ahora parecía ser parte de ella - Algo que en tu mundo es un lujo inexistente. Mis días comunes ahora empiezan a las cinco de la mañana, mucho antes de que el ruido de la bolsa de valores y la hipocresía de la élite contaminen el aire.
  • ¿A las cinco de la mañana? - inquirió él, arqueando una ceja con una sonrisa ladina - Una heredera consentida suele dormir hasta el mediodía después de una gala. ¿Y qué haces a esa hora en medio de tu preciado silencio?
  • Leo - contestó Alexia de inmediato, sosteniéndole la mirada - Pero ya no pierdo el tiempo con las novelas románticas de época que solías ver en mi mesa de noche. Ahora prefiero la literatura geopolítica y los tratados de macroeconomía clásica. Autores que entienden cómo se mueve el poder real, no las fantasías de alcoba.

Damián sintió una punzada de asombro. Registró el cambio radical en su intelecto, ya no era una niña buscando romance sino un cerebro absorbiendo las herramientas de sus futuros competidores.

  • Interesante - murmuró el magnate, dándole un sorbo pausado a su copa de vino sin apartar los ojos de ella - ¿Y qué hay de tus placeres cotidianos? ¿Qué tipo de música escuchas cuando estás a solas en tu habitación? Déjame adivinar... ¿música clásica para mantener la concentración?.
  • Jazz clásico de los años cincuenta, en vinilo. Mi madre solia ponerlo, es uno de los pocos recuerdos que conservo de ella - lo corrigio, y por primera vez un brillo de auténtico gusto se asomó en sus ojos oscuros - Particularmente las grabaciones más oscuras y melancólicas de Miles Davis. Tienen una honestidad brutal que no encuentro en las conversaciones de este nivel social. También disfruto del café negro con poca azúcar, justo al amanecer al despuntar el alba, mientras contemplo la ciudad desde mi balcón, sabiendo exactamente qué piezas voy a mover ese día.

Mientras hablaba Damián comenzó a tomar notas mentales con la agudeza de un cirujano. Registró la forma en que sus gustos literarios se habían volcado con el pasar de los años hacia temas mucho más complejos y analíticos, tomó nota del tono firme con el que describía sus nuevas rutinas y de cómo las trivialidades que antes le importaban habían sido reemplazadas por placeres mucho más maduros, solitarios y selectivos.

De como tomaba ahora el café, el jazz melancólico que parecía evocar recuerdos felices, los amaneceres solitarios. Cada detalle que ella revelaba, lejos de alejarlo, actuaba como un imán para su obsesión. Descubrir en Alexia a una mujer con un calibre intelectual tan rico y gustos tan maduros, capaz de desafiar su propio estilo de vida, encendió en él un deseo de conquista que iba mucho más allá de lo físico. El juego de poder ya no era una simple cacería, se había transformado en una competencia fascinante donde el trofeo era la mujer que tenía enfrente.

Damián atesoró cada fragmento de su vida diaria en su memoria sabiendo que cada palabra era una pista nueva y que ahora Alexia era el enigma aún más adictivo de descifrar que jamás había cruzado en su camino.




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