Libro 1 Historias de un bosque y un gitano (2)

VI

Así concluyen los reyes de contarles la historia a Emil, a Grigore y a Joseph mientras están reunidos en el claro real. La reina ha hecho crecer tres sillas simples de ramas para el trío visitante.

—¿Qué tal les pareció esa historia? —pregunta Kírill acomodado en su trono, al igual que su esposa e hija.

—Muy interesante y con un final feliz —opina Emil.

—No es el final de la historia. Aleksei y Danitza están preparando un largo viaje. Van a explorar más allá del reino del Sur; partirán después de que nazca su primer hijo —informa Zelinda.

—Tengo entendido que los pavos reales viven pocos años, comparada con los años de un humano; ¿eso no será un problema para Aleksei? —indaga Joseph.

—No lo creo. Cuando le otorgué la habilidad de transformarse a un humano o a un ave a voluntad, también le otorgué más años de vida. Con suerte, llegará a vivir hasta los sesenta años.

—Esa sí que es una buena noticia, ¿no te parece compañero? —le pregunta Emil a Grigore.

En cambio, el líder romaní parece muy sorprendido.

—Déjenme ver si entendí —comenta Grigore todavía confundido, recapitulando el final de la historia—. ¿Danitza nunca fue capturada por esos extraños, aparte de que el joven que se casó con ella es en realidad… un pavo real?

Los reyes, Emil y Joseph intercambian miradas durante un par de segundos, estallando en carcajadas al final.

—¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja! ¡¿Cómo?! ¡¿No lo sabías?! ¡¿El mismo Rudolf, líder del bosque de Güíldnah, no sabe las noticias de su propio territorio?! ¡Increíble! —indaga y exclama riendo Emil.

—Si no se lo dice el rey o la reina nunca se hubiera enterado, jefe romaní. Debería poner más atención a su gente y territorio —comenta el mercader de telas mientras sonríe.

—Pensé que ya lo habías descubierto, querido amigo —manifiesta la reina, tratando de ocultar su risa.

—Ninguna de mi gente me lo ha dicho. Supongo que Danitza nunca le dijo la verdad a ninguno del campamento, ni siquiera a sus padres, aparte de que son muy cuidadosos al transformarse para que nadie los hubiera visto en sus formas de aves todo este tiempo. Con razón mucha de mi gente decía de un pavo real perdido en nuestro bosque. ¡Demonios! Debí haberme dado cuenta desde antes. Se aprende algo nuevo cada día —menciona sonriendo Grigore.

Entre risas, los reyes se despiden de Emil, Grigore y Joseph.




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