En poco tiempo Grigore y el tigre llegan a la zona de corales blandos que les indicó el escualo adolescente. Hay una infinidad de formas de corales: de arbustos peludos o secos de diversos colores, aparte de ramas delgadas y largas enterradas en la arena (ya sea en grupos o separadas), otras parecen grandes hojas de una planta. El gitano no reconoce ninguna especie de los peces. Se asombra con las estrellas marinas que encuentra, pero no tanto con los diferentes pepinos de mar.
—Mantente muy atento camarada. Puede ser que lo encontremos por el camino.
—Lo intentaré. Espero no distraerme de más observando el paisaje.
Mientras avanzan se inicia una plática.
—Cofrade. Tengo una curiosidad reciente en mi cabeza; ¿por qué soy tan importante para ustedes en estos últimos meses?
—¿A qué te refieres?
—¿Recuerdas la pregunta que me hiciste cuando nos encontramos en el bosque?
—Recuerdo la plática, mas no recuerdo ninguna pregunta.
—Me preguntaste si creía que el favor que me han pedido es una tarea muy simple para que me hubieran llamado.
—¡Oh! Cierto, aunque yo no lo consideré una pregunta, sino un comentario.
—Ese es mi punto. Me he dado cuenta de que en los últimos meses, muchos habitantes del bosque me enaltecen en sobremanera. Casi igual que los reyes mismos; inclusive creo que más. Muchos creen que si estoy en el bosque, es porque algo importante acaba de ocurrir.
—¿Te molesta?
—No diría que es ese sentimiento; yo diría que me extraña. Yo opino que tendrían que admirar más a Sir Ahren. «Los guerreros olvidados» hacen más bienestar que mi gente.
—Tal vez para los demás reinos de Ítkelor, pero en lo que respecta al bosque Piud y el reino del mar, tu gente ayuda más; aparte, tengo entendido que años atrás animaste a tu gente para que dejaran la vida bandida que tenían.
—Lo hicieron, pero hay algunos que no quieren dejarlo. ¿Qué tengo yo para recibir halagos y admiración, aparte de encargarme de trabajos especiales?
—¡Pensé que esto era una simple tarea de rescate!
—Si es tan simple, ¿por qué la reina Leonora no lo hizo antes? Ella y su esposo son muy poderosos. Cuando subió a pedir ayuda al bosque, ¿por qué los reyes no se ofrecieron a ayudarla? Ellos también se pueden convertir en sirena y tritón. ¿Quién puede contra los cuatro reyes juntos? Si les preocupaba su hija, podían dejarla en la ciudad submarina. Si les preocupaba el bosque, podían dejárselo encargado a los reyes menores, ellos también son poderosos.
El tigre se queda pensativo por unos momentos mientras revisa alrededor.
—En mi opinión colega, te tengo mucha estima por la ayuda que me has brindado con mi familia, además por las noticias que traes de las demás tierras alejadas del bosque. Saber que a más personas les gusta oír de nuestras vidas.
—No es para tanto. Muchos no me escuchan. No le veo nada especial.
—¿Qué tal si nos encontramos con otros tiburones? Sabes muy bien que los animales que habitan en las afueras de los reinos son salvajes y no hablan otro idioma. Es probable que por eso te llamaron. La magia tampoco funciona en ellos.
—No soy tan hábil con mis dos espadas Kilics; si lo piensas, mejor hubieran llamado a un pequeño grupo de los guerreros olvidados, ¿no crees?
—Para todo tienes una respuesta. Mejor pregúntaselo tú mismo a los reyes del bosque. Ellos te explicarán por qué eres tan especial.
—Eso haré.
—Ahora tú resuélveme una duda propia. Si ya sabías que el tiburón Lysander quería probar la carne, ¿por qué no le ayudaste a convencer a la reina Leonora para que publicara la ley de los carnívoros solo para él?
—¿Crees que mi palabra hubiera cambiado el veredicto final de Leonora? Conozco el carácter especial de esa sirena; cuando ha decidido algo, cualquier decisión de cualquier tipo, es muy testaruda y es imposible hacerla cambiar de opinión. Ni siquiera yo podría convencerla para que decretara la ley de los carnívoros, a pesar de que soy un aliado especial.
» En mi opinión personal Leonora tiene razón. Es importante no quebrantar las leyes ante primigenias del reino submarino, porque es gracias a ellas que obtuvieron la inmortalidad.
—¿En serio lo crees? ¿Entonces piensas que mis amigos lobos y zorros morirán en los próximos años?
—Puede ser que tengan una longevidad muy larga, pero inmortales ya no son. Es solo una teoría mía, pero el único que podrá comprobarla es el padre tiempo; tú también lo podrías corroborar, pero yo no.
Ya no se dice otra palabra de ninguno de los temas anteriores, mientras que ambos personajes recorren toda la zona de coral sin divisar al tritón. Por fin llegan al principio del desierto marino, sorprendiéndose de encontrar al joven desaparecido a unos metros más adelante. Se encuentra acostado, con el cuerpo enterrado en la arena y solo con la cabeza al descubierto. Una espada simple reposa a su lado, enterrada en la arena.
—¡Llegamos tarde! —exclama horrorizado el tigre.
—¡Por poco y lo hacemos! ¡No puedo creer que se haya dormido, en medio del desierto!
Empiezan a acercarse al cuerpo del tritón.
Un tiburón zorro se acerca veloz, dirigiéndose hacia Rudolf «El jefe». Sus intenciones no son nada buenas; el escualo ha abierto su boca, listo para un ataque directo.
—¡Cuidado! —grita el félido.
El tigre logra salvarle la vida a su colega al último momento. Ataca al tiburón, dándole una feroz mordida en la cabeza. Pronto se enfrascan en una batalla; buena suerte que el tiburón tiene las de perder. Agradecido por la intervención del tigre, Grigore desenvaina sus espadas, indeciso por ayudar a su amigo o no hacerlo para evitar herirlo por accidente. Termina por ser un espectador solitario. Segundos después mira alrededor, dándose cuenta de que se acercan más tiburones de diferentes especies.
—¡Mádior! ¡Despierta! —grita Rudolf «El patriarca», mas el tritón no abre los ojos—. ¡Camarada! —le grita el gitano al tigre—. ¡No te entretengas con uno por mucho tiempo! ¡Se acercan varios!
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Editado: 09.10.2026