Libro 1 Historias de un bosque y un gitano (4)

VII

(Escena retrospectiva.

Después de que Grigore y el tigre terminaron de comer durante el banquete en su honor.

La verdadera historia)

El tigre y Rudolf «El líder» están en el salón real del mar, en presencia de los reyes sentados en sus tronos. El zíngaro ya no requiere del cabestrillo, porque la reina Leonora es quien le ha curado su brazo.

—Muchas gracias líder zíngaro por traer al tritón —expresa el rey.

—Lástima que no lograste convencer al tiburón Lysander de cancelar la invasión —expresa con tristeza Leonora.

—Despreocúpate querida. Nunca podrá derrotarnos. ¿No es así amigo zíngaro? —pregunta el rey con plena confianza.

—Claro que no su majestad. No creo que pueda —responde Grigore, confiado y alegre.

—¿No quieres un collar mágico para agregar a tu colección? Uno que te permita transformarte en medio tritón o en uno completo.

—Si lo cree apropiado, lo aceptaré, reina Leonora —dice Grigore con cortesía.

El accesorio elegido es pertenencia de la reina. Ella se quita uno de los varios collares que tiene puestos; escoge un collar simple adornado con cuatro conchas marinas. Momentos después ella misma se lo acomoda a Grigore en el cuello.

—Muchas gracias su majestad.

—Ahora ya podrás transformarte en un tritón completo, en semi-tritón o en humano. También funcionará con tu amigo terrestre; solo colócaselo en cualquier parte de su piel y concéntrate —explica Leonora.

—Gracias de verdad, sus majestades —manifiesta el tigre mientras realiza una reverencia.

—Los acompañaremos de regreso al bosque. Vamos.

Ya en las orillas del mar, gitano y tigre salen a la superficie.

—Bienvenidos de vuelta —saluda la reina Zelinda, quien se encuentra parada en la orilla. La acompaña su hija, su esposo y los monarcas menores.

Ambos aventureros suben la pequeña pendiente, pisando el pasto verde del bosque; la reina del mar ha utilizado un hechizo para que las ropas de Grigore sean repelentes al agua. Ya en tierra firme el líder romaní usa su nueva adquisición, volviendo a su forma humana; un instante después ayuda al felino a recuperar su aspecto terrestre.

—Hasta luego, amigos. Nos veremos otro día —se despiden los monarcas del mar.

—Espera Leonora, espera. Hoy le compartiremos una noticia importante a nuestro aliado húngaro. Nos tendrás que acompañar mientras que tu esposo e hijo regresan a la ciudad —le informa Zelinda, acercándose veloz a la orilla del mar.

—¿Es hoy? Yo creía que lo haríamos mañana. Bueno, está bien —dice Leonora con tranquilidad para después despedirse por el momento de su pareja y de Enam.

Leonora se transforma en humana completa, al tanto que Grigore termina de vestirse con sus calcetines y botas.

—Por mi parte me despido, mi familia debe de estar preocupada. Gracias por dejarme vivir esta aventura contigo, colega —comenta el tigre después de sacudirse el agua.

—De nada camarada. Hasta luego. Saluda a todos de mi parte.

Sin nada más que decir, el tigre se dirige a retomar sus deberes familiares.

El jefe zíngaro ya está listo y seco cuando la reina Zelinda se acerca con él, entregándole las riendas de su caballo purasangre.

—Aquí está su compañero de viaje, líder gitano, pero antes de que se vaya, tenemos que decirle algo importante —dice ella.

—¿En serio? Porque yo quería preguntarles algunas inquietudes que tengo —responde él.

—Entonces primero aclararemos esas dudas, para luego darle nuestro mensaje.

El líder romaní se acerca a un árbol delgado para amarrar las riendas de su corcel; entre tanto, la reina hace crecer una silla para el gitano, enfrente de los tronos de ramas. Todos se sientan en sus respectivos lugares, incluyendo Leonora.

—Antes que nada, ¿ya saben algo nuevo de Kéilan y mi hermano Gyula?

—La última vez que vinieron dijeron que solo les falta un libro. Es el más difícil de hallar, así que van a tardar —informa Zelinda.

—Ojalá y no tarden mucho —comenta un poco decepcionado el jefe romaní, agregando después—. El segundo asunto que quiero tratar es sobre una duda que tengo en mi cabeza.

—¿Qué dilema es ese? —pregunta la reina hada Neri.

—Me he dado cuenta de que mi popularidad e importancia han subido demasiado en los últimos meses; he sido solicitado por ustedes en más ocasiones de lo habitual, resolviendo percances emergentes muy leves. No quiero decir que sean perezosos ni nada por el estilo, pero ¿por qué suceden todas estas situaciones? —pregunta Grigore muy desconcertado.

—De hecho, ese es el asunto importante del que tiene que enterarse. No sabíamos si darle más regalos o no, mas creo que con los que posee serán suficientes. El regalo que acaba de recibir de mi parte es de uso más personal —responde Leonora.

—Tengo muchos regalos y agradezco en sobremanera que me los hayan dado; ¿qué tienen que ver con el tema? —inquiere Grigore.

—Has recibido bastantes tesoros, pero también muchas alhajas mágicas: collares, anillos y brazaletes de cuero y metal. Varios fueron fabricados por nosotros mismos y los otros los hemos encontrado —explica Zelinda.

—Tu poder mágico es igual que el de cualquiera de nosotros —comenta el rey Kírill.

—Yo diría que eres más poderoso que nosotros, los seis reyes, y la familia completa de hechiceros; eres el más poderoso de todo Ítkelor —comenta el rey Rur.

—Tengo entendido que solo me proveen de unos cuantos poderes; no son tantos como el amplio repertorio que tienen ustedes —dice Rudolf «El líder» un poco preocupado.

—Lo que te falta en variedad lo tienes en poder —aclara el rey Kírill.

—Todos estos encargos repentinos, son entrenamientos para que controles a la perfección esos poderes —aclara la reina Neri.

—¿Alguna razón en especial? Los dos reinos se han mantenido en plena paz por varios años.




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