Lo Que Se Quedo En El Camino

Capítulo 4

- Este maldito frío... - murmuré mientras me abrazaba a mí mismo, intentando inútilmente retener algo de calor. - Siento que mis huesos se romperán en cualquier momento.

Agarré la sábana a mi lado y me envolví en ella, tratando de amortiguar el frío que parecía no tener piedad.

- ¿Quieres que te caliente? - preguntó Thomas, girando ligeramente en su silla mientras sostenía el control de su consola. Su tono era juguetón, pero había algo más en sus ojos: un atisbo de preocupación disfrazado de broma.

No pude evitar sonreír ante su oferta, tan sencilla como sincera. - No, tú sigue en tus videojuegos.

Thomas hizo una mueca, exagerada como si buscara arrancarme una risa. - Claro, recházame tan fácilmente.

Hubo una pausa antes de que murmurara, casi como un niño al que le negaron su dulce favorito:

- Eres malo.

No pude evitar reír suavemente ante su comentario. Esa actitud tan infantil era parte de lo que amaba de él. Lo hacía real, auténtico, y me daba un respiro en medio de mi tormenta. Pero esa misma ternura, esa misma calidez, también me recordaba algo que no podía ignorar: siento que no es suficiente para aceptarlo.

- Si si, muy malo - bromie

Thomas se quedo en silencio unos minutos, simplemente mirándome. Abrió levemente la boca para hablar, lo dudo por unos segundos y luego la volvió a cerrar.

- Dilo Thomas - le murmure mientras lo miraba fijamente

Thomas soltó un suspiró qué parecía haber contenido mucho tiempo - ¿Me...? - hizo una pausa, como si expresara lo nervioso y vulnerable que se sentía en ese momento - ¿Me amas?

Mire sus ojos caféses por un momento más, desvíe mi mirada hacia el suelo e hice una mueca. Decirle 'no' me dolía, pero si le decía 'si' le daría esperanzas vacías.

- Creo que sabes la respuesta - respondí

Thomas desvió la mirada al escuchar mi respuesta. Su expresión cambió; algo en sus ojos se apagó, como si el poco brillo de esperanza que tenía se desmoronara al instante. Se pasó una mano por el cabello, frustrado, aunque intentaba disimularlo.

- Claro... lo sé. - Su voz sonó quebrada, pero aun así trató de sonreír. - Supongo que soy un idiota por seguir preguntándolo.

- No eres un idiota, Thomas... - murmuré, sintiendo cómo la culpa se clavaba en mi pecho.

Él negó con la cabeza, dejando escapar una risa amarga. - Sí, lo soy. ¿Quién se queda tres años esperando algo que no va a suceder?

No supe qué responder. Mis palabras parecían quedarse atascadas en mi garganta. Lo único que podía hacer era observarlo, memorizar cada línea de su rostro, cada expresión que ahora me rompía un poco más.

- Pero, ¿sabes qué? No importa. - Thomas levantó la mirada, y su sonrisa forzada me dolió más que si hubiera gritado. - No importa cuántas veces me rechaces, Luke. Yo voy a seguir estando aquí.

Sentí cómo las lágrimas querían brotar, pero las contuve. No podía derrumbarme frente a él. Ya había hecho suficiente daño.

- Thomas, no tienes que quedarte. Mereces algo mejor... alguien mejor.

Él negó con firmeza, dando un paso hacia mí. - No. No me pidas que me rinda, porque no lo voy a hacer. Yo elegí quedarme contigo, sabiendo perfectamente lo que implica.

Su determinación me dejó sin palabras. El silencio se extendió entre nosotros como una barrera invisible. Finalmente, Thomas suspiró, dio un paso atrás y me miró con una mezcla de resignación y cariño.

- Solo prométeme una cosa, Luke.

- ¿Qué cosa?

- Que me dejarás seguir intentándolo. Que no cerrarás la puerta por completo.

Quise decir que no, que era cruel mantenerlo atado a algo imposible. Pero al verlo ahí, vulnerable y sincero, solo pude asentir. Aunque sabía que con eso solo alargaba el inevitable final.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.