Viajando hacia la realidad, el bote en el que iba golpeó una gran piedra y quedé sobre un pedazo de madera flotando acostado en el mar de la imaginación, contemplando las estrellas en un cielo muy oscuro.
Mi única compañía era la luna, con la que conversaba y le decía:
—No me enamoré de ella por su hermoso rostro, ni por su gran intelecto, ni por su cuerpo moldeado, ni por sus ojos cristalinos. Me enamoré de ella porque en ella encontré lo que estaba buscando: un ánimo para seguir, una historia que contar, un canto para entonar y una razón para vivir.
Sin saber lo que buscaba, en ella me encontré a mí mismo.
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el alpinista en busca de una flor, poemas con sentimiento, editado por selene giavoni
Editado: 03.10.2026