En algún lugar de Colombia
—¡Hey, Lucho! ¿Todo bien?
—¡Joa, manito, todo fino! Tiempo sin verlo. ¿Qué me cuenta? Por ahí hay un chisme suyo.
—Mira usted eso… ¡Joa, Lucho, todo bien! ¿Y esa vaina?
—Que usted andaba todo enamorado.
—¡Jajaja! Cule vaina… Joa, ahí me embobé de una muchacha, pero no le doy mucha fe.
—Nojoda, mi vale, ¿no has escuchado que la fe es lo último que se pierde?
—Joa, sí, vale.
—Y hábleme de la muchacha.
—¿Qué le cuento?… Bueno, te cuento un poco más de mí y de lo que hizo ella.
—Ah, bueno, cuénteme.
—Joa, nada del otro mundo, pero me acuerdo que yo estaba más frito que bocachico en el sartén. Te cuento: yo no tenía dirección en mi vida; solo era de mi casa al trabajo y del trabajo a la casa, cumpliendo una rutina algo ordinaria. Mi único propósito era mantenerme respirando.
Y, ¡hey!, se apareció como un ángel. No me olvido de la primera vez que la vi. Lo primero que me encantó fue su sonrisa y, claro, su manera de ser.
—Joa, mi vale, eso es amor a primera vista.
—¡Eeerdaa! Por eso uno no cuenta nada… Bueno, sigo: desde la primera salida me comencé a sentir vivo, una felicidad sin descripción. ¡Pa’ qué! Una experiencia linda. Pero no acabó ahí; hice muchas cosas diferentes y sentí un cambio en mí.
—Mi vale, eso sí me alegra. El destino siempre con sus cosas.
—La verdad, desde que llegó a mi vida, cambiaron muchas cosas. Por ejemplo, me animé a leer otra vez, me he puesto propósitos, he cambiado mi forma de pensar… cosas que antes no tenía. Y ahora, escritor, ¿qué se puede hacer?
—Hey, ahora que te veo eres más serio. Antes eras pura risita. Pero, ¿sabes qué, mi vale? Me alegro de que Dios te la haya puesto en tu camino para que cambies.
—Siii… como te dije, nada del otro mundo. Pero algo sí te digo: ella es como una tacita de café sin azúcar… me despertó.
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el alpinista en busca de una flor, poemas con sentimiento, editado por selene giavoni
Editado: 03.10.2026