Lo que no se perdona 1

Capitulo 45 Y 46 "El Oasis De Las Vivencias"

—¿Por qué me lo das ahora? —preguntó Amira, con los ojos empañados—. Si Samgar descubre que tengo esto... si sabe que recuerdo...

—Porque el tiempo de las sombras ha terminado —respondió Adira, con una firmeza que no había tenido antes—. Jacob cree que somos piezas en su tablero, pero ha olvidado algo fundamental: él nos quitó nuestra infancia, nos quitó a nuestros padres, pero no pudo quitarnos nuestra voluntad. Amira, el momento de despertar ha llegado. No solo eres la hija de una guerrera, eres la esperanza de un reino que aún no sabe que está cautivo.

Amira apretó el collar contra su pecho. La confusión inicial estaba siendo reemplazada por una llama fría y decidida.

—Si él nos separó —dijo Amira, levantando la mirada hacia Adira—, entonces nuestro primer acto desicivo será encontrarnos. Adira, ayúdame a encontrar a Marom.

Adira sonrió, una sonrisa triste pero llena de orgullo. Eso es exactamente lo que la abuela hubiera querido.

La tensión en la habitación se volvió casi tangible. Amira, procesando la magnitud de la tragedia de Adira, se acercó a ella y le tomó las manos, obligándola a mirarla a los ojos.

—Así que todo este tiempo... —susurró Amira, con la voz cargada de una empatía profunda—. Mientras yo vivía bajo la protección engañosa de Samgar, tú estabas siendo arrastrada a las sombras del reino enemigo. ¿Qué pasó en ese oasis, Adira? ¿Cómo terminaste sirviendo a Jacob si fuiste capturada por los paltas?

Adira suspiró, y su mirada se perdió en el pasado, como si estuviera viendo la arena dorada del oasis manchada por la sombra de sus captores.

—Fue un error de cálculo. Pensé que, por ser la protegida de la Reina Vapsi, tendría

algún valor de intercambio. Pero los paltas no querían un rescate, querían información sobre las defensas del Rey Jacob. Me llevaron a sus mazmorras, donde el tiempo se mide por el goteo del agua y el silencio absoluto.

Adira hizo una pausa, y su expresión se endureció.

Allí fue donde conocí a tu padre. Él no es el hombre que tú conoces, el "padre" amable que te leía cuentos. En aquel entonces, era el estratega más temido de los paltas. Me dio una elección: morir en el olvido o servirle para infiltrarme en el palacio de Jacob. Me prometió que, si lo hacía, me daría noticias de mi hermano Marom.

Amira sintió un escalofrío recorrer su espalda.

Te chantajeó con tu propia sangre —dijo Amira, horrorizada—. Te obligó a traicionar a la mujer que te acogió como a una hija.

Lo hice —admitió Adira, bajando la cabeza—. Me convertí en su espía, en su sombra dentro de la corte de Jacob.

Adira suspiró, y su mirada se perdió en el pasado, como si estuviera viendo la arena dorada del oasis manchada por la sombra de sus captores.

—Fue un error de cálculo. Pensé que, por ser la protegida de la Reina Vapsi, tendría

algún valor de intercambio. Pero los paltas no querían un rescate, querían información sobre las defensas del Rey Jacob. Me llevaron a sus mazmorras, donde el tiempo se mide por el goteo del agua y el silencio absoluto.

Adira hizo una pausa, y su expresión se endureció.

Adira se sentó frente a su hija, sus manos entrelazadas con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos. El peso de los años en Paltania parecía comprimirse en su voz al hablar.

—"A los dieciséis años, Paltania no fue mi hogar, sino mi jaula de oro. Fui enviada como una esclava con privilegios, una espía diseñada para desentrañar los secretos de los enikenses y del rey Jacob. Pero el rey Dalsem, con una astucia que aún me hiela la sangre, vio a través de mi máscara y me convirtió en lo contrario: en su propia herramienta. Allí, entre el lujo y la traición, encontré a Basilae, la hermana de Vapsi. Ella fue mi único refugio; fue quien me cuidó y quien, durante un tiempo, mantuvo el hilo invisible que me unía a Vapsi a través de la distancia.

Adira hizo una pausa, sus ojos perdidos en el recuerdo de aquel tiempo.

—Pero el hilo se rompió. Un día, el silencio se volvió absoluto y nunca supimos por qué. Para entonces, yo ya me había convertido en la concubina de Dalsem, una posición que me permitía ver demasiado, pero que también me condenaba. Y fue en medio de esa oscuridad, cuando la vida comenzó a florecer dentro de mí, que supe que no podía permitir que mi hijo creciera bajo la sombra de aquel rey. Y ese fue mi punto de quiebre.

Su voz se volvió un susurro cargado de una determinación dolorosa.

—Con la ayuda de Basilae, orquesté una huida que debió costarme la vida. Corrí hasta que mis pulmones ardieron, buscando el camino de regreso a mi tierra, hasta desplomarme en el mismo oasis donde años atrás me habían arrebatado mi libertad. Allí, Samgar me encontró. Me reconoció, a pesar de la mujer en la que me había convertido, y con mis últimas fuerzas, me entregué a él. Él fue quien me llevó ante el rey Jacob, cerrando el círculo de mi huida y comenzando el calvario que nos ha traído hasta este momento."

Amira se llevó una mano a la boca, tratando de contener el temblor de sus labios. La imagen de su vida —la que creía perfecta, la de una hija amada en un reino próspero— se había desmoronado, revelando una estructura de mentiras, guerras y sacrificios que apenas podía comprender.

—Entonces... —la voz de Amira salió apenas como un susurro roto—, todo este tiempo, mientras yo jugaba en los jardines y creía que mi vida era un cuento de hadas, tú estabas viviendo un infierno. Fuiste esclava, fuiste rehén, y cargaste con el peso de mi existencia en tu vientre mientras huías de un hombre que quería usarme como moneda de cambio.

Adira asintió, con los ojos empañados por el recuerdo de aquellos días de horror.

—Dalsem no quería una paz, Amira. Quería un trofeo. Y cuando escapé, cuando Samgar me encontró en el oasis... él no solo me salvó a mí, te salvó a ti. Pero el precio fue nuestra libertad. Nos escondimos tras el título de "familia real", pero siempre bajo la sombra de la amenaza de Dalsem.




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