Libro 1 Historias de un bosque y un gitano (5)

III

III

De regreso a la arboleda mística Grigore descubre un océano de gente; es tanta la multitud reunida, que muchos gitanos y guerreros del Este se han quedado esperando en la pradera verde, a escasos metros de los primeros árboles. Se detiene junto a varios de los suyos, desmontando y dejando encargado su corcel con uno de ellos. Con mucha dificultad se interna en el bosque; casi no puede moverse por tantas personas juntas, hombro con hombro. Por fin llega con la reina ninfa y los demás. Sir Terrence, Sir Ahren, Ixus y Bárem están reunidos revisando el dichoso libro; Sibisse, Neri y Rur se encuentran reconfortando a Zelinda, quien sigue sentada en su trono.

—Bien, ¿qué han descubierto? ¿Primero se empieza por el esqueleto? —les pregunta Grigore a los capitanes de los guerreros.

—¿Te refieres de adentro hacia afuera? —pregunta Sir Ahren, volteándolo a ver.

—Sí.

—No. A según este libro, se construyen de afuera hacia dentro —le responde Sir Terrence.

—Algo inusual —comenta Grigore, preguntando al final—. ¿Ya saben cuáles son los pasos que hay que seguir?

—Sí. Ya lo hemos estudiado a detalle —responde Kéilan al lado de su padre; atrás de ella se encuentra Volker.

—¡Gyula! ¡Kéilan! ¡Me alegra mucho que hayan llegado!

—Hay un pequeño detalle, jefe gitano —informa apenado Bárem.

—¿Cuál?

—Según el libro, se necesita roble para fabricar el barco. El bosque más cercano para conseguir esa madera es el suyo.

—Además, ¿dónde los construiremos? Aquí no hay espacio —pregunta Ixus.

—Esos son contratiempos insignificantes; ya les explicaré cómo solucionarlo —contesta Grigore despreocupado, luego pregunta—. ¿Cuántas personas caben en un barco?

—A según el libro, de ochenta a noventa personas —responde Bárem al tanto que revisa los escritos.

—Lo más conveniente sería construir dos.

—¡¿Dos?! —exclaman sorprendidos los dos capitanes del Este.

—Ya les dije que tenemos obreros de sobra, eso sin contar la ayuda de la magia.

—Manos trabajadoras nos sobran, mas nos faltarán herramientas —afirma Bárem.

—Hace poco que Kéilan descubrió un hechizo peculiar en sus libros, ¿no es así? —le pregunta el líder zíngaro a la joven hechicera.

—Sí, así es. Solo facilítenme unas ramas o pedazos de madera, junto con piedras —asevera Kéilan.

—El lugar donde construiremos los barcos será en la playa del Noreste, al lado de la pradera amarilla —menciona Grigore.

—Me parece perfecto. ¿Cortaremos la madera en tu bosque para luego transportarla hasta ese punto? Es demasiado trabajo —dice Sir Ahren.

—En mi opinión, es mejor que la madera vaya por sí sola al lugar —responde el líder romaní, para luego dirigirse con la reina ninfa—. Su majestad, ¿puede ordenarle a un par de árboles de mi bosque que se muevan a la playa?

—Lo haré con mucho gusto —responde Zelinda sonriente. La esperanza de poder recuperar las llaves le anima y llena de energías para ayudar.

—También hay que pensar en la vela y cuerdas; igual puedo proveer de los materiales —propone Kéilan.

—¿Qué necesitamos para las velas? —pregunta Grigore.

—Para eso necesitaremos lana, cuero e hilo; déjamelo a mí. Necesitaré hojas y ramas pequeñas de los árboles —explica la hechicera.

—Si quieres puedes tomar algunas ovejas de mi rebaño. Te las llevaré a la playa —le promete Grigore.

—Gracias —dice ella.

—Antes que nada —manifiesta el líder romaní, dirigiéndose con la reina ninfa—. ¿Dónde se encuentran su esposo e hija?

—Siguen de paseo, cerca del estanque —responde ella.

—Mi hija Zulr también los acompaña —complementa Sibisse.

—Hora de trabajar. Capitanes, Bárem e Ixus. Lleven a los guerreros a la playa del Noreste, justo a varios metros lejos de la orilla del bosque. Que la mitad regrese al bosque Od-Saikr por tiendas provisionales; que esos mismos soldados empiecen a levantar un campamento improvisado en la pradera, no muy lejos de la playa. Algunos descansarán mientras que los demás trabajan. Que dos o tres hombres armados busquen al rey del bosque y a su hija para protegerlos de cualquier intruso. Apréndanse bien los pasos que hay que seguir para construir los barcos. Esperen por nosotros —organiza Grigore.

—¡Entendido! —dicen los cuatro al mismo tiempo.

—¡Ya escucharon al gitano mayor! ¡Que la mitad de los hombres regrese por tiendas provisionales, los caballos y los que se quedaron vigilando el cuartel del bosque!, ¡esos soldados empezarán a levantar otro cuartel improvisado!; ¡ármenlo en la pradera cercana a la playa del Noreste; justo donde termina el bosque Piud! ¡Los demás, muévanse a esa misma playa!, ¡ahí les daremos la siguiente orden! —exclama Sir Ahren hacia sus soldados.

Sir Terrence grita las instrucciones restantes.

—¡Que tres hombres regresen por sus armaduras y sus armas! ¡Ellos buscarán al rey y a su hija en el estanque Áglod!; ¡protéjanlos de cualquier peligro!

Todos los guerreros obedecen de inmediato; los capitanes organizan a sus hombres en las afueras del bosque Piud. Entre tanto, Bárem se acerca con el gitano mayor.

—Amigo, te aviso que se necesitan dos árboles jóvenes, con su tronco bastante recto para la pieza principal de cada barco. Lo que mida cada roble, será el largo total del barco. Para el resto de los navíos, creo que un roble viejo, con su tronco grueso y bastante alto nos bastará —le dice él.

—Gracias por el dato, ahora apresúrate a llegar con los guerreros —le responde Grigore.

Bárem se despide, dirigiéndose a la playa.

Los gitanos aprovechan el gran espacio que se ha desocupado, acercándose más al claro real.

—Kéilan —le llama el gitano, dándole sus propias indicaciones—. El material para las herramientas que nos proporcionarás, lo obtendrás de las ramas sobrantes de los árboles; las piedras las hallarás en la misma pradera y playa. ¿Cómo se llamaba ese conjuro especial? Ya se me olvidó.




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