Legnas: la profecía I

45. Descifrando la profecía

Alexander:

—Ok, ¿quién empieza? —pregunta Lucio y al ver que nadie contesta, me observa—. Alteza, nos hemos lanzado a una batalla prácticamente a ciegas porque usted solicitó nuestra ayuda, creo que merecemos saber qué está sucediendo.

—Lo sé, Lucio, el problema es que son tantas cosas que no sé ni por dónde empezar.

—¿Qué tal presentándola? —Señala a Jaz con la barbilla—. Porque la recuerdo del interrogatorio, pero definitivamente no era así de poderosa. Pensé que era humana.

—Mi nombre es Jazlyn Lautner —responde tranquilamente desde uno de los extremos del sofá de tres plazas—. Bueno, ese es mi nombre humano, mi apellido real es Holt... soy la hija de Nick Holt y América Harper.

Los ojos de Lucio y Sacarías se abren en asombro total. Isa, sujeta la mano de su nieta y la presiona con cariño. Me alegro mucho de que puedan estar juntas.
—¿Cómo es eso posible? —pregunta Sacarías.

—Bueno, creo que esa parte me toca a mí —responde Isabel y yo presto toda mi atención. Aún hay detalles en esa historia que no entiendo del todo—. Eliot, mi esposo, era un ángel.

Me atrevo a decir que el rostro de todos los presentes es una muestra de pura incredulidad. Ya lo sospechaba, pero saber que es real, hace que sea tan asombroso como aterrador.

—Cuando lo conocí pensé que era un guerrero, un Legna; incluso nos casamos y nos fuimos de luna de miel sin yo saber la verdad. No fue hasta que quedé embarazada, que supe que algo no iba bien. Me asusté mucho, pero él me explicó que su padre lo había...

—¿Dios? —le interrumpe Sam e Isabel asiente con la cabeza.

—Dios le ordenó bajar a la tierra para concebir a un Nefilim, el último. Le otorgó el don de la Concepción y le pidió específicamente que debía crecer entre los Legnas para asegurarse de que no se corrompiera como el resto. Al principio no le creí, pero tuve una revelación, la única profecía que he sido capaz de hacer en todos mis años como Legna. Todos piensan que lo que vi fue que Nick debía pasar por el rito de la Fuente Sagrada, pero en realidad, Dios me mostró que ese niño debía nacer sin importar nada más y me enseñó cómo crear la serta.

—¿Qué? —pregunta Jazlyn.

—Me mostraba cada paso para crearla y lo que debía hacer con ella. Tenía que entregársela a su descendiente y eso hice... la guardé y se la di a tu padre cuando América quedó embarazada. Ahí le dije que era un Nefilim y no un Legna y que tú debías nacer.

—¿Por qué Dios querría que yo naciera si soy tan peligrosa?

—No lo sé, cariño. Nadie entiende los planes del Señor.

—¿Eliot no lo sabía? —pregunta Sharon.

—Él me dijo que los planes de Dios son indiscutibles; si él lo ordenaba, ellos acataban. Sin preguntas.

Bueno, no es difícil de creer dado que casi es lo mismo que tenemos nosotros con el rey. Su palabra es la ley.

—¿Cómo pasaste desapercibida tanto tiempo? ¿Cómo no sentí nada raro cuando te conocí? —Vuelve a preguntar Lucio y Jazlyn mira a su amigo.

—Ese fui yo.

—¡¿Tú?! —exclama Lucio sin podérselo creer.

—América, mientras vivió como miembro de la Logia y esposa de Nick, fue una gran amiga para mí. Cuando ella murió, Nick me pidió que protegiera a su hija, no me lo pensé dos veces.

»He estado velando a Jazlyn durante veinte años, asegurándome de que estuviese a salvo y bien lejos de este mundo. No se me dio tan bien como yo pensaba y bueno, para poder hablarle de su familia necesitaba hacer el Juramento así que le di un collar con un hechizo de ocultamiento y pasó como una humana normal por el interrogatorio.

—¿Me engañaste? ¿Después de todo lo que he hecho por ti, de lo que hemos vivido juntos?

Adams agacha la cabeza, avergonzado.

—Se le da bien, ¿verdad? —pregunta Sam desde su lugar apoyado en la pared, ganándose una mirada fulminante de su hermano.

—No empiecen —ordeno antes de que se lancen en una discusión.

—Lo siento —dice Adams mirando a Lucio—. Se supone que nada de esto debía pasar, solo quería que entrara a la Logia para poder hablar con ella sin morir por violar el Juramento. No sabía que conocía a la realeza Legna, ni siquiera sabía de la existencia de la serta.

—Tú y yo hablaremos más tarde de esto —advierte Lucio y por el tono de su voz, no me gustaría estar en los zapatos del lobo.

La sala se queda en silencio por unos segundos, supongo que cada uno intenta reunir sus dudas para luego buscar respuestas.

—¿Por qué eres inmune al sol? —le pregunta Adams a su hermano.

—Antes de responder esa pregunta, hay algo que deben leer.

Sam deja su posición en la pared y se acerca a mí con una hoja que saca de su bolsillo.

—Es una profecía. —Agarro el papel y lo desdoblo con el ceño fruncido —. Supe de ella hace unas semanas, me la mostró mi padre. Solo la he leído una vez, pero me ha dejado tan confundido que de tanto repasarla en mi cabeza se me ha grabado. Lamento si no entiendes mi letra.

Una sonrisa ladeada me dice que no siente ni mierda y, ¡Dios! Realmente es horrible.




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