Después de tantas ilusiones, recuerdos y sentimientos que a veces no encuentran la manera de expresarse, llega un momento en el que también es necesario pensar en uno mismo. Porque, aunque querer a alguien puede convertirse en una de las experiencias más bonitas, nunca debería hacer que una persona olvide cuánto vale.A veces, cuando alguien siente algo muy fuerte por otra persona, comienza a conformarse con pequeños momentos, palabras inesperadas o muestras de cariño que aparecen de vez en cuando. Se acostumbra a esperar, a comprender los silencios y a buscar explicaciones para aquello que no siempre tiene una respuesta. Sin darse cuenta, puede terminar dando más de lo que recibe, creyendo que querer significa tener que soportarlo todo.
Pero el amor no debería sentirse como una espera interminable. No debería hacer que alguien dude constantemente de su importancia ni que tenga que esforzarse por conseguir un lugar en la vida de otra persona. Querer también significa sentirse tranquilo, respetado y valorado.
Porque no basta con tener sentimientos bonitos hacia alguien; también importa la manera en que esos sentimientos son correspondidos. Las palabras pueden emocionar, pero son las acciones las que demuestran el verdadero interés. A veces, una persona puede significar mucho para otra, pero eso no siempre quiere decir que ambas estén preparadas para sentir lo mismo.Y aunque aceptar esa diferencia puede ser difícil, también forma parte de aprender a querer. No todas las historias suceden como se imaginan, ni todas las personas llegan para quedarse. Algunas dejan recuerdos, otras enseñanzas y algunas simplemente muestran lo importante que es no perderse a uno mismo mientras se intenta encontrar el cariño de alguien más.Merecer amor también significa merecer paciencia, respeto, sinceridad y tranquilidad. Significa comprender que no hay que cambiar la esencia de una persona para que alguien decida quedarse. Quien realmente valora a otra persona no debería hacerla sentir que debe competir por atención o demostrar constantemente que merece ser querida.Al final, el cariño más bonito no es aquel que obliga a olvidar las propias necesidades, sino el que permite compartir
sentimientos sin dejar de valorarse. Porque cada persona merece una historia en la que no tenga que preguntarse todo el tiempo si es suficiente.
A veces nos acostumbramos tanto a pensar en lo que sienten los demás que olvidamos preguntarnos qué sentimos nosotros. Nos preocupamos por no lastimar, por comprender, por estar presentes y por demostrar cariño, pero pocas veces nos detenemos a pensar si también estamos recibiendo aquello que necesitamos.«También merece ser amado quien tantas veces ha tenido miedo de no ser suficiente».