Liebre Selenita

Capítulo 4

-Ese no es tu lugar Kamra.

 

Intencionalmente había tomado el lugar entre Kyle y Milo, dejando que Canary se sentara del otro lado.

 

Pasamos algunas horas hablando y llegamos a la conclusión de que lo mejor que podría hacer era alejarme de Ezra. Canary pensaba que también tenía que distanciarse de Kyle así que lo que básicamente se nos ocurrió fue cambiar de lugar.

 

-No hay otro lugar Ezra- Contestó Canary sentándose a su lado. Solo Milo permaneció impasible, una sonrisa de lado fue su única respuesta a comparación de los otros dos.

 

-¿Es que acaso no te agrada mi compañía?

 

-No veo cual es el problema, y tu ¿Kyle?- Sabía que era cruel de mi parte preguntarle después de todo lo que había ocurrido el día anterior.

 

Cuando ellos regresaron Canary y yo fingimos estar dormidas así que nadie hablo de nada. Kyle había intentado despertar  a mi amiga pero ella se mantuvo impasible.

 

Voltee a ver a  Milo, le guiñé el ojo lo que hizo más amplia su sonrisa y siguió comiendo. Copiamos su ejemplo sin decir nada más.

 

Y no fue el único momento en el que no diríamos nada, a partir de ese instante cuando Ezra se acercaba a mí para hablar yo me alejaba, algunas veces daba una excusa tonta, otras implemente seguía caminando, fingiendo no haberlo escuchado.

 

En lugar de desanimarse provocó que fuera más insistente.

 

Al terminar cada clase, antes de dormir, al estarse arreglando. No perdía la oportunidad para intentar entablar una conversación conmigo y aunque intentaba resistirme flaqueaba por momentos. En algunas ocasiones quería hablar con él, extrañaba nuestras conversaciones, no había en nuestro grupo nadie más que pudiera entenderme como él lo hacía. Otras veces lo único que extrañaba era su compañía, la sensación de su presencia, era una espina en mi corazón. Cada noche sentía un poco más de culpa, mis fuerzas mermando para poder resistirme.

 

Cada noche fingia dormir apenas tocaba mi almohada, en cambio me mantenía despierta escuchando la respiración de todos pero poniendo especial atención a la de Ezra, algunas noches tardaba en acompasarse, no alcanzaba el sueño, significaba que estaba preocupado, quería preguntarle y sin embargo no lo hacía.

 

Mañana a mañana era la misma historia, en cuanto me levantaba buscaba sin hablar con nadie todo lo que necesitaba para arreglarme y junto con Canary acaparamos el baño para en cuanto estuviéramos listas salir corriendo a nuestras clases sin esperarlos.

 

En esos momentos nuestros últimos pensamientos estaban en Paulet, no se había acercado en algunos días, ni nos interesaba que era lo que sucedía que la mantenía alejada.

 

A diferencia de lo que podíamos esperar que era un poco de paz con cada día que pasaba se acumulaba el estres que sentiamos hasta que algunas noches Canary se metía a mi cama y manteníamos nuestras manos unidas intentando darnos fuerzas mutuamente para resistir.

 

Conforme pasaron las semanas la marca en mi espalda no era la única que se había marcado, las ojeras debajo de nuestros ojos eran un recordatorio constante de la batalla que estábamos manteniendo, no ayudaba el que así como se hacían negras también el humor de nuestros amigos y se pusieran más pesados de lo acostumbrado.

 

-Kamra, tenemos que hablar.- Se estaba a acabando una de nuestras clases de historia, de todo lo que nos comentaron hubo ciertos datos que llamaron mi atención por la extrañeza de la situación, según me dí cuenta a Ezra le pareció de igual manera, razón por la cual dude en decirle que no.

 

-No puedes evitarme por siempre- una sombra de tristeza cruzó su mirada, un pequeño instante, tan corto que dudé si la había visto realmente.

 

-No te estoy evitando Ezra.

 

-Claro, es lo que pensé que dirías. Al menos podrías intentar fingir mejor.

 

El tono de su voz estaba impreso de reproches.

 

-He estado muy ocupada, no es mi intención que te sientas así- Le dí la espalda para no ver su expresión, prefería no seguir leyendo de más en sus gestos. Después de los días que habían pasado ignorandolo (aunque no lo admitiría) esperaba haber tenido algún avance pero cada mañana que revisaba mi espalda veía la luna más clara y definida.




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