—¿Cómo que se había cancelado y ahora quieren organizarlo otra vez?
Lili levantó la mirada de los documentos que tenía entre las manos.
—Eso parece, majestad.
—¿Y no podían decidirse desde el principio?
Mi doncella intentó disimular una sonrisa mientras yo volvía a leer la invitación que acababan de entregarme.
Se trataba del evento benéfico de una fundación del que ya había escuchado hablar anteriormente. Por lo visto, después de haber sido cancelado, los organizadores habían decidido retomarlo y ahora solicitaban la presencia de los reyes de Astrelia.
Es decir, Amir y yo.
Todavía me resultaba extraño pensar en nosotros de esa manera.
Los reyes de Astrelia.
Sonaba importante.
Y también como una excelente oportunidad para cometer alguna vergüenza frente a la nobleza.
—¿Sabe si su majestad el rey ya recibió la invitación? —preguntó Lili.
—No tengo idea. Aunque seguramente sí. Amir parece enterarse de todo lo que ocurre en este reino antes que nadie.
—Es el rey, majestad.
—Gracias por recordármelo, Lili. Por un momento pensé que solamente era mi esposo.
Ella soltó una pequeña risa.
Dejé la invitación sobre la mesa y me acerqué a la ventana. Desde allí podía observar parte de los jardines, donde algunos sirvientes se encontraban preparando los caminos y cuidando las flores.
El evento de la fundación no era lo único que ocupaba mis pensamientos aquella mañana.
La noche anterior había intentado recordar algo más sobre la conversación que había visto al tocar aquella cinta azul, pero no había conseguido nada.
Ni una imagen.
Ni una palabra.
Absolutamente nada.
Y comenzaba a sospechar que mi memoria disfrutaba haciéndome sufrir.
Cuando era Alessia, había leído Lo que no se valoró convencida de que conocía la historia de Anastasia. Sabía cómo había tratado a Amir y a Alek, conocía su relación con William y recordaba perfectamente el terrible destino que le esperaba.
Pero el libro no explicaba cada detalle de su vida.
Había conversaciones que nunca aparecieron en sus páginas, decisiones que desconocía y personas que parecían saber mucho más de lo que estaban dispuestas a contarme.
William era una de ellas.
Y Leandro, por su comportamiento en la biblioteca, probablemente también.
—Majestad, ¿se encuentra bien?
Me giré hacia Lili.
—Sí, ¿por qué?
—Se quedó muy callada.
—Estaba pensando.
—¿En lo que ocurrió ayer?
La observé durante unos segundos.
Lili había estado conmigo cuando tuve aquel extraño recuerdo. Todavía podía recordar su expresión de preocupación mientras me sostenía de los brazos, creyendo que estaba a punto de desmayarme.
—Un poco —admití—. Pero no te preocupes, no he vuelto a marearme.
—Me alegra escucharlo. Aun así, creo que debería descansar más.
—Lili, si descanso un poquito más, terminaré convirtiéndome en parte del mobiliario del palacio.
Ella negó con la cabeza, divertida.
—Solamente me preocupa su salud, majestad.
—Lo sé, y te lo agradezco.
Le sonreí antes de volver a tomar la invitación.
Quizá lo mejor sería concentrarme en algo diferente por un tiempo. No podía pasarme todos los días investigando el pasado de Anastasia, especialmente cuando tenía otras responsabilidades.
Y una familia con la que quería pasar más tiempo.
Mis ojos regresaron al nombre de Amir, escrito junto al mío.
Recordé nuestro paseo por los jardines y la manera en que sus dedos habían buscado los míos. Después, aquel beso sobre mi mano que todavía conseguía hacerme sonrojar cada vez que lo recordaba.
Qué vergüenza.
Una mujer adulta, casada y con un hijo, emocionándose porque su propio esposo le había tomado la mano.
Aunque, siendo justos, no era cualquier esposo.
Era Amir.
Y eso comenzaba a convertirse en un problema bastante serio.
—Creo que debería hablar con el rey sobre esta invitación —comenté, intentando apartar aquellos pensamientos.
Lili sonrió.
—Por supuesto, majestad. ¿Quiere que envíe a alguien para avisarle?
—No es necesario. Puedo ir a buscarlo después.
—Como usted diga.
Doblé cuidadosamente la invitación y la dejé sobre la mesa.
Todavía no sabía qué ocurriría con aquel evento ni a quiénes volvería a encontrar allí.
Pero, por primera vez, la idea de asistir a una celebración junto a Amir me provocaba más ilusión que preocupación.
Y si alguien me hubiera dicho semanas atrás que terminaría esperando con tantas ganas pasar tiempo con mi esposo, probablemente me habría reído en su cara.
Ahora, en cambio, estaba comenzando a preguntarme si no me estaba enamorando de él.
Aunque, por supuesto, todavía no pensaba admitirlo en voz alta.
***
Encontrar a Amir resultó mucho más complicado de lo que esperaba.
Primero fui a su despacho, donde uno de los guardias me informó que había salido para reunirse con algunos funcionarios. Después me dirigí a la sala del Consejo, pero tampoco estaba allí.
A este paso, iba a necesitar un mapa para encontrar a mi propio esposo.
—Majestad, ¿desea que enviemos a alguien a buscar al rey? —preguntó uno de los sirvientes cuando me vio pasar por tercera vez por el mismo corredor.
—No, gracias. Creo que puedo encontrarlo sola.
Aunque empezaba a tener mis dudas.
Finalmente, cuando estaba considerando rendirme y regresar a mis habitaciones, escuché una voz familiar detrás de mí.
—Anastasia.
Me giré inmediatamente.
Amir se encontraba a unos pasos de distancia, acompañado por uno de sus asistentes. Llevaba varios documentos bajo el brazo y parecía haber terminado alguna reunión.
—¡Amir! —exclamé, acercándome—. Por fin te encuentro.
Él sonrió.
—¿Me estabas buscando?
—Desde hace un buen rato. Comenzaba a pensar que estabas escondiéndote de mí.
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Editado: 24.10.2026