Lo que no debió pasar

Capítulo XVIII

Anastasia

No pude dormir.

Bueno, eso no es del todo cierto. Dormí aproximadamente veinte minutos, aunque estoy bastante segura de que pasé quince de ellos intentando encontrar una posición cómoda. El resto de la noche me la pasé mirando el techo de mi habitación, pensando en todas las cosas que William Marcone me había dicho.

Y en las que no.

Especialmente en las que no.

La noche antes de tu caída.

Sus palabras seguían dando vueltas en mi cabeza. ¿Por qué no quiso contarme lo que ocurrió aquella noche? ¿Qué podía ser tan importante como para que prefiriera dejarme con la duda? Y, sobre todo, ¿por qué tenía la sensación de que William sabía mucho más de lo que estaba dispuesto a admitir?

Me giré sobre la cama por enésima vez y observé la ventana. El cielo comenzaba a aclararse y los primeros rayos del sol entraban lentamente en mi habitación.

Maravilloso.

Había pasado toda la noche intentando resolver un misterio y lo único que había conseguido era perder horas de sueño. En mi vida anterior, mis mayores preocupaciones eran pagar la renta, llegar a tiempo al trabajo y decidir si podía permitirme comprar algo que no fuera comida instantánea.

Ahora soy reina, tengo un esposo, un hijo de cinco años y un hombre sospechoso que parece conocer secretos sobre el accidente que me trajo a este mundo.

Definitivamente necesito vacaciones.

Me incorporé lentamente y me froté el rostro. Había algo que no lograba quitarme de la cabeza: William me había contado que la antigua Anastasia estaba considerando marcharse con él. Que estaba dispuesta a dejar atrás su matrimonio, el palacio y, lo peor de todo, a Alek.

Pero también había mencionado que se encontraron nuevamente la noche anterior a su caída.

¿Para qué?

Si ya habían hablado de marcharse juntos, ¿qué más necesitaban discutir?

Suspiré. Quizá Anastasia había cambiado de opinión. Quizá había ocurrido algo que William no quería que recordara. O quizá simplemente estaba volviéndome paranoica.

Aunque, sinceramente, después de conocerlo, creo que tenía motivos suficientes. Ese hombre era guapo, sí, pero tenía una mirada que no me inspiraba absolutamente nada de confianza. Y eso que yo había trabajado atendiendo clientes que sonreían mientras se quejaban de absolutamente todo.

Créeme, sé reconocer una sonrisa falsa.

Volví a acostarme y me cubrí el rostro con una almohada.

—Anastasia, ¿qué demonios hiciste? —murmuré contra la tela, esperando una respuesta que, por supuesto, nunca llegó.

Qué considerada. Ni siquiera podía dejarme una explicación antes de desaparecer.

Unos golpes suaves en la puerta interrumpieron mis pensamientos.

—¿Majestad?

Lili.

Mi salvación.

O mi siguiente interrogatorio.

—Adelante —respondí, apartándome la almohada del rostro.

La puerta se abrió y Lili entró con su habitual sonrisa, aunque esta desapareció apenas me vio.

—Buenos días, majestad —saludó mientras se acercaba a la cama—. ¿Durmió bien?

—Perfectamente —respondí con una sonrisa que probablemente no convencía ni a una piedra.

Lili levantó una ceja.

—¿Cuántas horas?

—¿Es necesario entrar en detalles?

—Anastasia… —insistió, cruzándose de brazos.

Suspiré, derrotada.

—Veinte minutos.

—¡¿VEINTE MINUTOS?!

—Bueno, quince fueron bastante cómodos —aclaré, intentando encontrarle el lado positivo.

Lili negó con la cabeza y se acercó para abrir las cortinas.

—Debería descansar más, majestad. No puede continuar así.

—Créeme, me encantaría —respondí mientras me levantaba de la cama—, pero últimamente mis problemas tienen la desagradable costumbre de aparecer por las noches.

—¿Ocurrió algo? —preguntó, observándome con preocupación.

Me quedé callada un instante.

¿Ocurrió algo?

Me encontré a escondidas con un hombre que aparentemente tenía una relación con la antigua Anastasia, descubrí que ella había considerado abandonar a su familia y ahora sospecho que ese mismo hombre conoce algo importante sobre su accidente.

Nada grave.

—Solo tuve una noche complicada —respondí finalmente.

Lili me miró a través del espejo mientras comenzaba a arreglarme el cabello, pero no insistió. Y se lo agradecí, porque antes de contarle a alguien lo ocurrido, necesitaba entenderlo yo misma.

Aunque había algo que sí podía preguntarle.

—Lili, ¿puedo hacerte una pregunta? —dije mientras observaba cómo acomodaba los mechones de mi cabello.

—Por supuesto, majestad.

—¿Has escuchado hablar de la familia Marcone?

Sus manos se detuvieron brevemente.

—¿Los Marcone? —repitió, mirándome a través del espejo.

—Sí. ¿Son conocidos en Astrelia?

—Desde luego. Es una familia conocida entre la nobleza del reino, aunque no sabría decirle mucho más.

Interesante.

—¿Y conoces a William Marcone?

Lili levantó la mirada.

—¿Lord William?

Ah.

Lord.

Por lo menos ya tenemos un título.

—Ese mismo —respondí, intentando parecer casual—. ¿Qué sabes de él?

—Lo he visto en algunas ocasiones, aunque nunca he hablado personalmente con él.

—¿Y qué opinas?

Lili dudó un momento antes de responder.

—No creo que me corresponda opinar sobre un noble, majestad.

—Lili —dije, girándome ligeramente hacia ella—, te estoy preguntando yo.

Suspiró suavemente.

—No me inspira demasiada confianza.

JA.

¡LO SABÍA!

Mi instinto sigue funcionando.

Maravilloso.

—¿Por qué? —pregunté, intentando contener mi entusiasmo.

—No sabría explicarlo —respondió mientras volvía a acomodarme el cabello—. Siempre parece muy educado, pero hay personas que sonríen sin parecer realmente amables.

La miré a través del espejo.

Exactamente.

Eso.

Eso fue lo que sentí anoche.

—Lili, eres una mujer muy inteligente —declaré con absoluta seriedad.




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