Estando sentado en un banco de la Plaza Bolívar, escuchando las aguas de la fuente cantar en diferentes son, el bullicio de la gente y la noche cayendo sobre mí. Solo me acompañaba un cigarrillo que se consumía poco a poco entre los dedos de mi mano, el cual me decía: «Nunca muera tu dolor, para que yo sea tu inspiración».
Pero yo, en mi mente, fabricaba argumentos para este poeta sin dirección. Aun sabiendo que estaba en las calles de Cartagena, buscaba dónde estaba mi corazón.
—Problemas —me decía aquel cigarrillo—, solo encuentras problemas, y yo puedo ser tu dirección.
Pero no entendía lo que me decía; solo veía cómo el humo besaba mi mejilla y escudriñaba mis pulmones.
—Mira al cielo, muchacho —me decía— y contempla la noche oscura, porque mañana saldrá el sol.
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el alpinista en busca de una flor, poemas con sentimiento, editado por selene giavoni
Editado: 03.10.2026