Legnas: la profecía 3

6. El rey y la reina

Alexander:

—Alexa es la única a parte de mí que puede matar a un Arcángel y para hacerlo, ella también morirá y no hay nada que yo pueda hacer para evitarlo.

La vida es una mierda.

Me di cuenta de ello cuando todo se empezó a desmoronar, cuando descubrí que mi abuelo era una sucia rata que había traicionado a los suyos por la inmortalidad; cuando comprendí que mi padre era fiel seguidor suyo y yo había sido por años, su marioneta.

Todo mi mundo cambió en cuestiones de minutos. Pasé de ser el príncipe que iba de misión en misión protegiendo a los humanos, liderando a un grupo de guerreros leales y me convertí en el líder de un pueblo indignado que buscaba justicia por toda la sangre inocente derramada. Me vi envuelto en una vorágine de sucesos complicados que despuntaron en una profecía descabellada de la que aún no logramos salir.

Para mayor inri, terminé en el pasado luchando una batalla contra el tiempo, imposible de ganar y escondiéndome con la esperanza de que los míos me ayudaran a regresar.

Creo que lo único bueno desde entonces, ha sido haber conocido a Jazlyn.

He tenido que madurar a base de golpes, he caído y me he levantado sin tiempo a lamentarme. He querido llorar un millón de veces porque sigo siendo un crío de veintiún años con el que la vida se ha ensañado; aun así, me he tragado cada uno de mis sentimientos, de mis vulnerabilidades, porque si yo colapsaba, Jazlyn también y eso habría sido un desastre.

Enfrenté lo mejor posible el hecho de que iba a ser padre. Hombre, solo tuve seis días para hacerme a la idea y aunque no lo crean, me enamoré de esa criatura que crecía a pasos agigantados en el vientre de mi novia. Sabía que resultaría en desastre porque nosotros íbamos a morir y si todo salía bien, regresaríamos al presente dejándola en el pasado. Nuestro único consuelo era que Sacarías y Ezra se habían comprometido a cuidarla.

Pero no… todo tenía que irse a la mierda una vez más.

Un tipo, literalmente caído del cielo, apareció dispuesto a protegerla y no nos quedó más remedio que confiársela. Ahora, doscientos años después, me entero de que puede seguir con vida y ni siquiera tengo tiempo a alegrarme porque resulta que mi hija ha sido el plan B de Dios para derrotar a Lucifer.

Alexa es un arma.

Y la voy a volver a perder.

Con la rabia bullendo por mis venas porque ya estoy harto de toda esta mierda, sintiendo haber envejecido décadas en solo unas semanas, me pongo de pie y concentro toda mi atención en esos orbes lilas que me observan con pesar.

—¿Qué has dicho?

—Lo siento mucho, Alexander.

—¡Me importa una mierda si lo sientes o no! —Doy un paso hacia ella y en seguida tengo al vampiro a mi lado, pero no me toca.

Sabe que tengo todos los motivos del mundo para estar enojado, de hecho, él luce enojado, pero no va a permitir que le haga daño a su novia. Los Arcángeles se ubican a cada uno de sus costados dispuestos a interceptar cualquier ataque, pero no estoy loco, nunca intentaría nada contra Dios.

—¿A qué te refieres con que va a morir?

Vitae respira profundo y me enfrenta.

—Para matarlo, ella deberá cederle todo su poder que entrará en colisión con el de él, provocando una explosión que arrasará con todo en diez kilómetros a la redonda.

»La explosión la matará.

—Si es la segunda criatura más poderosa, ¿no debería sobrevivir? —pregunta Sacarías a mi otro lado. No sé en qué momento llegó ahí.

—Al cederle su poder, Alexa sería una humana más y Lucifer peor que una bomba atómica. Nada sobreviviría a eso.

—¿Y no hay nada que podamos hacer? —pregunta mi madre en algún lugar detrás de mí. Vitae me sostiene la mirada.

—No. —Muerdo mi labio inferior intentando no sucumbir a la rabia, a la impotencia, al dolor.

Paso mis manos por mi rostro tratando tranquilizarme en vano y antes de que pueda contenerme, termino riendo. Sin embargo, no hay diversión, simplemente incredulidad, desasosiego, amargura, cansancio.

—Esto es una mierda… ¿De qué nos sirve tener a Dios cuando no puede hacer absolutamente nada? —Ella baja la mirada, avergonzada—. Por un momento, llegué a sentir pena de que tus propios Arcángeles te recriminaran las cosas, ahora me da igual. Tienen razón, la culpa de todo esto, la tienes tú y nosotros estamos lidiando con las consecuencias como si fuéramos unas marionetas, lo peor es que no tenemos forma de resistirnos.

»Eres insensible, eres cruel, no eres para nada ese ser que nos han enseñado a venerar desde que nos convertimos en Legnas, a ese al que le tenemos tanta fe por habernos creado. ¿Sabes lo jodido que es hacer de una niña inocente un arma?

»La enviaste al matadero incluso antes de que fuera concebida. Solo somos unos juguetes para ti a los que puedes manipular a tu antojo para cumplir tus caprichos. Eres una decepción.

Su mirada se vuelve negra por unos segundos y según me han contado, eso es señal de que Mors ha salido, sin embargo, vuelven a ponerse lilas, solo que esta vez refulgen con enojo.

Se levanta de su asiento y da un paso hacia nosotros. Instintivamente, Sam, Sacarías y yo, retrocedemos un poco.




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