Hay algo hermoso en abrir un libro y encontrar lo que vinimos a buscar. Una historia de amor, un encuentro que parecía imposible, alguien que se atreve a decir esas palabras que nosotros alguna vez callamos. Quienes leemos conocemos ese placer: por unas horas, la vida de otros nos importa tanto como la nuestra.
Pero también puede ocurrir otra cosa. Podemos abrir un libro sin saber qué buscamos y encontrar algo que nos estaba esperando.
Con esa esperanza quisiera invitarte a leer Los invitados invisibles.
Este libro recibió el Premio Adolfo Bioy Casares. Lo menciono con alegría, aunque sé que ningún premio puede hacer lo que hacen unas pocas páginas cuando nos dan ganas de seguir leyendo. Ese encuentro sucede a solas, entre una historia y quien se acerca a ella.
Tal vez estas páginas te propongan una experiencia distinta de las que solés elegir. Para entrar no hace falta haber leído a determinados autores, conocer palabras difíciles ni descubrir un significado oculto en cada frase. Alcanza con la curiosidad, con dejar que la historia encuentre su lugar y su ritmo.
Tenés, además, toda la libertad de quien lee: detenerte, volver atrás, desconfiar, sacar tus propias conclusiones. Una vez abierto el libro, tu mirada también forma parte de lo que sucede.
Me gustaría que le dieras esa oportunidad. Que leyeras las primeras páginas y vieras qué pasa.
A veces descubrimos lo que nos gusta porque un día nos animamos a elegir algo distinto.