Lazos De Sangre Y Tiempo

CAPITULO 45

EL CRUCE DE LOS DESTINOS

El sol comenzó a ocultarse en el horizonte, tiñendo el cielo y el mar de un rojo violento y dorado que bañaba la cubierta del velero con los últimos destellos de una tregua moribunda. El Aethelgard regresó al muelle privado de la marina con las velas recogidas, deslizándose en un silencio sepulcral que reflejaba la densa tensión psicológica acumulada durante todo el viaje. Damián Miller no había pronunciado una sola palabra en las últimas horas, se había limitado a gobernar el timón con la mandíbula rígida, devorado por una mezcla caótica de paranoia, sospechas y la perturbadora obsesión que se había gestado en su pecho tras haber descubierto a la verdadera mujer detrás del enigma.

Una vez amarrada la embarcación, Damián tomó su tableta digital con las manos sutilmente tensas. Sus dedos, usualmente precisos y fríos al firmar transacciones multimillonarias, presionaron la pantalla para autorizar el desbloqueo inmediato e irreversible de todas las líneas de crédito de Sterling Holdings.

  • El veto está levantado - sentenció Damián con una voz ronca, clavando sus ojos grises en ella con una fijeza que exigía algo más que un agradecimiento formal - Tu familia tiene sus fondos de regreso. El trato se ha cumplido.

Alexia, impecable en su enterizo blanco de lino, se colocó las sandalias planas y tomó su bolso con una tranquilidad pasmosa. No mostró alegría, ni alivio, ni rastro de la agitación de la noche anterior, para la conciencia del futuro que ahora gobernaba su cuerpo, aquello era simplemente el cierre definitivo de una transacción barata.

  • Excelente, Miller. Un placer hacer negocios contigo - respondió ella con una sonrisa gélida, caminando por la pasarela de madera hacia la salida del muelle con una soltura que dejó al magnate con los brazos vacíos.

Damián la siguió a paso rápido, colocándose a su lado mientras avanzaban hacia el estacionamiento privado de la marina. El orgullo del CEO seguía profundamente escocido pero la posesividad salvaje que había echado raíces en él durante el amanecer se negaba a dejarla marchar. La idea egoísta de retenerla en su órbita quemaba en su mente no podía permitir que se fuera después de haber saboreado la tersura de su piel y la brillantez de su mente estratega.

  • Te llevaré - ordenó Damián, tomando las llaves de su lujoso deportivo negro - La marina está desierta a esta hora y el fin de semana aún no ha terminado. Todavía tenemos que cenar para dar por concluido nuestro trato.

Antes de que Alexia pudiera responder, los faros de un elegante sedán deportivo gris cortaron la penumbra del estacionamiento, deteniéndose exactamente a unos metros de ellos. El chofer de Alexia bajó de inmediato, apostándose junto a la puerta trasera. La joven había coordinado su recogida con una precisión matemática, desmantelando cualquier intento de encerrona.

Damián frunció el ceño y una chispa de furia competitiva brilló en sus pupilas al ver saboteado su plan de retenerla. Caminó hacia el conductor con una autoridad de mando implacable, dispuesto a despacharlo.

  • Retírate - le ordenó Damián al chofer de forma tajante - La señorita Sterling no necesitará tus servicios esta noche. Ella vendrá conmigo.

Alexia dejó escapar una risa suave, melodiosa y cargada de una ironía tan devastadora que detuvo al magnate en seco. Se cruzó de brazos, mirándolo por encima del borde de sus gafas de sol doradas.

  • No lo creo, Damián - susurró Alexia, y sus ojos oscuros brillaron con la fría certeza de quien conoce el guion exacto del tiempo - No vas a cenar conmigo.
  • ¿Por qué estás tan segura, nena? - siseó él, dando un paso amenazante hacia ella, frustrado por su eterna e inteligente insubordinación.
  • Porque tu verdadera cena acaba de llegar - sentenció ella, señalando con un leve gesto de la barbilla hacia la entrada peatonal del estacionamiento.

Damián giró la cabeza, impaciente y listo para estalla pero todo el aire se le atoró en los pulmones y el color se drenó por completo de su rostro en un solo segundo

Caminando por el sendero iluminado de la marina, cargando una pequeña maleta de mano de diseñador, aparecía una mujer de una elegancia clásica, cabello castaño y una sonrisa radiante. Era Angels Rose. Había adelantado su regreso del viaje de negocios, un cambio de planes de última hora motivado por la llamada telefónica donde la inusual frialdad y el desapego de Damián habían encendido sus alarmas.

  • ¡Damián! - exclamó Angels con genuina alegría, deteniéndose al ver la silueta del magnate bajo los faroles - Qué hermosa coincidencia encontrarte aquí. Llamé a tu oficina y Gina me dijo que habías cancelado tu agenda para estar en el mar. Decidí darle una sorpresa a mi mejor amigo en cuanto bajé del jet.

Angels se acercó con paso grácil, buscando el habitual refugio de su idilio secreto pero al notar la presencia de la otra mujer, sus pasos se volvieron más lentos. Detuvo su andar a un metro de distancia. Sus ojos almendrados recorrieron a Alexia, mirándola de arriba abajo, examinando con detenimiento el impecable enterizo blanco y la sofisticada madurez que ahora proyectaba la joven, una energía que distaba leguas de la niña sumisa del pasado.

Una sutil chispa de superioridad y desdén cruzó la mirada de Angels, quien recuperó de inmediato su fachada de élite. Con un tono de voz sumamente dulce, pero cargado de un veneno pasivo-agresivo, dirigió su atención al CEO.

  • Vaya... debía suponer que tenías nuevamente de zarcillo a la pequeña heredera Sterling - comentó Angels con una sonrisa ligera, usando el término para calificarla como un accesorio molesto e insignificante, tal como solía hacer a espaldas de la alta sociedad - Veo que tu sombra habitual no descansa, Damián.

Damián se quedó completamente paralizado, atrapado en mitad de un puente de mentiras que acababa de colapsar bajo sus pies. El sudor frío le perló la nuca. Miró a Angels, la mujer con la que mantenía un apasionado romance secreto y que pretendía tratar a Alexia como a una niña acosadora, y luego miró a Alexia. La perfecta e insípida devoción de Angels, que unas horas antes le había provocado fastidio en el velero, ahora se sentía como una trampa sofocante frente al enigma viviente que tanto deseaba conquistar.




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