En las primeras horas de la noche ya han acabado de remover las ramas, raíces y corteza de los tres árboles, dando comienzo con la segunda fase de la construcción. La reina ninfa ha traído algunas antorchas largas; las flamas de estas son especiales, proveyendo más luz que el fuego común.
Es hora de trabajar el tronco de los robles jóvenes, al mismo tiempo hay que dividir el tronco del roble viejo. Las tareas tienen que ser reasignadas: los hombres del gitano mayor y el romaní campeón se ocuparán de las vigas principales, mientras tanto, los hombres de los dos capitanes se encargarán de aserrar el tronco larguísimo y grueso en varios segmentos. Para esta nueva etapa, la hechicera de Alhat-Fher transmuta varias hachas y más piedras para formar sierras largas de leñador, las cuales necesitan ser manejadas por dos hombres.
En toda la noche tardía y las primeras horas de la madrugada solo trabajan unos cuantos hombres; la mayoría se ha retirado a dormir. Llegada la hora en que el sol se asoma por el horizonte, todos los hombres se despiertan, iniciando con la labor matutina; unos cuantos de los leñadores improvisados ya se encuentran demasiado cansados.
—Sería mejor idea robar dos barcos ya hechos. Esto es ridículo y estúpido —comenta un gitano.
—Lo mejor, es que te apresures a terminar el trabajo y dejar de quejarte —le recriminan sus compañeros zíngaros y amigos guerreros del Este.
Ya que el grupo del líder zíngaro y del gitano campeón se encargarán de la misma tarea, el primero decide visitar su campamento.
—Campeón, te dejo encargado a mi grupo por unos momentos. Quiero revisar el avance con las velas —le dice Grigore al gigante.
—No hay problema, jefe —responde Andrei.
Montando a su corcel, Rudolf «El líder» se apresura a llegar con su comunidad.
A medida que se acerca a su campamento empieza a percatarse que hay mucho movimiento. Los caballos y carretas siguen su trayecto: de la playa al bosque de Güíldnah y de regreso. Al llegar a su comunidad, Grigore descubre a gitanas, hadas, duendes y pájaros trabajar con energías de sobra. Ha llegado Míriam, ayudando a cortar los sobrantes de las telas y el cuero; mientras Sibisse y ella facilitan el material, las gitanas, hadas y duendes las cosen entre sí.
Revisadas las velas Grigore regresa a la playa, donde le informan sobre el avance de la construcción: los hombres de Sir Terrence y Sir Ahren ya han terminado de cortar el tronco principal en varios tramos; el trabajo en las vigas principales avanza de manera favorable.
Grigore desmonta de su caballo, empezando a revisar a sus hombres; asistiendo al patriarca, Andrei toma las riendas del corcel rojizo.
Una figura conocida se ha presentado en la escena: es el caballero del Sur. Porta su armadura de siempre, a excepción del yelmo con antifaz; se ha recogido su larga cabellera con ayuda de una cola de caballo.
—¡Amigo! Muchas gracias por venir —lo saluda Grigore.
—Mi compañera y yo nos acabamos de enterar de la noticia lamentable; venimos tan pronto como pudimos —explica Declan.
—¿Qué ha pasado en mi ausencia? —le pregunta Grigore al gitano Andrei.
—Todos los tramos del roble viejo ya han sido aserrados. En estos momentos los están cortando a lo largo; usan cuñas, martillos y palancas de hierro para el trabajo. Bárem e Ixus ayudan para mostrar cómo se hace.
—¿Kéilan está muy ocupada?
—Ha estado cambiando las herramientas todo el tiempo: las sierras por palancas, hachas por cuñas y hachas por martillos, entre otros instrumentos de trabajo. También se encuentra transformando piedras en montones de clavos y roblones de hierro que vamos a necesitar más adelante.
—Por suerte es joven y con mucha energía. ¿Cómo trabajan nuestros hombres?
—Bastante bien; solo a algunos se les dificulta trabajar con las herramientas que nos han proporcionado: azuelas, aparte de unos instrumentos llamados guillames. El hechicero y su hijo nos enseñaron rápido cómo tiene que quedar la viga; pasan a revisarnos el trabajo con regularidad.
—Bien.
El jefe zíngaro se dirige al caballero del Sur.
—Necesitaré de tu ayuda, amigo.
—Cuenta conmigo; ¿qué hago?
—Ve con Bárem y pídele el libro del barco; dile que será mejor que siga ayudando a cortar los troncos. Alcánzame cerca de la orilla del mar.
Declan se apresura a encontrarse con el hechicero, dejando al campeón y al líder atrás.
Un segundo después llega la reina ninfa.
—Gitano mayor —le llama ella.
Ambos gitanos voltean a verla.
—¿Sí? —responde Grigore.
—Mis súbditos preguntan cuándo van a ayudar con el barco; en especial la pareja de osos pardos, de osos negros y el ciervo rojo. Los demás no tienen dificultades por seguir su labor de conseguir la comida y bebida.
—Me parece que ha llegado en el momento adecuado —comenta Rudolf «El patriarca», añadiendo—. Dígales que yo mismo necesito de su asistencia. Que me busquen en la orilla del mar.
—Así se hará —responde la reina Zelinda, retirándose con los animales del bosque.
Mientras tanto, el jefe romaní le da instrucciones a su camarada Andrei.
—Campeón, cuando tus hombres y los míos tengan lista la quilla, que la trasladen a la playa; ahí estaremos Declan, los animales del bosque y yo. Avísales a Ahren y a Terrence que cuando tengan listas otras piezas importantes, que también las envíen a la playa. En esos momentos tu escuadrón y el mío comenzarán con el ensamblado. Cuando puedas, llevas mi caballo al campamento de la pradera para que descanse y coma.
Grigore se encamina a la playa, donde lo espera el guerrero del Sur, quien estudia el libro tan solicitado.
—Compañero. ¿Cómo se empieza a construir el barco? —le pregunta Grigore.
—Según el libro —responde el caballero andante sin despegar la vista de las páginas—, se empieza con la pieza central.
—La quilla, ¿verdad?
—Sí —responde Declan mientras sigue leyendo el libro—, luego el co… codaste y roda. Qué raras palabras —comenta con una cara de perplejidad.
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Editado: 30.10.2026