Lazos De Sangre Y Tiempo

CAPITULO 46

EL SABOR DE LA DUDA

El restaurante de la marina, decorado con maderas oscuras y una iluminación tenue que pretendía evocar exclusividad, se sentía esa noche como una cripta. A pesar del murmullo suave de los comensales y el tintineo de las mermeladas y copas en las mesas contiguas, el aire entre Damián y Angels estaba completamente viciado. El gran chef de la casa había dispuesto para ellos un menú de degustación impecable pero para el magnate, cada bocado tenía el sabor amargo de la ceniza.

Damián permanecía recostado en su silla de piel, con los ojos grises fijos en la copa de vino tinto que sostenía entre los dedos, haciéndola girar con una monotonía exasperante. No había probado bocado. Su mente no estaba allí seguía atrapada en el estacionamiento, repitiendo en bucle el susurro demoledor de Alexia y la escalofriante mención de la caja fuerte, la pintura holandesa y la clave de seis dígitos. La paranoia lo estaba devorando vivo.

¿Cómo podía saberlo? ¿Quién lo había traicionado?

Frente a él, Angels Rose lucía impecable. Se había cambiado el atuendo del viaje por un vestido de seda negro que resaltaba su silueta clásica. Cortaba con delicadeza un trozo de salmón glaseado, manteniendo la sonrisa radiante con la que había bajado del avión pero sus ojos almendrados, agudos y calculadores, no perdían un solo movimiento del CEO. La inusual distancia de Damián, que había comenzado con aquella extraña llamada telefónica aquella la tarde, ahora era una barrera infranqueable.

  • Damián, mi amor, ni siquiera has tocado el vino - comentó Angels con una voz suave, cargada con dulzura - Pensé que te alegraría mi regreso. En Londres no hacía más que contar las horas para volver a estar a solas contigo, lejos de las apariencias de la alta sociedad.

Damián parpadeó, regresando a la realidad de la mesa como si lo hubieran despertado de un golpe. Miró a Angels, registrando la devoción perfecta en su rostro. Horas antes, en el almuerzo del velero, esa misma sumisión lo habría llenado de una satisfacción egoísta. Ahora, tras el rumor que Julián Vance había soltado en el muelle sobre el heredero francés, y con el fantasma de la madurez de Alexia quemándole la memoria, la dulzura de Angels se sentía insípida, falsa y sospechosa.

  • Estoy cansado, Angels. Ha sido un fin de semana largo con la reestructuración de los Sterling - respondió Damián, forzando una voz plana, desprovista de cualquier matiz afectivo.

Angels dejó los cubiertos sobre el plato con un tintineo sutil que delató su creciente frustración. Se inclinó hacia el frente, apoyando sus manos cuidadas sobre la mesa, intentando buscar su mirada esquiva.

  • ¿Los Sterling? Por favor, Damián. Levantaste el veto financiero de esa familia, ya me lo dijo Gina. No entiendo por qué sigues dándole vueltas al asunto - soltó ella, y un destello de hostilidad pasivo-agresiva asomó en su tono - Y tampoco entiendo qué hacía esa niña psicópata y obsesiva de Alexia contigo en el puerto a estas horas de la noche. Se veía... Algo diferente. ¿Pasó algo en ese velero de lo que deba enterarme?

La pregunta de Angels, diseñada para tantear el terreno y descubrir si su posición de amante secreta corría peligro, tuvo el efecto contrario en Damián. El magnate clavó sus ojos grises en ella, pero no con la calidez del romance de siempre sino con una fijeza analítica e inquisitiva. Recordó la advertencia de Alexia: "Buscas monstruos e intrigas en el lugar equivocado".

  • No pasó nada que te incumba, Angels - sentenció Damián en un susurro cortante que heló la sonrisa de la mujer - Primero Alexia Sterling ya no es una niña, y te sugiero que midas la forma en que te refieres a ella. Es una importante socia de la firma ahora.

Angels se tensó tanto que contuvo el aliento, abriendo sutilmente los ojos ante la inédita defensa que el CEO acababa de hacer de la heredera por primera vez. Damián guardó silencio de nuevo, desviando la mirada hacia el ventanal que daba al océano oscuro. La cena continuó en una agonía de sospechas mutuas. Angels intentaba descifrar qué había quebrado el control de su amante y el cambio repentino por la Sterling, mientras Damián, sumido en una profunda crisis de nervios se daba cuenta de que la perfecta fachada de su vida se estaba desmoronando y que la única persona que tenía las respuestas estaba manejando un sedán deportivo de regreso a la ciudad, completamente libre de él.




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