Es la mañana del segundo día en Alhat-Fher cuando Kéilan se despierta. Su amigo equino, quien ha estado siempre atento, se le acerca rápido.
—Al fin despiertas. ¿Cómo te sientes?
—Muy bien. Cúdred fortaleció mi cuerpo —comenta ella, sentándose en la cama y estirando los brazos a ambos lados.
En esos momentos una gran bola de fuego violeta sale disparada de su mano izquierda, impactándose contra la pared de la montaña localizada al frente de la cueva, provocando una poderosa, grande y estruendosa explosión.
—¡¿Por qué hiciste eso?! —pregunta sorprendido Volker.
—¡Ups! Me olvidé de lo que me dijo Cúdred —menciona la hechicera, apenada, entrecruzando los brazos—. Volker, podrías abrir uno de los libros de la magia natural. Necesito una nota importante —pide nerviosa ella.
—¿Quieres que te pase el libro y lo buscas? —indaga el equino ahora confundido.
—¡No! No. Preferiría no moverme en estos momentos —dice algo ansiosa Kéilan.
—Está… bien —responde Volker todavía perplejo.
Revisa todo un libro; no encuentra nota alguna.
—Entonces está en el otro —supone la joven.
Él abre el segundo libro, encontrando una pequeña hoja en un santiamén.
—¿Esta nota? —le pregunta Volker a la par que lee el pequeño título—. «Pócima adormecedora del poder». Es una receta paso a paso.
—Sí, ésa. ¿Podrías prepararla?
—¿No quieres hacerla tú?
—Tengo miedo. Si muevo un músculo puede que haga un gran desastre; por eso te pedí que revisaras los libros —comenta un poco asustada la joven.
El equino lee a detalle la receta de la poción.
—Puedo prepararla. Es muy explícita la receta —confirma el equino.
—Antes de que empieces, llévame a la cumbre de una montaña. De esa manera no te molestaré.
—Si así lo quieres.
Volker lleva a Kéilan a lo alto de una montaña cercana.
—Trataré de terminar rápido —le dice él.
Dicho esto, la deja sola y se apresura a preparar la pócima. Por fortuna todos los ingredientes están en el almacén de la cueva, aunque solo hay uno que tiene que salir a buscar: agua del río. Calienta la mezcla especial en un caldero pequeño con ayuda de su magia; no hay tiempo para ir por madera.
Habiendo terminado el brebaje especial lo coloca en un frasco de cristal; emprende el vuelo, llegando de nuevo a la cima de la montaña, el cual muestra un panorama diferente. Pareciera que una feroz batalla acaba de ocurrir: cuarteaduras y grandes cráteres en la montaña se ven por todos lados, al igual que señales de grandes explosiones en otras zonas.
—¡Kéilan!, ¡¿dónde estás?! —llama él.
Al rodear una roca grande, descubre a la muchacha sentada en otra piedra de gran tamaño. Es una escena que no esperaba ver. Varias rocas bastante grandes flotan en el aire y se mueven a baja velocidad, rodeando el cuerpo de Kéilan. Ella mantiene los ojos cerrados y las manos en sus rodillas, mientras que su largo cabello suelto flota en el aire, como si estuviera sumergido en el agua.
—Kéilan, ya está lista la pócima —le llama y avisa Volker.
Las rocas se detienen y caen al piso. La hechicera gira su cabeza hacia su amigo después de abrir los ojos.
—Gracias. Me puedes acercar el frasco para poder beber la poción; luego te explicaré el porqué.
El equino utiliza su magia para acercarle el brebaje. Cuando la gota restante toca la lengua de la muchacha, su cabello deja de flotar y vuelve a ser color negro con varios mechones color rojo zanahoria.
—¡Por fin! —expresa Kéilan aliviada, levantándose y estirando todo su cuerpo.
—Ahora, explícame qué pasó —pide con seriedad Volker.
Kéilan le narra desde que Cúdred la visitó estando desmayada, la advertencia que le dio y el brebaje que acaba de preparar.
—Entonces… ¿ahora tus poderes son iguales a los que tenías, antes de comenzar la búsqueda de los libros?
—Eso creo. Déjame revisar.
Ella invoca una bola de fuego normal, arrojándola hacia una roca; la explosión que provoca no es muy impresionante. En una nueva prueba intenta levantar una gran roca, una que momentos antes estaba flotando en el aire; se concentra bastante, moviéndola solo un par de milímetros.
—Al parecer sí. Antes de qué llegaras intenté practicar un poco con los mismos hechizos de ahora; al final fue un desastre. Lo traté varias veces, mas no salieron muy bien. Decidí venir a sentarme y relajarme. Probé de invocar con un poco de esfuerzo el hechizo de levantar objetos y ocurrió lo que viste hace unos momentos. Al parecer, si me relajo por completo puedo controlar un poco más el poder de Cúdred.
—Eso ya lo veremos en este mes; será mejor que aproveches el día de descanso que tienes —dice Volker.
Después de bañarse y arreglarse, ambos visitan el bosque Piud, disfrutando un día agradable con la familia. Para evitar que sus padres se preocupen por ella, Kéilan les dice que tardará mucho tiempo en encontrar el último libro, provocando que sus visitas se dificulten. Para mantenerlos informados, les promete mandarles cartas de manera constante. En medio del cielo naranja, los visitantes vuelan de regreso a las montañas Cúdrerianas.
Durante el mes ella estudia a fondo el primer libro de magia natural. La mayoría del tiempo Volker tiene que ayudar a la joven en casi todas las actividades, incluso con las más simples. En la primera mitad del libro viene una extensa enciclopedia de botánica: plantas que crecen en la selva cercana y en todo Ítkelor; inclusive hay algunos datos de plantas de otras tierras, junto con explicaciones y dibujos hechos a mano. En la otra mitad hay hechizos de cómo controlar los cuatro elementos naturales, transformaciones relacionadas con animales, controlar el clima, etc. También se encuentran una gran variedad de pociones, aunque la mayoría son medicinales.
Cada semana ella les manda una carta a sus padres con ayuda de Volker, explicándoles que el libro restante está oculto en medio de la gran selva. Practica de manera exhaustiva hechizos y pociones, cometiendo errores y aciertos. Aprovecha el tiempo para explorar junto a Volker la extensa selva, nombrándola «Selva Revlok».