En el campamento de Güíldnah, el gitano campeón Andrei ha quedado a cargo mientras el líder regresa. Sostiene una plática con un guardia, cuando los dos hombres ven que se acerca Grigore a toda prisa.
—¿Qué sucede señor? —le pregunta Andrei a su líder.
—Quiero que todos los hombres y muchachos se presenten en Piud; que los guardias se queden a vigilar el campamento. Lleven todas las hachas que tengamos, al igual que las carretas simples junto con los caballos disponibles. Cuando lleguen al bosque, díganles a los guerreros y a los residentes que esperen por mí; antes, quiero darle el aviso a alguien especial. Llegando a Piud se enterarán del gran y terrible acontecimiento que acaba de ocurrir.
—¡En seguida, señor! —contestan los dos gitanos, organizando en un santiamén a todo el campamento.
Entre tanto que la mayoría de los varones de la comunidad se moviliza, Grigore se dirige al castillo de Güíldnah.
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El vasallo Emil se encuentra jugando con el príncipe y la princesa en el jardín principal. Niamh juega con una muñeca de trapo mientras el príncipe se encuentra en medio de un duelo con el niñero; Evans usa una espada de madera al tanto que Emil se defiende con un escudo pequeño del mismo material, el cual se lo ha prestado el príncipe.
—Sí que eres muy valiente, héroe, mas nunca me derrotarás —dice Jensen, imitando la voz de un malvado mago o guerrero.
—¡Perderás villano! ¡Eso te lo aseguro! —expresa Evans.
El pequeño príncipe empieza a atacar con más fuerzas al enemigo, obligándolo a retroceder; el vasallo cae de espaldas, porque Niamh le ha puesto el pie a propósito, haciéndolo tropezar. Ya en el suelo los dos niños se le abalanzan, comenzando con un ataque de cosquillas.
—¡Ja, ja, ja, ja! ¡Me rindo! ¡Me rin…! ¡Ja, ja, ja! ¡Ustedes ganan! ¡Ustedes ganan! —exclama Jensen a duras penas.
Los príncipes detienen su asalto, quedando los tres recostados en el pasto y riendo por otros momentos; el descanso alegre es interrumpido cuando el sirviente escucha algo.
—Compañero. Tengo noticias urgentes —dice la voz.
—Colega Rudolf «El líder». ¿Eres tú? —pregunta Emil después de levantarse.
Los niños también se ponen de pie, atentos a la voz que escuchan.
—Sí, soy yo. Ven a los arbustos grandes junto a la muralla —afirma Grigore.
No hay nadie a la vista, salvo los pequeños y Sir Jensen, aun así Grigore no se quiere arriesgar a que otras personas lo descubran. Todos ellos se reúnen atrás de unos arbustos altos, encontrando al gitano mayor.
—¿Qué noticias traes? —pregunta curioso Sir Emil.
—¡Es algo insólito! ¡Acaban de hurtar las llaves mágicas del rey Kírill! —asegura Grigore.
El vasallo se queda serio por unos segundos, hasta que empieza a reírse.
—Estás empezando a tener sentido del humor, colega. Es una buena broma —dice él entre las risas.
—No es ningún chiste; apenas acaba de ocurrir.
—¡Oh! Perdóname. ¿Quién lo hizo?
—Es un enemigo especial. Tengo que hablar con Kéilan para que me dé más información.
—¿Por qué ella?
—Puede ser que resolvamos el misterio que estamos investigando desde hace meses. Vine para saber si podrás acompañarnos.
—Tú solo dime el día para partir compañero. Le pediré a Reginald que me ayude para cubrir mi ausencia… aunque, pensándolo bien… no creo que sea necesario. Les diré a todos mis amigos a donde voy; confío que ellos no le dirán nada a los reyes o inventarán una excusa por mi ausencia.
—¿Podemos ir nosotros? —pregunta el príncipe Evans.
—Lo siento, va a ser una aventura arriesgada. Se tendrán que quedar con sus padres —le dice el gitano a ambos niños.
Príncipe y princesa bajan sus caras tristes.
—Despreocúpense, algún día tendrán su propia aventura —los anima el vasallo Emil.
—Los enemigos cruzaron el mar de Loefr, así que construiremos un barco para alcanzarlos.
—¿Construirlo? Necesitarán de mucho tiempo, hombres y suerte —comenta sorprendido Sir Emil, sugiriendo al final—. ¿No es mejor conseguirlo de alguna manera?
—Eso es más complicado. Fabricar la nave es más tardado, pero es la mejor opción; además, tenemos obreros de sobra y magia de nuestro lado. No sé cuánto tardaremos en construirla. En cuanto esté lista, te lo haré saber en seguida.
» Te dejo amigo. Tengo que organizar todo el plan.
Dicho esto Grigore se eleva por los cielos para cruzar al otro lado de la muralla.
—Nos veremos otro día —se despide el cuentacuentos Emil.
El trío de baja estatura se adentra en el castillo, listos para disfrutar de la merienda temprana.
Afuera de la muralla de piedra, Grigore monta a su caballo y cabalga veloz por el bosque.
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Editado: 30.10.2026