Legnas Extras

10. Confesión

Continuación del capítulo 8 "Padre e hijo" del Tercer Libro... Recomiendo leerlo antes de empezar con este.

NICK:

Ofuscado y sin saber qué pensar realmente ante las palabras del Arcángel, ese ser que dice ser mi padre, entro a mi habitación y me encierro, azotando la puerta con fuerza.

Llevo veinte años culpándome por la muerte de mi padre, por haber destruido a mi familia en mi afán de proteger a mi hija, por lo que desde que supe que estaba vivo, lo he odiado.

Lo he odiado por haber sido un cobarde, por largarse sin pensar en mi madre, rompiéndole el corazón en mil pedazos cuando ella más lo necesitaba. Lo he odiado por sus mentiras y por la dolorosa idea de no haber sido nada más para él que su misión en la lucha de Dios contra el Diablo.

Sin embargo, ahora que he escuchado su versión, ya no sé qué pensar. Todos hemos tenido nuestra cuota de dolor en esta historia; todos hemos tenido que hacer grandes sacrificios por un bien mayor y Eliot o Gabriel, ya ni sé cómo llamarle, no ha sido la excepción.

Si su historia es cierta, él también ha sufrido y, aunque una parte de mí se niega a creerle, otra desea que sea verdad. Aún tengo en mi interior a ese chico que amaba a su padre, que deseaba ser como él, valiente, decidido, justo... En el fondo, amaría recuperar esa familia que una vez tuve, desgraciadamente sin América, pero sí con mi hija y mi nieta...

Madre de Dios, no sé qué es más loco en toda esta historia.

—¿En qué piensas tan concentrado? —pregunta mi madre de repente, sobresaltándome. No la escuché entrar.

Isabel se sienta a mi lado en la cama y enarca una ceja mientras espera mi respuesta.

No sé qué tan buena idea sea hablarle de mi conversación con mi padre, pero siento que debo decírselo y que ella misma tome la decisión de escucharlo o no.

—¿Aun amas a mi padre? —pregunto de repente y la confusión más el dolor, se asientan en sus bonitas facciones.

—Tu padre murió hace veinte años, Nick.

—Sabes que no es cierto, mamá.

—Tu padre es Eliot Holt, no el Arcángel Gabriel. A él no lo conozco.

—Aun así, no respondiste mi pregunta.

Respira profundo y toma mis manos.

—Tu padre, Eliot, es el amor de mi vida, Nick. Nunca podré olvidarlo. Sin embargo, ese hombre ahí fuera, no es mi esposo, no es el hombre dulce y bueno del que me enamoré. Mi Eliot no habría sido capaz de abandonarme.

Trago duro al sentir el dolor en su voz. Mi madre ha sufrido demasiado, es hora de que sea feliz. La pregunta es, ¿esa felicidad puede ser junto a Gabriel?

—Hablé con él ahora; me explicó su versión de la historia y...

—Nick, cariño, no quiero hablar de eso.

Asiento con la cabeza.

—Mamá... Estamos en el fin del mundo, literalmente. No sabemos cuántos días nos queda en esta Tierra o si lograremos sobrevivir para ver el mañana, por eso te daré un consejo como la persona que más te quiere en este mundo.

»Escucha a Gabriel, deja que te cuente su historia. Si no quieres perdonarlo, no lo hagas, estás en todo tu derecho, pero, si vamos a morir, mereces saber antes la verdad. Por lo menos eso.

Su mirada dulce me observa por unos segundos en los que se nubla por las lágrimas que se niega a dejar caer.

—Ya veremos —dice, segundos después.

Decido dejar el tema ahí y le doy un beso en la cima de la cabeza.

—Por cierto, venía a preguntarte, ¿cómo es eso de que cenarás con Alysson esta noche?

Abro la boca de par en par. ¿Acaso todo el mundo lo sabe? Es decir, ¿primero Gabriel y ahora mi madre?

—Aly lo mencionó hace un rato —dice a modo de explicación supongo que ante mi confusión—. Y, cielo, no sé si tienes pensado declararte, pero que sepas que ella piensa que es en plan amigos saliendo, pues necesitas un poco de paz.

—¿Declararme? —pregunto, ¿tan transparente soy?

—Puedes engañar a cualquiera, pero no a tu madre, Nick. La miras con los mismos ojos que mirabas a América.

Sonríe con dulzura y yo me desinflo sin saber que decir.

—¿Le vas a decir?

Niego con la cabeza.

En un principio, esa era la idea; sin embargo, cuando la estaba invitando a cenar, ese miedo a estar traicionado a mi esposa volvió a embargarme y terminé arruinando el momento al decirle que necesitaba despejar mi mente y que como ella era mi mejor amiga, énfasis en esas dos palabras, sabía que me ayudaría a hacerlo.

No sé si ustedes quieren golpearme por ser tan idiota, pero juro que yo quise incrustar mi cabeza en la pared una vez aceptó y la vi alejarse.

—¿Por qué?

Miro a mi madre y decido ser honesto, tal vez ella me ayude a encontrar la claridad que necesito.

—Siento que estoy traicionado a América. —Me encojo de hombros—. Ella era mi esposa, el amor de mi vida y siento que la traiciono al pensar en su mejor amiga como una mujer.




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