Así terminó de contarles la historia Grigore a sus amigos Emil y Joseph. Ellos tres se han reunido en una de las orillas del bosque, poco después de haber escuchado la historia del pavo real Aleksei y la gitana Danitza. Grigore ha pedido completa privacidad, por le que no hay ninguna alma a la vista, animal o mística.
—Después de los agradecimientos y una pequeña comida, el tigre y yo nos despedimos de los reyes del mar, subimos a la superficie y la reina Leonora nos devolvió nuestra apariencia física original. El tigre regresó con su familia y yo… bueno, ya sabes —detalla Grigore sentado en una roca grande.
—¿Tu brazo sanó solo? —pregunta Emil, sentado en un pedazo de tronco.
—Me lo curó la reina ninfa Zelinda, cuando salí a la superficie.
—Supongo que sirvieron algas en la comida de agradecimiento. ¿Cómo es su sabor? —indaga Joseph, acomodado en uno de sus bancos de viaje de madera, objeto que ha traído uno de sus vasallos.
—En lo personal tenía un sabor parecido a la col, pero eso era porque estaba transformado en un semi-tritón. No sabría decirte cuál es su sabor en la lengua de un humano.
—¿Platicó con los reyes para resolver la duda acerca de su popularidad repentina, líder romaní? —inquiere Joseph.
—Solo me dijeron que mi gente ha ayudado mucho en diferentes trabajos, aparte de las historias que siembro por todos los reinos.
—Es casi lo mismo que te dijo el tigre —opina Emil.
—Ahora también empezarán a hablar más de ti ahora que derrotaste a un dragón —opina sonriendo Grigore.
—¿Le entregó el recado a la madre tiburón Perla, jefe húngaro? —pregunta Joseph.
—No —responde Grigore mientras voltea a un lado durante unos segundos—. Le mentí diciendo que no encontré a su esposo, solo a uno de sus hijos. Antes de llevarlo a su casa, le pedí a Liam que no dijera nada sobre nuestro encuentro en el barco.
—Estás muy angustiado. ¿Tanto te preocupa el reino del mar? Tienes a tu gente —dice Emil tratándolo de animar.
—Las flechas no sirven bajo el agua, añadiendo que mis hombres no son muy hábiles con la espada, a excepción del gitano campeón.
—También cuentas con «Los guerreros olvidados», a eso súmale los propios residentes del reino submarino.
—El tiburón dijo algo muy cierto —expresa Rudolf «El líder» con mucha seriedad, intercambiando miradas con sus dos amigos—. Los cambios en la naturaleza y en el ser humano son inevitables y necesarios, quieras o no quieras. Si el tiburón blanco ataca la ciudad, no creo que sea necesario que alguien intervenga, ni siquiera los reyes del bosque.
—¡¿Vas a darle la espalda a los reyes del mar?! —pregunta sorprendido Emil.
—Lo único que se puede hacer es vigilar para que el ataque no se salga de control, solo eso. Si el tiburón se convierte en el nuevo rey y destierra a Leonora, no podemos hacer nada para evitarlo.
—Lo correcto sería ayudar a la reina a combatir al tiburón y su ejército. ¡Pelear contra el enemigo! —expresa con severidad y convicción Joseph.
—¿Quién es el enemigo? —pregunta Grigore con seriedad, intercambiando miradas con los dos compañeros una vez más, para luego dar su opinión personal—. Tanto la reina Leonora cómo Lysander tienen buenas intenciones y razones por defender; ambos quieren la paz en el reino. Lysander aún tiene sentido común y corazón; solo quiere desterrar a aquellos con quien tiene rencor, no los quiere asesinar.
—¿Qué le ocurrirá al pasar los años? De seguro acabará actuando como un animal salvaje —opina Emil.
—No lo creo. Extraña demasiado su hogar; aun si vive un año en el reino salvaje, seguirá actuando cómo un habitante del reino submarino —responde Grigore.
Emil y Joseph guardan silencio, sin saber qué contestar.
—Solo deseo que en el tiempo en que reúna a su ejercitó, Lysander cambie de parecer y cancele la invasión. Con respecto a la innovación del reino del mar; solo el tiempo sabe cuándo ocurrirá.
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Editado: 09.10.2026