Lo que nunca me atreví a contarte

Los ojos de mi amor

-- ¿Alguna vez te has sentido tan feliz, que quieres morir? -- dijo Lisa, sentada, mirando al horizonte, contemplando la noche, después voltea para verlo acostado, y lo ve directo a sus ojos. El, dejó escapar una carcajada y dijo

-- A veces dices las cosas más extrañas-- La mira con ternura e incertidumbre. Ella, gentilmente golpea su brazo y dice con voz suave, pero algo fastidiada

-- es en serio Aaron! –

-- Bien, bien. Tranquila, explícamelo – dice esbozando la sonrisa mas grande y hermosa que tiene en su repertorio. Aaron, amaba la forma en la que los ojos de Lisa se iluminaban cuando explicaba una teoría, por más descabellada que fuera. Aaron podría escucharla día y noche, sin parar, ni aburrirse ni hartarse. Ella era todo su mundo, y le parecía fascinante. El sabía que tras sus ojos se encontraba un mundo distinto, orbitando en el universo que era su mente. Lisa, siempre encontraba una manera de cuestionar el mundo, en ese aspecto era igual a un infante que empieza a razonar. Ella era tan madura como inteligente, pero aun así conservaba ese asombro de niño en su interior. Y el estaba dispuesto a naufragar entre sus brazos, y descubrir el tesoro que aguardaba dentro.

-- Bien. A veces, me siento tan feliz, y tan completa, que me dan ganas de morir, es como una felicidad que se desborda por donde puede, es tan asfixiante, me hace sonreír en todo momento. Me siento plena, llena de vida, tan feliz, que no me importaría terminar mi vida en ese instante, porque me iría llena de alegrías en vez de amarguras y dolor, mi alma podría ser libre en la inmensidad de los campos de la felicidad, volando en el viento con las aves que migran al sur, escapando del cruel invierno que trae consigo las tragedia de la vida, volando tan alto, que no pueden tocarme, volar al cielo, hasta convertirme en una estrella que guie tus pasos. –

-- Eso es algo triste, ¿no lo crees Lisa? –

-- Depende con que ojos lo veas – Aaron sonríe, como lo hace cada vez que sabe que tiene razón.

-- ¿Eres feliz, Lisa? ¿Conmigo? –

-- Lo soy, Aaron. Y sé a donde vas con esto –

-- ¿Limitarías tu felicidad, para siempre estar conmigo? Ya sabes, no sentirte tan feliz como para querer morir –

-- Aaron, no es eso. –

-- ¿Entonces, que es? ¿Si yo me suicidara…? -- Lisa lo detiene poniendo su mano en la boca de Aaron.

-- Ni siquiera lo digas, Aaron, no lo pienses. – Aaron le besa la mano y la aparta de sus labios, con una gentil caricia

-- ¿No creerás entonces que fui demasiado feliz contigo, que no pude soportarlo más? ¿No me habrías hecho entonces, el hombre más feliz de la faz de la tierra? Ya lo soy, ¿sabes? Cada vez que estoy contigo, lo soy. Y lo seré mil veces más, cada día por lo que me permitas estar a tu lado, besarte, abrazarte, tocarte, verte sonreír, verte existir. No me prives de eso, ¿quieres? –

-- Aaron, yo…-- Aaron la interrumpe, abrazándola por la espalda, mientras ambos están sentados en la parte trasera de aquella camioneta vieja que su padre le había prometido desde que era un niño. Aron besa dulcemente el hombro descubierto de lisa, y sube el tirante de su playera. Lisa baja su mirada, y Aaron sabe en ese instante, que ella simplemente necesita sentirlo ahí con ella. Aaron, no necesita que ella se lo diga, es lo lindo de su amor. Ambos se conocen lo suficiente, que sus almas se fusionaron desde el primer beso, es así que, se comunican solo con una mirada, o con un roce de sus labios.

-- No digas nada, Lisa, está bien –

-- Aaron, te amo, muchísimo. Perdóname –

-- ¿Perdonarte? ¿Qué hay para perdonar? –

-- Por tener este tipo de pensamientos – Aaron le sonríe con ternura, ocultando el dolor detrás de sus ojos, realmente le dolía saber que la mujer que ama no ama su propia vida, sin embargo, no podía expresarle su disgusto, porque sabía que ella lo necesitaba fuerte, necesitaba su apoyo, no era el momento para hacerle ver que lo estaba lastimando, porque sabía que con eso, solo magnificaría su pesar.

-- Lisa, no te preocupes, ¿sí? Sé bien que no podría pedirte que cambies tu visión de un momento a otro, pero quiero pedirte, que me dejes estar para ti, no te cierres, no estas sola en esto. Si te hago feliz como dices que puedo hacerlo, entonces, déjame estar para ti, permíteme ser el hombre que ves en mí. Trata de no ponerle límites a nuestra felicidad, porque si, Lisa, tu felicidad, también es la mía. ¿me amas, Lisa? – Lisa baja la mirada, para evitar que vea la lágrima que recorre se mejilla, la limpia rápidamente, respira hondo, mirando al cielo, toca el brazo de Aaron que esta en su hombro, y bajan las manos, para poder entrelazar sus dedos, se voltea un poco, girando su cuerpo, así quedan ambos sentados, con sus pechos en paralelo, y sus manos entrelazadas, Lisa no lo ve, lo admira.

Mientras lo hace piensa en como fue que el pudo fijarse en ella, sigue las líneas de su rostro, desde su sien hasta su barbilla, sube a sus labios, y los recorre con los ojos, perdiéndose en sus perfectas facciones, sube a su nariz, que estaba algo chueca, de alguna pelea en la que se había visto metido, Aaron sabe bien que ella lo ve, y a pesar de sentir una ligera incomodidad, no lo detiene de admirarla también, y el se pregunta, como una mujer tan bella, no podría amarse tanto, Aaron constantemente se veía hipnotizado por su tez morena, perdido entre sus rizos perfectos, atrapado en su sonrisa, volando en sus grandes ojos café. Aaron sonríe lleno de amor y felicidad, y Lisa puede sentirlo, termina por dejar escapar una sonrisa.



gabyaguilar

#15612 en Otros
#5401 en Relatos cortos

En el texto hay: amor, tristeza y soledad

Editado: 06.02.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar