Legnas: la profecía I

50. ¿Podremos salir de aquí?

Jazlyn:

Abro los ojos con lentitud, pero no consigo enfocar la mirada.

Me duele la cabeza de manera horrible, late tan fuerte que me da la sensación de que en cualquier momento explotará. Cierro los ojos y vuelvo a abrirlos, repito el gesto varias veces hasta que las manchas negras de mi visión empiezan a desaparecer.

Miro a mi alrededor y no reconozco el lugar. Las oscuras paredes y la escasez de claridad, salvo por dos bombillas que a duras penas emiten algo de luz, no se corresponden con la bonita habitación en la que cerré los ojos hace sabrá Dios qué tiempo.

A mi mente viene el recuerdo de estar despidiéndome de Sam frente a la puerta de mi habitación luego de casi tres horas intentando calmarlo por la conversación-discusión que tuvo con su hermano. Una vez me quedé sola, me acosté exhausta, pero no había logrado conciliar el sueño, cuando un ruido en el exterior llamó mi atención.

Salí de la habitación justo a tiempo para ver a un hombre al final del pasillo discutiendo en murmullos con alguien que, por cuenta de la pared, no conseguí ver. Me pareció un poco raro que a las tres de la mañana estuviesen levantados, aunque siendo vampiros no sería muy raro; sin embargo, algo en ese tipo me decía que estaban planeando algo y al reconocerlo como uno del Submundo, supe que debía seguirlo.

Grave error… No tardé en darme cuenta de que era justo lo que ellos querían, pues luego de seguirlos hasta una puerta que sabía que daba al exterior de la mansión, me encontré con que ya no eran dos, sino, cinco y me estaban esperando.

Ni siquiera me dio tiempo a reaccionar armando la serta, me golpearon en la cabeza y aquí estoy ahora.

Secuestrada por segunda vez en menos de una semana.

Creo que voy a implantar un Récord Guinness en secuestros.

Por lo menos esta vez estoy medianamente vestida, no como la otra que me cogieron en el juego de dormir más revelador que tenía en mi armario. Ahora llevo un short mezclilla, una blusa tipo camiseta, nada de sujetador y las sandalias ni idea de dónde quedaron.

Vuelvo a mirar a mi alrededor, estoy encadenada a la pared y algo me dice que estas cadenas están en mejores condiciones que las de los Legnas. Sacudo mis brazos con fuerza comprobando la veracidad de mi hipótesis.

Apoyo mi cabeza contra la pared deseando que Sharon estuviese aquí para que me dé una de sus hierbas mágicas. Duele como el demonio.

¿Qué tiempo llevaré inconsciente?

¿Cuánto tiempo tardarán en darse cuenta de que no estoy?

La puerta se abre repentinamente sobresaltándome y un hombre que solo he visto una vez, pero que su rostro ha quedado grabado a fuego lento en mi retina, entra imponente y tan bien vestido que da la sensación de ser uno de estos empresarios multimillonarios que aparecen en los libros porque aparte de todo, es increíblemente hermoso el condenado. Supongo que sus hijos tienen a quién salir.

Cristopher Hostring sonríe al verme y si no fuera porque sé quién es y de lo que es capaz, pensaría que es una buena persona.

—Señorita Holt —saluda jovialmente y me siento rara al escuchar ese apellido y no Lautner—. Me alegra verla despierta, ya estaba preocupándome de que los brutos de mis empleados, le hubiese hecho mucho daño.

Bufo.

—Como si le importara.

—Oh, sí me importa; no tengo ninguna intención de hacerle daño. Usted es mi invitada.

—¿Y tiene por costumbre encadenar a sus visitas?

—Teniendo en cuenta que mis visitas por lo general terminan muertas, creo que este es el mejor trato que le puedo dar. —La sonrisa que me dedica es tan macabra que eriza cada poro de mi piel—. Además, ambos sabemos que es mejor mantener sus manos bien separadas, pero vea el lado positivo: no le hemos tocado ni un pelo y prometo que no lo haremos a menos que se resista. Soy mejor anfitrión que Lohan, no puede negarlo.

—No pienso liberarte de tu maldición, Cristopher.

—Oh, no te preocupes, eso lo sé. —Ondea la mano frente a él restándole importancia a mis palabras—. Por eso tendré una conversación agradable con Maira Roirep.

Mis ojos se abren sorprendidos. Joder, tenía la esperanza de que no supiera nada de ella.

Una sonrisa de superioridad se extiende por su rostro al mismo tiempo que se arrodilla frente a mí.

—Me subestima, señorita Holt. ¿Quién cree que le dijo a Lohan qué hacer para tener la runa? —Con una delicadeza que no me gusta nada, acomoda un mechón de mi cabello detrás de mi oreja—. Desde que me enteré de la existencia de la profecía, he investigado mucho y he descubierto cosas muy interesantes.

—No lo conseguirás, Alexander y tus hijos vendrán a por mí.

—Lo sé, de hecho, cuento con ello. —Frunzo el ceño sin entender absolutamente nada—. No tendrán muchos problemas para llegar aquí y rescatarte, para salir será más complicado, pero ese es el punto.

—Te van a matar.

Enarca una ceja y su actitud me desespera. Luce divertido, como si todo esto no fuera más que un juego que está saliendo exactamente como él quiere. Un juego en el que nosotros somos las fichas fácilmente manejables.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.