Libro 1 Historias de un bosque y un gitano (4)

III

Varias cuevas llenan el acantilado muchos metros por sobre el fondo del mar; algunas las labró la propia naturaleza, mientras que otras son faenas terminadas o en plena construcción por parte de sirenas y tritones. Las viviendas simples se extienden a lo largo de la muralla natural. La residencia de los reyes es una cueva bastante grande en la misma base.

Grigore y el tigre encuentran sin problemas la cueva indicada por Leonora. En la entrada de la misma, unas anchas cortinas de tela simples de color amarillo cumplen la función de puerta improvisada, mientras que una vara delgada de madera en la parte superior la mantiene en su lugar; para evitar que flote todo el tiempo, los residentes le han colocado unos grandes anillos de metal en la parte inferior.

—¿Cómo es que obtuvieron estos objetos? —le pregunta el félido a su amigo.

—Las telas son regalos por parte de las mujeres de mi campamento; muy seguido ellas visitan la orilla del bosque para entregarles esa materia prima a las sirenas, quienes a su vez la usan para confeccionar cortinas y ciertas prendas de vestir, aunque a la mayoría no le gusta usar ropa. También les ayudamos con algunos utensilios de cocina, como platos y cubiertos. Bueno, ahora a lo que venimos —comenta Grigore.

El gitano llama en voz alta con su pensamiento.

—¡Hola! ¡Buenos días! ¡¿Hay alguien en casa?!

La cortina se abre, dejando al descubierto el interior de la cueva. Primero que nada ambos personajes observan a una sirena; suponen que es la madre del tritón perdido. Ella posee ciertos rasgos de un pez. Toda su piel es de color verde limón con los característicos brillos de las escamas. Su cola de pez empieza desde la cintura. Tiene un cuerpo escultural y las branquias las tiene en las costillas. Sus ojos son almendrados y alargados, un poco rasgados, de color rosa con iris y pupilas negras. Posee membranas nictitantes. No tiene pelo, pero sí varias aletas del mismo color de su piel, delgadas y muy largas que nacen de su cabeza, provocando la ilusión de que tiene cabello lacio y largo. Una gran aleta dorsal va desde su nuca hasta su espalda baja, mientras que la aleta caudal es de forma de velo, aparte hay dos pequeñas aletas debajo de su ombligo y otras dos en la cabeza en lugar de orejas.

—¿Quiénes son ustedes? ¿Ya encontraron a mi hijo? —pregunta con angustia la sirena.

—Todavía no. Soy el gitano mayor del bosque de Güíldnah y este es mi amigo, el tigre del bosque Piud. Nosotros buscaremos a su hijo —contesta Grigore.

—Oh. Está bien —expresa desilusionada la madre.

—Necesitamos que nos dé información —pide el tigre.

—Claro, pasen —invita la sirena.

El tigre no se esperaba que al entrar toda la caverna estuviera iluminada con una luz azul claro; tal parece que los destellos provienen de unos corales duros acomodados en distintos lugares de la pared de la cueva. Al final de la vivienda hay otros cuatro cuartos; han colocado cuatro cortinas para más privacidad: dos de tela y dos de varias algas largas. No hay nada de decoraciones o muebles, solo rocas de diversos tamaños que usan como sillas o una pequeña mesa de adorno. El gitano se sienta en una roca mientras que el tigre se sienta en el piso; la sirena se sienta en otra gran piedra, al frente de los invitados.

Pensando que su hermano menor ha llegado, aparece la hija adolescente de la sirena. El aspecto de la hermana del tritón es de una sirena clásica.

—Hola —la saluda el tigre.

—Hola —contesta la sirena, acercándose con su mamá—. ¿Ya encontraron a mi hermano? —le pregunta la muchacha a los extraños.

—Pronto lo haremos. Para poder encontrarlo necesitamos que nos describan cómo es él.

Luego Grigore le pregunta a la madre

—¿Es semejante a su hija?

—No. Él se asemeja a mí. Mi hija es más parecida a mi esposo; ella heredó mis ojos —aclara la sirena—. Mi hijo…

—Perdone que la interrumpe, ¿cuál es el nombre de su hijo? —indaga Rudolf «El patriarca».

—Se llama Mádior. Tiene ojos almendrados color naranja. Sus orejas son como las de mi esposo; puntiagudas, semejantes a las de un hada o una ninfa. Tiene tres aletas cortas en la cabeza en lugar de cabello, aparte de su aleta dorsal en la espalda. Su cola caudal tiene forma de lunata. También tiene una corta aleta en cada lado de los brazos, desde el hombro hasta el dedo meñique. Sus agallas las tiene en los pómulos y en su cuello. Todas sus escamas son color púrpura.

—¿Es muy activo su hijo? —inquiere el romaní.

—Demasiado, siempre quiere recorrer todo el reino o jugar con sus amigos. Tiene mucha energía —comenta la sirena, añadiendo—. Me ha dicho que quiere ser un aventurero.

—¿No tuvieron alguna discusión días antes?, ¿alguna razón para marcharse? —pregunta el tigre marino.

—No, claro que no —asegura la madre, reafirmando su respuesta con su cabeza.

Ella da su versión de lo que sucedió el día anterior para terminar de convencer a los detectives temporales.

—Ayer, cuando el rey dio la noticia del tiburón blanco y la orden de quedarse adentro de los límites del reino, mi hijo le comentó a mi esposo que sería una buena oportunidad para que usara su espada.

—¿Espada?, ¿poseen armas? —pregunta Grigore.

—Hace tiempo mi esposo descubrió varios objetos en una embarcación hundida, afuera de los límites del reino. Entre los objetos que recogió fue un cofre y una espada de dos manos muy simple. La cuida, mas nunca la ha utilizado —explica la sirena con brevedad, luego continúa con la historia de ayer—. Como le relataba, cuando mi hijo le aconsejó a mi esposo de utilizar su espada, todos nos reímos del comentario unos momentos y luego todo se olvidó. Ya no se dijo nada del tema.

—De hecho… —interrumpe la hija sirena, recordando algo—, platicamos él y yo, aquí en la sala y antes de acostarnos; ustedes ya se habían ido a dormir. Le comenté de broma que sería mejor que el mismo fuera a buscar al tiburón y a su ejército, para poder…




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