Libro 1 Historias de un bosque y un gitano (3)

XI

Toda la familia de hechiceros se encuentra merendando en su cabaña cuando escuchan unos pasos de caballo afuera; apresurados todos corren a ver qué ha pasado, descubriendo que ha llegado Kéilan. Hay un emotivo reencuentro lleno de abrazos entre la familia.

—¡Lo logré!, ¡ya conseguí todo el poder de Cúdred! —anuncia feliz Kéilan.

La familia celebra en grande, felicitando todo el tiempo a su hija y hermana.

—Ahora quisiera realizar un anuncio —requiere la joven hechicera, alejándose un poco de la familia y parándose junto a Volker—. Mamá, papá, hermano y hermana. Me honra presentarles a Volker: guardián de la familia y mi ayudante personal —expresa ella de manera solemne, señalando al caballo con alas de murciélago y cuernos.

—¿De verdad? —pregunta sorprendido el equino.

—Claro que es en serio. Bienvenido a la familia —responde ella.

—Vamos, vamos adentro de la casa para que nos narres que ha pasado —pide Bárem con impaciencia.

—Calma papá. Primero tengo que entregar unos objetos; no tardo.

Con mucha pena Kéilan se aleja de su familia, escuchando las súplicas de ellos para que platique de su aventura. Ella también está impaciente por narrar sus peripecias en las montañas, pero tiene una promesa que cumplir. La hechicera y Volker se dirigen al pequeño claro real de los monarcas de las hadas y duendes, encontrándolos en medio del camino, dando un paseo por el bosque.

—Buenos días, sus majestades —saluda ella.

—¡¿Kéilan?! ¡Qué sorpresa! —expresa el rey Rur.

—¡Buenos días, niña! —saluda muy alegre la reina.

—Ya encontraste el último libro, ¿verdad? —supone el rey.

—¡Cuéntanos! ¿Te fue difícil encontrarlo? ¿Cómo fue que recibiste todo ese poder? ¿Dolió? —pregunta Neri demasiado emocionada.

—Querida, querida. Tómalo con calma. Dale tiempo para contestar —la tranquiliza el rey, sujetando su mano.

Kéilan sonríe un momento antes de hablar.

—Les contaré mis aventuras otro día con más calma; antes, tengo que entregarles algo.

—¿Un regalo? Muchas gracias, eres muy amable —comenta Rur.

—No es de mi parte, es de parte de Cúdred. Se los quería dar en persona para agradecerles su apoyo y amistad durante aquellos días que vivió aquí.

—¿Di... Dijiste… de parte… de... de Cúdred? —inquiere Neri, creyendo que ha escuchado mal.

—Así es —responde la muchacha.

Kéilan abre una de las alforjas que carga Volker, extrayendo el cofre sin barnizar; se lo muestra a los reyes, abriéndolo al mismo tiempo. Los monarcas quedan anonadados al descubrir un pequeño collar y una corona abierta de oro hechos a su medida, ambos con adornos diferentes. El collar es para la reina; el colgante es un ramo de tulipanes de diversos colores, elaborado con piedras preciosas. La corona abierta es del rey, la cual tiene una esmeralda en forma hexagonal justo al frente del accesorio. Ambos monarcas cogen los regalos, contemplando los pequeños detalles. La reina observa por unos momentos los tulipanes de colores, recordando viejos tiempos junto con el poderoso mago.

—Muchas... gracias, Kéilan —dice Neri con una sonrisa y los ojos húmedos.

—«Me gustaría tener una corona de oro» —recuerda Rur mientras contempla la corona, luego alza la vista, agregando—. Fue lo que le dije un día antes de que desapareciera. Lástima que… no pude despedirme yo mismo de él… por última vez —menciona el rey con lágrimas en los ojos.

—Él también quería hacerlo. Me tengo que despedir majestades, hay otros encargos que tengo que realizar —comenta Kéilan, escapándosele una pequeña lágrima del ojo derecho.

—Nos veremos pronto —se despide la reina Neri.

Volker y Kéilan siguen su camino, dirigiéndose con la reina ninfa. En todo el camino se percatan que hay mucho movimiento en el bosque: animales, sátiros, hadas y ninfas corren por todos lados. Algunos se detienen para saludarla sin hacerle ninguna pregunta. Caballo y hechicera llegan al claro real del bosque, donde se encuentran a los reyes y la princesa dando órdenes a sus sirvientes. Están muy apurados, preparando el claro real para un festejo; en medio del claro hay dos mesas largas, formadas por raíces fuertes que brotan del suelo.

—¡Kéilan! ¡Volker! —los saluda la reina de lejos.

Ya al lado de ellos los recibe con un abrazo.

—Su majestad, ¿qué está pasando?, ¿por qué están todos tan ajetreados? —inquiere Kéilan.

—Tu padre nos informó de tu llegada, así que estamos preparando una gran fiesta de bienvenida.

—¿En serio? No es necesario su majestad. De verdad —comenta la hechicera con pena.

—Creo que no lo puedo detener; ya invité a los reyes del mar. Estará todo listo en poco tiempo.

—¿Antes puedo darle un obsequio?

—Mejor durante el festejo. Estoy muy ocupada —se disculpa la reina y se encamina con su esposo e hija; en esos momentos recuerda algo, regresando rápido con la joven, diciéndole—. Retorna rápido a tu casa; Sibisse y yo preparamos un regalo para ti.

Muy emocionada Kéilan se dirige a su hogar, acompañada de su amigo equino. Afuera de la cabaña, junto a una fogata mediana y una mesa, Sibisse y Zulr ayudan a los sirvientes a preparar la comida para la familia, los reyes del bosque y demás invitados: arenque y verduras hervidas. Colocan trozos de quesos variados y pan en varios platos grandes de madera. Bárem e Ixus han salido para ayudar con los arreglos en el claro real.

—¡Mamá!, ¡mamá! —llama la joven después de desmontar, comentando de inmediato el chisme—. La reina me acaba de decir de un regalo para mí, ¿dónde está?

—En tu cuarto, sobre tu cama.

Le indica ella sin distraerse de su labor.

—¡Te acompaño, hermana! —exclama la pequeña Zulr.

Ambas niñas entran a la casa y suben rápido la escalera. Al entrar a su cuarto, Kéilan encuentra en su cama un blusón de manga corta color violeta claro. Justo a un lado han colocado un vestido de doncella de seda con escote cuadrado, de manga larga abierta desde la altura del codo. Toda la seda está estampada con patrones florales dorados. De accesorios le han regalado un cinturón de oro. Láminas delgadas cuadradas están unidas con pequeños eslabones hasta llegar al frente y en medio, donde hay un triángulo; el resto del cinturón que queda colgando, son círculos unidos por dos eslabones. Todas las láminas tienen piedras preciosas en las orillas y el centro. Para el cuello hay un collar hecho con el mismo material dorado con varios colgantes circulares. Otra gargantilla se suma a la colección que tiene, pero esta es de terciopelo y es de color violeta oscuro. Los últimos elementos del regalo, son dos zapatos simples color violeta claro.




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