Libro 1 Historias de un bosque y un gitano (4)

V

—La carne es muy deliciosa —se dice a sí mismo el tiburón blanco Lysander descansando sobre la cubierta del barco. Acaba de comer un gran bocado de atún rojo.

Al momento de hacer una ligera pausa se da cuenta de que se acerca un grupo de soldados suyos escoltando a unos prisioneros.

—¿Qué tenemos aquí? —se pregunta Lysander mientras que ellos se acercan.

Por fin llega el grupo con el líder; un tiburón zorro se acerca al tigre marino.

—Compañero. El escualo me dice que ustedes dos tienen que dejar sus armas al frente.

Ellos obedecen, soltando sus espadas a varios centímetros del jefe tiburón y sobre la cubierta.

Uno de los soldados salvajes se acerca con su líder, informándole de lo sucedido hace apenas unos momentos, luego se regresa a su lugar con el resto de los suyos.

Casi de inmediato Lysander nada directo hacia Grigore.

—¡Amigo líder romaní! ¡Me da mucho gusto verte!

—¡Lysander! También me da gusto verte.

Rudolf «El patriarca» le estrecha una aleta a su amigo mientras se saludan. Acto seguido Lysander nada alrededor de un prisionero en particular.

—¿Qué creatura eres tú? —le pregunta al félido.

—Soy el tigre del bosque Piud; la reina me convirtió en mitad pez para poder respirar bajo el agua.

—¡Ah! Ya veo.

Lysander regresa a su sitio de descanso, para después preguntarle a los tres cautivos.

—¿Qué asuntos los trae por aquí?

—Solo buscábamos al tritón aquí presente. Muy temprano en la madrugada se escapó de su casa. Su familia y la reina Leonora me pidieron que lo encontrara y regresarlo a la ciudad; mi camarada félido se ofreció para ayudarme.

—¿También te pidió que destruyeras a mi ejercito, amigo gitano?

—¡No nos pidió eso! Tus soldados se encontraron con nosotros. ¡Ellos nos empezaron a atacar! Solo actuamos en defensa propia —dice el tigre algo alterado.

Lysander se queda callado unos segundos, antes de preguntarle al tritón.

—¿Por qué te escapaste de tu hogar?

—Pues… cuando la reina dio la orden de quedarnos en el reino… quise visitar mis lugares favoritos. Creó que no podré salir del reino por mucho tiempo.

Todo el tiempo Mádior mantiene la cabeza agachada.

—¿Por qué la espada?

—Sé que hay peces salvajes afuera del reino; la traje para defenderme de esos peces.

—Una decisión sabia. ¿Desde cuándo nadie puede salir del reino?

—Apenas… ayer. Muchos ciudadanos vigilan los límites de la ciudad.

—Pensaba que tardaría más en tomar precauciones. ¿Cuáles son los lugares que querías visitar?

—La zona de los corales blandos y…

Pasan unos segundos de silencio.

—¿Y?

—Este barco hundido.

—Esperen unos momentos —les dice Lysander a los tres prisioneros.

Nada arriba y lejos de ellos, seguido por todos sus soldados.

—Deberíamos de alejarnos lo más rápido posible —opina Mádior.

—No lo creo —comenta el romaní, observando al grupo de tiburones.

—¿Por qué no? Es una excelente oportunidad —reprocha el tigre.

—¿Le tienes miedo al tiburón blanco? —le pregunta el gitano con una leve sonrisa.

—No confió en él. Es distinto.

—Yo sí. Esperemos a que vuelva —dice Grigore, regresando la vista a los escualos.

—Te preguntaría el porqué, mas ya sé que me darás buenas razones. Esperemos entonces —manifiesta sonriente el tigre.

El grupo sigue con la reunión por otro corto tiempo. El gitano y el tigre los esperan tranquilos, aunque Madior no tanto. Rudolf «El jefe» se dirige a un barril cerrado cercano para descansar por el momento, utilizándolo como asiento. El grupo de tiburones se aleja del lugar, al tanto que el tiburón blanco regresa con los visitantes.

—Ya resolví el problema —dice Lysander, aliviado.

—¿Cuál… problema? —pregunta nervioso Mádior.

—Todos querían matarlos a los tres; no podía dejarlos hacer eso. Respeto a todas las creaturas de los dos reinos: del bosque y del mar; en especial, no podía dejar que le hicieran daño a mi colega patriarca. De no haber persuadido a mis soldados de dejarlo con vida, tendría a todo el campamento y a «Los guerreros olvidados» tras de mí. Me disculpo por el terrible incidente de unos momentos. Algunos semejantes son muy territoriales.

—¡¿Conoces al patriarca gitano?! —pregunta el tritón con sorpresa.

—¿Quién no lo conoce, aunque sea de oídas? Su popularidad e importancia han aumentado demasiado durante los últimos meses. Yo lo conozco desde hace una década —le responde Lysander, para luego dirigirle la palabra al húngaro—. ¡Hombre! ¡Esto de comer carne es fabuloso! Me he dado un festín tras otro desde que esa reina idiota me sacó de la ciudad. De seguro ya tengo varios kilos de más en la panza, pero sí que ha valido la pena. ¿Y a ti como te ha ido con tu gente? ¿Sigues escondiéndote de ese rey Derek?

—No estoy escondido. Estoy seguro de que Derek sabe a la perfección la ubicación de mi campamento, pero tal parece que prefiere dejarnos en paz. Eso es lo que me dijo mi amigo Ferdinand. Siempre estamos atentos, a pesar de que parece todo calmado.

—Disculpen que interrumpa su conversación, mas ya es hora de irnos. Los familiares de Madior están muy preocupados por él —expresa el tigre al acercarse con los dos amigos.

—Antes de despedirnos, quiero platicar contigo, Lysander.

—¿De qué tema?

—¿Es cierto que planeas atacar a toda la ciudad?

Una sonrisa se borra en el rostro de Lysander, apareciendo una seriedad total.

—A la ciudad no, solo a los monarcas, en especial a la reina Leonora.

—Los guardias y habitantes no te lo permitirán, ¿qué harás con ellos? —pregunta el tigre.

—Desarmarlos sin hacerles daño; me ayudarán mis soldados.

—Estás reuniendo tiburones salvajes; bien sabes que no los puedes controlar al cien por ciento —menciona Grigore.

—Confió que sí lo podré hacer. Hasta el momento no he tenido problemas.

—Perdón por contradecirte, pero te estás olvidando del ataque que sufrimos hace pocos minutos. Mira como me dejaron el brazo.




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