Loca Orquesta

Parte I Capítulo V

Era la hora del recreo en el área norte, todos bajaron al patio y se pusieron en fila.

Un chico de unos 17 años comenzó a dividirlos en dos grupos, mixtos, la primera prueba era jugar al balón prisionero, el único que quede en el equipo perdedor irá a la mesa nueve, los que queden en el equipo ganador a la 10.

Marcos dio todas sus energías en el juego, pero no era muy fuerte ni tampoco rápido.

―Otra vez será―le susurró Liv colocándole una mano en el hombro.

La siguiente prueba eran pulsos, Marcos había quedado de tercero contando desde el final. Mientras que Liv había quedado duodécima.

Luego tocó jugar al escondite, donde esta vez Marcos había quedado en cuarto lugar, después tocó lucha y finalmente puntería, había que dar con unos tomates en las latas.

―Gracias a todos por vuestra participación―comenzó a hablar Jake―las mesas no han sufrido muchas modificaciones, mañana en la puerta del comedor tendréis la nueva organización―todos asintieron y sonó la alarma indicando que tenían que regresar a sus celdas.

―Necesitas mucho entrenamiento ―afirmó Olivia sentándose en la cama de Marcos, él alzó una ceja―no puedes estar aquí si pierdes un pulso con un niño de seis años, te van a machacar―Marcos asintió y se sentó ―¿cuánto tiempo estarás en este lugar?

―Un año.

―Eso es bastante tiempo...me voy a escapar el mes que viene, si quieres puedes venirte conmigo...aunque hará falta entrenarte un poco...

―¿Y si me pillan?―preguntó preocupado, Liv rio.

―Si te pillan volverás y estarás dos meses más―contó y Marcos hizo una mueca, desvió la mirada―pero tardan sobre unas seis horas en pillarte ―contó y Marcos se giró―tiempo suficiente para que le hagas una visita a Marina...

―¿Una visita a Marina?―preguntó confundido y Olivia se levantó.

―Sí, tendrás que...no sé...decirle cuatro cosas, ¿no? Meterle miedo...

―¿Para qué? No le veo mucho sentido...―Liv suspiró y le colocó una mano sobre el hombro.

―¿No quieres hacer una pequeña venganza a la mentirosa que te arruinó la vida?

―Arruinar...lo que se dice arruinar, no creo―Liv desvió la mirada al suelo y suspiró, volvió a levantar la mirada y miró a Marcos directamente a los ojos.

―Quieras aceptarlo o no...tu vida ya está arruinada, no te aceptarán en ninguna universidad, no conseguirás trabajo, nadie querrá ir a un concierto tuyo...tu reputación está destruida por el resto de tu vida. Por culpa de esa zorra mentirosa...¿y me dices que le vas a dar las gracias? ¿le regalarás un coche?

―No...

―¡Pues claro que no! Tendrás que darle su merecido, quien las da las toma, ¿no?―preguntó paseándose por la celda, Marcos asintió―no sé si el karma existe o no...pero uno se tiene que asegurar de que los que merecen castigo lo reciban...incluso en papel de regalo―Marcos asintió a las reflexiones de su compañera de cuarto y se tumbó en la cama pensando en lo que debería hacer.

―¿Cuánto tiempo llevas?―preguntó Marcos unos minutos después.

―Dos años...―confesó Liv que golpeaba con una pelota de tenis la puerta―y todavía me quedan seis... más un par en la cárcel por lo del aumento al escaparme.

―¿Y...te merece la pena escaparte?―preguntó sentándose a su lado, Liv cogió la pelota y se giró.

―Merece la pena poder jugar un rato con tus amigos en el parque, merece la pena comer un helado natural, merece la pena poder ver a la gente sonreír...todo eso merece la pena. Porque aquí verás niños llorar en las visitas, niños pegando a otros, gritos...aquí nunca podrás encontrar a nadie que pueda regalarte una sonrisa sincera de oreja a oreja ―contó con una sonrisa triste mientras lágrimas resbalaban por su rostro―yo...no me escapo para hacer gamberradas como otros...a mí me gusta ver a la gente feliz.

―¡Qué profundo!―exclamó Marcos y Olivia rio.

―Soy una persona muy profunda...

―Te acompañaré―afirmó Marcos, Olivia abrió los ojos sorprendida.

―Vaya...me alegro.

―Yo también quiero ver a la gente sonreír, quiero ver que sí que hay personas felices en este mundo―Liv rio.

―Espero que no cambies, Marquitos... espero que no cambies...

―¿Por qué iría a cambiar?―Olivia suspiró y subió a su cama.

―Las malas influencias...

―Teníendote a ti...―Olivia bajó de un salto la cama y sonrió de lado mirando entre las rejas de la ventana los policías que entraban en el cambio de turno.

―No soy una buena influencia para alguien como tú, no lo soy. Por eso te pido que...que no...―se aclaró la garganta―que no te dejes llevar por las malas influencias de nadie... tampoco las mías.

―¿Y la venganza?―Liv rio y se giró.

―La venganza no es mala, es poner a las personas en su sitio.

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