Legnas: la profecía 3

12. Los demonios

Sam:

Cuando el sonido del cuerno cesa, me obligo a reaccionar al igual que todos a mi alrededor, por lo que salgo corriendo rumbo a mi habitación a buscar mis armas. A pesar de que quiero concentrarme en lo que se avecina, mi mente no deja de darle vueltas a la conversación-discusión entre Miguel y las Criaturitas.

Entre más lo pienso, menos lo entiendo. ¿Cuál es ese maldito secreto que ella esconde? ¿Por qué le tiene tanto miedo a que yo lo descubra? ¿Realmente es tan malo?

Con esas preguntas en mi mente, entro a mi habitación, voy directo a la cómoda y me armo hasta los dientes. Sin perder tiempo, me dispongo a salir, pero me detengo ipso facto cuando, al abrir la puerta me encuentro a la Vida y la Muerte esperando por mí.

Intercalo mi mirada entre una y la otra sin saber exactamente qué hacer. No he podido digerir el hecho de que ahora son dos, pues a penas las vi, llegó el insufrible de Miguel. Sin embargo, verlas juntas es aterrador.

¿Qué tiene la vida en mi contra como para poner en mi camino a chicas con el mismo rostro? Es decir, primero Mía, luego Jazlyn, ahora Mors y Vitae que, a parte de sus cabellos, uno blanco como la nieve, otro negro como la noche y sus ojos, unos totalmente lilas, los otros negros, son exactamente iguales. Y eso me confunde como carajo.

—Eh… —No sé qué demonios iba a decir, pero no sale nada.

Me aclaro la garganta y me remuevo incómodo ante el escrutinio de las dos chicas ante mí.

Con todo el respeto que se merecen, necesito salir de aquí.

—¿Sucede algo? —pregunto—. Digo, además de que el primer demonio ya llegó.

Ambas niegan con la cabeza, erizándome la piel.

—Bueno, pues debo irme. —Intento salir sin tocarlas demasiado, sin embargo, no he dado un paso, cuando me detienen.

—Espera. —No sé qué es más aterrador, si que lo digan al mismo tiempo o que se miren la una a la otra, enojadas, supongo que por coincidir en sus pensamientos.

Vitae se voltea hacia mí.

—Solo veníamos a decirte que tengas cuidado. Ya no hay profecía que te proteja, tienes tantas posibilidades de morir como el resto y…

—Ninguna de nosotras tiene fuerza para regresarte. —Termina Mors, algo que a Vitae no parece gustarle mucho.

—Vale, lo tendré en cuenta. —Consigo atravesar la puerta—. Debo irme, hablamos luego.

Doy la media vuelta y salgo disparado, sin embargo, me detengo abruptamente cuando escucho a Vitae murmurar:

—¿Por qué tengo la sensación de que nos está evadiendo?

—Porque lo está haciendo, Vitae.

Mentiría si dijese que escuchar la voz melancólica de las dos, no remueve algo en mi interior. Suspiro profundo.

—¿Nos tendrá miedo? —Vuelve a preguntar Vitae.

—Yo creo que sí. De hecho, creo que a quién le teme es a mí. —Mors suspira, resignada.

—Ya se acostumbrará a tenernos en su vida. —Hace una pausa—. ¿Verdad?

La Muerte no contesta.

—Hostia, Mors, no es justo. Al fin lo conozco, consigo tener una relación medio decente con él y ahora lo voy a perder. Maldita vida de mierda.

Mors ríe y yo también.

Ella es la Vida, ¿de qué carajos se queja?

Sabiendo que no podré concentrarme en la batalla luego de escuchar esa conversación, ruedo los ojos y regreso sobre mis pasos. Sus ojos se abren de par en par al verme y yo me detengo frente a ellas.

—No les tengo miedo. —Ambas sonríen con timidez—. Simplemente es demasiado raro. ¿Qué significa esto? ¿Tengo dos novias? —Ambas asienten con la cabeza y yo solo rezo para que en algún momento vuelvan a unirse.

No sé qué hacer con una de ellas, ¿cómo sobreviviré a las dos?

—Hablaremos cuando regrese, ¿vale? —Vuelven a asentir—. Adiós, Criaturitas.

Sin saber cómo despedirme exactamente porque eso de besar a Mors, digamos que, no lo sé, es extremadamente raro, me limito a alborotarles el cabello.

—La única Criaturita soy yo —Se queja Vitae y yo comienzo a retroceder marcha atrás, sonriendo. Mors le da un codazo.

—¿Tengo que recordarte que somos la misma?

—No me importa, Criaturita soy solo yo. —Le saca la lengua y Mors hace una mueca.

—Ey, ustedes dos. —Ambas me miran y yo me detengo antes de doblar al otro pasillo—. Busquen una forma de derrotar a esos demonios.

Ambas asienten y yo salgo corriendo a toda velocidad hacia el exterior donde solo veo a Sacarías.

—¿Dónde coño estabas?

—Lidiando con la Vida y la Muerte, ¿algún problema? —respondo de mala forma y él solo se ríe.

—Entiendo.

¿Qué carajos entiende?

Decido que no es momento de este tipo de conversación, así que le pregunto por los demás.

—Ya están fuera. Vamos.

Juntos, corremos hacia uno de los portales y lo atravesamos.




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